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Un joven fue acusado de cometer cinco homidicios en menos de un año

Javier Pino, de 26 años, está sospechado por crímenes ocurridos en Buenos Aires, Rosario y Salta; creen que el móvil es robo

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PARA LA NACION
Viernes 26 de febrero de 2016 • 18:34
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Este hombre de 26 años carga sobre sus espaldas con cinco crímenes. Los fiscales Justo Joaquín Rovira y Santiago Vismara le habrían adjudicado los asesinatos de un supermercadista chino Ni Qi Fu y de Claudia Marcela Sosa. Ya tenía en su haber los homicidios de los hermanos en Rosario, Javier y Agustina Ponisio y la muerte del playero salteño, Ariel Ríos.

La identificación de Pino se desprende del análisis de las vainas encontradas en las escenas del crimen y el entrecruzamiento de datos del Sistema Nacional Automatizado de Identificación Balística (SAIB), que permitió establecer que los proyectiles utilizados en todos los hechos habían sido disparados por la misma arma de fuego.

Lo llamativo es que este asesino tenía tres armas registradas en el Renar y a pesar de tener pedido de captura nacional e internacional desde julio pasado se movía por distintas provincias en su propio auto hasta ser atrapado en Santiago del Estero.

Los crímenes

El asesinato de Ariel Ríos, de 28 años, conmocionó al paraje El Galpón, cerca de Metán. Generó indignación la forma en que el empleado de la estación de servicio Refinor fue asesinado. A las 3 de la madrugada un cliente se cansó de esperar y entró a la oficina de la estación de servicio Refinor. Ríos estaba sentado y tapado con una manta. Esa noche del 13 de junio había soplado viento sur y hacía frío en la zona de El Galpón.

Primero lo llamó por su nombre, porque conocía al empleado. Y después le gritó. Pero seguía inmóvil. El joven de 28 años no estaba dormido. Lo habían matado de un disparo en la cabeza. Ninguno de los camioneros que pasaban la noche en la playa de la estación de servicio escucharon nada.

Los policías de investigaciones salteños se preguntaban porqué habían asesinado a Ríos de esa manera, mientras dormía. En la oficina no había desorden, ni muestras de que se hubiera resistido. El asesino se había llevado 70.000 pesos tras abrir la caja fuerte con la llave. Y dejó una suma mucho mayor que estaba guardada en otro lugar de la oficina. Las cámaras de seguridad registraron el rostro de Pino y el auto en el que se movía, que era el mismo: un Fiat Siena gris.

En setiembre Pino viajó a Rosario para hacer un curso de mecánico armero. No sólo su devoción por las armas lo llevó a esa ciudad, sino para encontrarse con Agustina Ponisio, una joven de 26 años, con quien mantenía contacto a través de Facebook. Ella y su hermano se transformaron en sus víctimas. El móvil del crimen fue aclarado luego por el fiscal Florentino Malaponte, quien llevó adelante la investigación. En el allanamiento que se llevó adelante en Santiago del Estero en el domicilio donde fue detenido Pino se encontraron joyas y computadoras que la familia Ponisio reconoció.

Según la reconstrucción que hizo el fiscal, el viernes de la semana pasada, Pino entró sin hacer un solo ruido a la casa. Agustina, que estaba vestida con el uniforme del Sanatorio de Niños, tomaba mates en la cocina antes de salir para su trabajo. Pino le disparó con una pistola calibre 9 milímetros con silenciador a la cabeza, cerca de la oreja derecha. El mate que la joven tenía en la mano cayó y manchó su camisa. Agustina murió en ese instante, sentada en la cocina.

Luego, el asesino se dirigió hasta la planta alta, donde dormía Javier Ponisio, hermano de Agustina. Los investigadores sospechan que el joven se despertó cuando el sicario entró a su habitación y trató de correr. Quedó tirado en el descanso de la escalera con seis balazos. Javier Pino subió a su auto, un Fiat Siena color gris verdoso y huyó a Santiago del Estero.

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