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Un diseño forestal contra los incendios

Los rodales de quince hectáreas son divididos por calles de 30 metros

Sábado 27 de febrero de 2016
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Claramente, el fuego, que destruye en horas el trabajo de años, es el depredador por excelencia de los bosques. Si bien varían en función de los terrenos, las forestaciones de CTSA se realizan en rodales que tienden a tener unas 15 hectáreas, divididas por calles de 500 metros de largo por 30 de ancho, para cortarle el combustible a los cada vez más frecuentes incendios de la zona cordillerana patagónica, que a esta altura todos sospechan intencionales.

Así, las tres podas previstas en el manejo forestal, que se realizan a los 12, 15 y 18 años de edad de los árboles, tienen no solo la finalidad de liberar los troncos de las primeras ramas que luego formarían nudos que reducirían el valor de la madera, sino también la de evitar que un eventual fuego trepe los árboles.

Con este objetivo también, la empresa incorporó seis tanques australianos de 35.000 litros, que se alimentan con agua de camiones, por si es preciso extinguir fuegos, y de paso les sirven para beber a las majadas bajo los pinos. La empresa tiene también 3 camionetas equipadas con kits de ataque rápido de incendios, y 3 tanques de 1.500 litros de agua para remolcar con tractor, entre otra maquinaria preventiva.

En cuanto a los raleos, que quitan árboles que no prosperan como se espera y así liberan recursos para los otros, se realizan dos: uno a los doce años, que deja 500 árboles por hectáreas, y otro, ya comercial, a los 30 a 35 años, que vuelve a achicar la densidad a 350 árboles por hectárea. Estos serán los que serán comercializados finalmente a los 40-50 años. Aunque falta mucho, CTSA ya estudia maneras de agregarle valor a esa madera en su momento.

En tanto, con el producto de la poda y el raleo, se hace leña, que en parte se dona a las estancias, y mucho se tritura (chipea) y se esparce en los mismos bosques, para que alimente el suelo con materia orgánica.

Menos y mejores pinos

Las mejoras genéticas permitieron aumentar la supervivencia de los plantines, y así hubo menos necesidad de cargar tanto cada hectárea. Empezaron a plantarlos en filas separadas por calles de 4 metros, y en vez arrancar con 1.111 plantines por hectárea, como hasta entonces, pasaron a poner 825. Al entrar luz y las plantaciones no ser tan cerradas se mantiene la materia orgánica.

"En todos los países la forestación es subsidiada, porque es una inversión a muchos años y tiene un enorme efecto multiplicador en la economía zonal, que hace que en un año prácticamente el dinero haya retornado al Estado en cargas sociales, IVA, y divisas.", dice Perazzo.

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