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El arte participativo según Yoko Ono, la archivillana que todos amamos odiar

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LA NACION
Domingo 28 de febrero de 2016
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El lecho del ríoinmaterial

"La interacción no verbal es la forma más elevada de comunicación", dijo alguna vez la serbia Marina Abramovic, que se pasó 716 horas sentada inmóvil en una silla de madera frente a los espectadores, sin hablar ni pestañear casi, "dando amor incondicional a completos extraños". En dos galerías de arte ubicadas a un par de cuadras de distancia, Yoko Ono también propone ejercicios artísticos de concientización mental y corporal: en una, las piedras se desparraman por el piso a la espera de la catarsis; en otra, una mesa servida con copas rotas invita al visitante a repararlas y para eso puede valerse de una munición escolar de plasticola, hilo, tijeritas y cinta adhesiva (en las instrucciones, ella explica: Así como usted arregla la copa, el remiendo que se necesita en otros lugares del universo también se hace así; sea conciente de lo que arregla). Por la galería circulan ondas de amor y paz. Un clima general de trascendencia cósmica invade a los participantes más convencidos, que apenas se permiten el susurro y acarician sus piedras (abrazo, amor) con anhelo de sanación.

Antes de ser mundialmente famosa como la mujer que separó a los Beatles, la japonesa ya gozaba de cierta reputación en el arte conceptual: en 1966, John Lennon la conoció cuando visitó una galería en Londres donde ella proponía al público que martillara un clavo en una madera para así producir la obra (en junio, Yoko Ono vendrá a Buenos Aires para inaugurar Dream Come True, una gran retrospectiva en el Malba). Pero si llegó a organizar un concierto silencioso donde el público debía imaginar la música y hace más de medio siglo que realiza performances dando instrucciones de terapia espiritual, ¿dónde termina el arte y empieza el cualquierismo? Para Ken Johnson, crítico del diario The New York Times, "visitar su exhibición es como ir a un campamento de verano new age manejado por una jefa mandona que trata a todos como niños".

¿Qué debería sentir? Sobre un almohadoncito negro apoyado en el piso, hago mis mejores intentos por transferir mis amagues de ira o ansiedad a la piedra, pero no pasa nada. La cabeza se desvía: me esfuerzo en dispersar las distracciones y aprovechar lo transformador de la experiencia, pero no puedo evitar pensar que afuera hace frío y que quiero ir a tomar un espresso al café de la calle 15, acá cerca. Y aunque me siento un fracasado o un farsante, desconectado de la mística universal, entreabro un ojo, espío a mi ocasional compañero de ritual, un señor mayor que mira su celular a escondidas de su esposa, y pienso: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Cinco obras icónicas de Yoko Ono

Grapefruit

Publicado en los 60, su primer libro combina "instrucciones para el arte y la vida", con palabras, dibujos y una introducción escrita por John Lennon.

Rape

Dirigido por Ono y Lennon, un film perturbador realizado desde el punto de vista del camarógrafo que persigue a una mujer por las calles anónimas de una gran ciudad

Cut Piece

La instalación que sacudió las estanterías del muy sobrio Carnegie Hall de Nueva York: el público era invitado a cortar en tiras la ropa de Ono hasta dejarla desnuda.

Walking on Thin Ice

Su canción más conocida, grabada el 8 de diciembre de 1980: el mismo día del asesinato de Lennon, que toca la guitarra en una despedida amarga y genial.

Acorn

Su último libro: un compilado de haikus con nuevas instrucciones para la vida, como fuma todo lo que puedas / incluyendo tu vello púbico.

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