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Clases de cívica que generan perplejidad

En Munich, migrantes asisten a cursos en los que les enseñan los valores básicos

Viernes 26 de febrero de 2016
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MUNICH (AFP).- "¿Quién conoce a personas de confesión judía? ¿Se puede pegar a los chicos? ¿Permitiría que su hermana o hija se casara con quien quisiera?" Alemania intenta inculcar sus valores a los migrantes, pero algunos quedan perplejos.

El ministro de Justicia bávaro, Winfried Bausback, multiplica las preguntas frente a unos 60 solicitantes de asilo que asisten voluntariamente a un curso de educación cívica en la Bayernkaserne, un centro de acogida de Munich.

En el pequeño gimnasio convertido en aula, una intérprete traduce del alemán al inglés. Pocos contestan. "¿Puede repetir la pregunta?", dice uno de ellos en un inglés titubeante.Otros tienen la mirada perdida, como si no siguieran la conversación.

El gobierno de Baviera, puerta de entrada de migrantes en Alemania, instauró cursos de educación cívica, impartidos normalmente por magistrados. En lo que va de año ya hubo 12. "Enseñamos las reglas del vivir juntos, de la democracia, de igualdad entre hombres y mujeres", describe Reinhard Nemetz, presidente de un tribunal de Munich. "Pero les recordamos que no tienen sólo deberes, sino también derechos: la libertad de religión y de pensamiento, por ejemplo."

Sentado en primera fila, Zedan Mohamad vino para matar el aburrimiento. Aparte de las dos horas diarias de clase de alemán, no tiene nada que hacer. Este refugiado sirio de 18 años se ha quedado atónito ante las preguntas del ministro.

"¡Todo el mundo conoce las reglas! Sé muy bien que no debo robar ni ser violento; era igual en Siria", protesta. "Pero aquí nos hablan como si fuera algo nuevo para nosotros. Y esta forma de decírnoslo..."

A su lado, Johnny Basola, un congoleño de 28 años, se siente menospreciado con relación a los refugiados considerados prioritarios.

"Al comienzo preguntaron: «¿De dónde viene? ¿De Siria, de Eritrea, de Irak, de Afganistán?». Ni siquiera se preocuparon por la presencia de otras nacionalidades. Nos enseñan reglas, pero también nos demuestran desde el principio que no serán las mismas para todo el mundo", critica.

Sahid Salle Koroma, de 25 años, un migrante de Sierra Leona, se interesa por la segunda parte del curso, en la que una magistrada describe las bases del derecho alemán. "Aprendemos lo que se puede hacer y lo que no, las penas aplicadas a tal o cual delito. Me parece útil", dice.

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