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Aldo Abram: "El problema en la Argentina no es económico, sino cívico y político"

El director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso destacó la histórica inmadurez ciudadana; optimismo económico para los próximos meses

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LA NACION
Martes 01 de marzo de 2016
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No es la economía, dice Aldo Abram, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, la responsable de los males argentinos. "El problema en la Argentina es cívico", señala el economista, en una entrevista con la nacion, en donde remarcó que la herencia dejada por la anterior administración fue realmente pesada y que, a pesar de la difícil transición, las metas fijadas por el actual gobierno de Mauricio Macri son alcanzables.

-¿La Argentina es un país divertido para los economistas?

Sí, a tal punto que uno nota que un taxista sabe más que muchos premios Nobel, y no es casualidad, porque en la Argentina si no entendés algo de economía no sobrevivís.

Foto: LA NACION

-Pero saber de economía no nos garantizó resolver problemas estructurales...

¡Es que los que saben de economía son los taxistas, no los economistas! (risas)

-¿Tenemos un mal económico, estamos condenados a repetir errores?

En la Argentina el problema no es económico, sino cívico y político. Somos un pueblo que demostró una enorme inmadurez en su historia, y fuimos consecuentemente paternalistas, con una cultura caudillista de fondo. Cuando fuimos un gran país fue gracias a una aristocracia que se educó en el exterior y trajo las ideas de democracia republicana y libertad económica, que pusieron en marcha cuando fueron gobierno.

-Muchos de los que integran el actual gobierno se educaron en el exterior también...

-Sí, la generación que pasó por la facultad en los 80. Sería ideal si logra lo mismo que los de la otra generación, pero sumando el aprendizaje, porque hasta aquella elite tenía cierto paternalismo caudillista, que persistió hasta llevarnos al fascismo italiano y al populismo militar y civil. Todo con una gran inmadurez cívica de querer todo de "papá Estado". La Argentina puede madurar; ya lo demostró cuando aprendió que es mejor cambiar de gobierno por el voto y no como antes, como un chico que rompe un juguete que no le gusta más. Mientras no nos asumamos como ciudadanos verdaderos ni maduremos, los caudillos mantendrán su vigencia, como hasta hoy, cuando parece que se quiere un cambio de época.

-¿Lo ves a Macri como caudillo?

-En definitiva asumió como tal, porque Pro no existe, es un partido de distrito. Macri llegó por su figura, como llegó otra figura del peronismo con la que compitió, Massa, que es otro caudillo. Priman las personas, no los partidos ni las ideas. La gente tiene que aprender que los problemas no son porque el capitán es malo, sino porque el barco hace agua por todos lados. El siguiente paso que tenemos que dar es ir hacia una democracia republicana. En las últimas elecciones votamos para no ver el final de la película populista, que es lo que está viendo Venezuela ahora.

-¿Qué es lo que más te preocupa en materia económica?

-La primera ficha ya se movió, y era salir del cepo. Se estaba asfixiando al sector que produce riqueza de bienes para transferir riqueza y subsidiar servicios y consumo, y vivir así una sensación de felicidad artificial: nos estábamos comiendo un tremendo guiso con la gallina de los huevos de oro, y eso no resiste el menor análisis. Era como tener una empresa y decidir sacar toda la plata, dejar de invertir y darle toda la plata a los empleados hasta quebrar: después quedan todos en la calle. Por suerte el país no quebró, cambiamos de gobierno y la gallina está ahí y se la puede reanimar. Tenemos una oportunidad. Pero esto implica costos porque se acabó la fiesta consumista y los excesos no sustentables. Lo vamos a notar en términos de poder adquisitivo. Hay que pagar la fiesta y recién vamos a poder recuperarnos en el segundo semestre, con una reactivación fuerte de la economía y crecimiento sustentable en los próximos años.

-¿Estamos en recesión hoy?

-Creo que sí, en este primer semestre, porque ya al final del año pasado todo el aparato productivo estaba en caída. Si no es recesión es estancamiento. No obstante, la salida del cepo fue mucho mejor de lo que todos planteamos, incluso mejor de los que, como yo, defendíamos la idea de salir (del cepo) de un día para el otro. Y encontramos que incluso el dólar bajó: la gente tenía mucha confianza en el nuevo gobierno y en el Banco Central, que demandaba pesos. No se vieron colas en las casas de cambio y la gente no salió a comprar dólares. Parte de la baja del dólar tuvo que ver con un Banco Central que subió las tasas de interés e incentivó a tal punto que hasta los inversores quisieron quedarse en pesos, no sólo la gente.

-¿Cómo ves la situación de las pymes, sobre todo en este momento?

-Los productores de bienes y de las economías regionales se van a recuperar primero, lentamente; en cambio, veo más complicados a los de servicios privados.

-¿Y el frente externo? ¿Están lidiando bien con la resolución de los holdouts?

-Totalmente, están haciendo un juego muy fino y hábil para lograr el acuerdo. Fue muy importante haberse metido en el bolsillo al mediador (Daniel Pollack) y al juez (Thomas Griesa).

-¿Qué podemos esperar en materia de inversiones para el día después? ¿Inversiones especulativas o inversiones productivas?

-De las dos; es algo que va a pasar seguro. Muchas empresas vinieron el año pasado para ver si podían poner un primer pie y esperaban dos cosas: la salida del cepo y un clima de confianza. En el primer caso, estábamos ante una quita fenomenal de un tercio por cada dólar exportado, lo mismo que para cada dólar pedido prestado para invertir en la Argentina. Un verdadero absurdo porque, cuando en el mundo se peleaban por captar los dólares, acá les cobramos impuestos. ¡Éramos tan gloriosos que tenían que pagar para venir, y si venían tenían que dejar la plata porque no podían girar ganancias! Por suerte, todo esto terminó, y el arreglo con lo holdouts es el paso que falta para dejar de ser poco confiables, luego de incumplir un fallo porque el juicio salió en contra.

-¿Y cómo evaluás la manera en que se están encarando los desajustes macroeconómicos?

-Creo en la política de shock en lo cambiario y gradualista en lo fiscal porque si se sostenían los niveles de gasto que heredamos íbamos a terminar en el caos. Eran los mismos niveles de gasto que tenía [Raúl] Alfonsín y que, por querer sostenerlos, terminamos con tres hiperinflaciones y un Banco Central quebrado. Acá habría pasado lo mismo.

-¿Alcanza el tiempo para hacer cambios estructurales?

-Algunos cambios importantes los vamos a ver, como en la inflación y en la energía. Las metas que se fijó el Gobierno son alcanzables.

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