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Del quiosco al sillón: la saga de un mandatario por accidente

Infantino se enamoró del fútbol leyendo los diarios en el puesto de su madre en un pequeño pueblo suizo; fue la sanción a su mentor, Michel Platini, la que lo proyectó impensadamente a la campaña, hace apenas cinco meses

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LA NACION
Sábado 27 de febrero de 2016
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ZURICH.- Para ser el hombre que enviará al arcón de los recuerdos la "era Blatter", Gianni Infantino, nuevo presidente de la FIFA, tiene, a sus 45 años, una asombrosa serie de cosas en común con su antecesor, 35 años mayor.

Si Joseph Blatter nació en Visp, Infantino lo hizo en Brig, a 10 kilómetros de distancia y en el mismo cantón suizo de Wallis (Valais, en francés). Si Sepp apelaba a repartir dinero de fondos de desarrollo del fútbol para ganarse el favor de federaciones diminutas cuyo voto valía lo mismo que el de la Argentina o Alemania, Gianni fue más lejos y, ayer, prometió que a las arcas de las federaciones llegará más dinero que nunca. Una oferta difícil de resistir y una jugada que le salió redonda: minutos antes, el jeque Salman, a priori favorito, había dicho que no pondría en riesgo la salud financiera de la FIFA.

Infantino apeló al método Blatter, sí, pero hay algo importante en lo que se diferencia del ex presidente: admite haber sido un mal jugador de fútbol, un hombre "con dos pies izquierdos". Blatter vivió sus 40 años en la FIFA recordando sus hazañas de centrodelantero en las ligas regionales suizas. Eso sí, la primera medida de Infantino es tan congruente como llamativa: organizó para el lunes al mediodía un partido de fútbol en la sede de la FIFA para relacionarse con los que allí trabajan. No es mal plan, siempre y cuando el final del invierno no lo frustre: las canchas de la FIFA son un sueño enclavado entre las montañas y el lago de Zurich.

Foto: LA NACION

Organizar: una obsesión desde niño del nuevo jefe del fútbol mundial, que armaba partidos, creó clubes y siempre fue el motor en su grupo de amigos para llevar más lejos al equipo que integraban.

Aunque no todo se puede planificar. Infantino es, como recordó la agencia DPA, un presidente por accidente. De no haber caído su mentor, Michel Platini, jamás habría dado el paso de luchar por dirigir la FIFA. "Hace cinco meses ni se me pasaba por la cabeza", admitió ayer el suizo-italiano, que será limitado con la pelota en los pies, pero vuela muy lejos en otros ámbitos. Inglés, alemán, francés, español, italiano, portugués y árabe: ayer usó todos esos idiomas para dirigirse a los miembros de la FIFA, siempre con el acento correcto y un manejo fluido, siempre diciéndole a cada uno lo que quería escuchar. Ya no podrá hacerlo: la realidad de la presidencia será mucho más dura que la campaña electoral.

Infantino, que llama por teléfono a su madre, de 81 años, todos los días, esté en el lugar del mundo en que esté, les debe mucho a sus padres, emigrantes italianos en Suiza. Su padre era empleado ferroviario y su madre atendía un quiosco de diarios. "Leía La Gazzetta dello Sport todos los días hasta la última línea. Y era un niño cuando Italia ganó en 1982 el Mundial. Ahí me vi definitivamente infectado por el virus del fútbol", recordó más de una vez. Sin aquel quiosco, que sigue en Brig, la historia sería probablemente otra.

Abogado, Infantino no fue un estudiante brillante, pero sí una esponja en su vida profesional. Entró a la UEFA, que tiene sede en la localidad suiza de Nyon, en el año 2000, y fue creciendo paso a paso hasta convertirse, en 2009, en secretario general. Nunca dejó de hablar de fútbol. Se hizo hincha del Inter de Milán gracias a su padre, que fue el primero que lo llevó a un estadio. Su ídolo de niño era Alessandro Altobelli, autor del tercer gol de Italia en aquella final de 1982.

"Los hinchas de Inter somos muy sufridos, pero en 2010, con el triplete, nos desquitamos", dijo el suizo durante su visita a la Conmebol en enero de este año, cuando selló una alianza entre Europa y América del Sur, cuna de las grandes potencias futbolísticas.

¿Quién cree que es mejor -le preguntaron entonces-, Messi o Neymar? "¡Cristiano Ronaldo!", respondió con una sonrisa. "Soy europeo, tengo que defender a los nuestros", bromeó. Ya no. Ahora tiene poco más de tres años, hasta 2019, para demostrar que el desbordante entusiasmo que exhibió ayer -"van a estar orgullosos de la FIFA"- tiene sustento. Si le sale bien, entonces vendrá la reelección, a la que ya dejó en claro que aspira. A más tardar entonces, Diego Maradona reconocerá que la función de Gianni ya no es más la de "mover las bolitas".

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