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El sueño Conmebol: cinco equipos fijos en los Mundiales

Sábado 27 de febrero de 2016
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LA NACION
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ZURICH - ¿Le gusta a la Conmebol un Mundial con 40 participantes? Sí, le gusta. ¿Le gusta porque Gianni Infantino le promete 5,5 plazas al fútbol sudamericano? No, el suizo-italiano no llegó tan lejos, pero sí aseguró que la mitad de los países de la confederación jugarán el Mundial de 2026: cinco de diez. Nada mal, cree Alejandro Domínguez.

El paraguayo voló feliz de regreso a su país en la misma noche de ayer. Tenía razones para sonreir. Como flamante y muy joven presidente de la Conmebol era importante para él mostrar dominio de la situación. Apostó por Infantino, cuando otros dirigentes más veteranos querían subirse al carro del jeque Salman. También los uruguayos, enfervorizados con Infantino pero impulsores dos meses atrás de Jerome Champagne. Domínguez ganó, se impuso a las dudas de Brasil y a la tibieza de la Argentina. Mejor para él: menos peligro de que alguno de sus colegas lo discuta o busque desestabilizarlo en el inicio de una presidencia que busca que la Conmebol deje de ser un agujero negro que todo se lo traga.

"No tenemos miedo", decían en la noche del jueves en la Conmebol. Y pocos les creían. En el fútbol sudamericano, y también en el argentino, había miedo ante la elección de ayer en la FIFA. El futuro es, ahora, bastante menos incierto que de haber triunfado el jeque. Con él, Sudamérica podría haberse quedado con sólo cuatro plazas en el Mundial.

Aunque llegue apadrinado por Michel Platini, Infantino apela a métodos muy de Joseph Blatter. Más dinero y más presencia en los Mundiales. Blatter ya lo había hecho desde la secretaría general al pasar de 24 a 32 con Francia 98. Quizá por eso el semanario alemán Der Spiegel bautizó anoche a Infantino como "Blatter II".

Las cifras con que ganó Infantino (115 votos sobre 88 de Salman) dejan además varias conclusiones: la primera, que el poder de Blatter comenzó a menguar. El suizo estaba detrás de la candidatura del bahreiní y no quería saber nada con que un protegido de Platini y hasta ahora secretario general de la UEFA asumiera el control de la FIFA. Perdió.

También perdió el poder árabe. Que el fútbol fuese manejado por primera vez en la historia por un asiático era un paso más tras el potente desembarco árabe en grandes del fútbol europeo como el Barcelona, el Manchester City o el PSG, era una profundización del camino que marcó Qatar 2022 con su Mundial. Faltaba tomar el control de la FIFA. No sucedió, y eso no deja de ser una buena noticia para el ente rector del fútbol mundial si se tienen en cuenta las reformas aprobadas ayer: ¿cómo ser creíbles en la nueva -y aún asombrosa- meta de promover la participación de las mujeres y defender los derechos humanos si el presidente es miembro de la familia reinante en una autocracia del Golfo Pérsico?

@sebastianfest

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