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Vargas Llosa se desquita: un libro que ataca el amarillismo

En Cinco esquinas, el Nobel toma revancha del acoso mediático

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PARA LA NACION
Domingo 28 de febrero de 2016
Foto: LA NACION
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BARCELONA.- El próximo 28 de marzo cumplirá 80 años, pero no ha perdido un pelo ni la osadía para no mentar otras cosas.

En Madrid se preparan ya los fastos y homenajes para su aniversario, como el seminario "Mario Vargas Llosa: Cultura, Ideas y Libertad", en Casa América, a fines del próximo mes, al que asistirán su colega turco Orhan Pamuk y varios ex presidentes latinoamericanos, entre otros. Pero mientras tanto, el Nobel peruano ya tiene lista su revancha del largo asedio de la prensa del corazón y por el acoso de los papparazzi que, a causa de su vida sentimental, sufre desde hace meses.

Ese acoso lo llevó incluso a presentar una queja contra The New York Times porque habían hablado de su intimidad en la reseña de la edición inglesa de su libro La civilización del espectáculo.

¿Cómo decidió desquitarse? Con lo que mejor le sale: la literatura. Zapatero a tus zapatos. Ahí está entonces su nueva novela, Cinco esquinas, que saldrá a la venta en todo el mundo pasado mañana; la trama incluye, en partes iguales, una arremetida contra el periodismo sensacionalista y el pasado reciente de la política peruana.

La excesiva cobertura mediática de su relación con la ex mujer de Julio Iglesias y estrella de la farándula española Isabel Preysler al parecer ha acabado con la paciencia del escritor. Día sí y día también, la prensa rosa ha vivido de arañar titulares a la llamada pareja del año -entre los más recientes: desde cuánto pagan los enamorados la noche de hotel en Marbella (2000 euros) para celebrar los 65 años de Isabel hasta cómo se reparte don Mario los bienes con su ex mujer, Patricia Llosa, tras la separación después de 50 años de matrimonio, entre los que se cuentan propiedades en Madrid, París, Londres, Lima, Nueva York, etcétera-, sin contar con los titulares consentidos, como la reciente portada de ¡Hola! con entrevista en exclusiva de la pareja para el número especial de San Valentín.

Como sea, ahora Vargas Llosa devuelve el golpe en la ficción. Porque no parece una inocente casualidad que el gran tema de fondo de su nueva novela, Cinco esquinas (Alfaguara), que llega a las librerías del mundo hispanoparlante el martes 1° de marzo, sea el periodismo sensacionalista y la manipulación informativa, cuando no su utilización como arma política de difamación por parte de regímenes corruptos.

Ése es el gran tema de fondo y también el de superficie, aunque en su conjunto la novela, a la que tuvo acceso LA NACION antes de su publicación, venga envasada en una suerte de apasionado alegato a favor de la libertad de prensa o reivindicación de un oficio (de la mano de una pedagógica deontología implícita por parte del autor) que, bien ejercido, "puede convertirse de pronto en un instrumento de liberación, de defensa moral y cívica de una sociedad", dice el peruano en los avances promocionales de la obra. Y lo reconoce sin ambages: "Esas dos caras del periodismo son uno de los temas centrales de Cinco esquinas".

Ambientada en el Perú de los años 90, entre toques de queda, secuestros extorsivos y atentados de Sendero Luminoso, la novela se abre con una tórrida escena lésbica entre dos jóvenes bellas damas, Marisa y Chabela, de la alta sociedad limeña. Y más que una nota de picardía, esa pasión clandestina que correrá en paralelo a la trama central se convertirá, tras un agridulce happy end, en un elocuente guiño del autor a la hipocresía o doble moral de la clase dirigente de su país.

En todo caso, mientras las amantes se disfrutan, el marido de una de ellas, el rico empresario minero Enrique Cárdenas, recibe en su despacho a Rolando Garro, el inescrupuloso director del semanario amarillista Destapes. Aunque no lo hará en la primera cita, sino en la segunda, Garro viene a chantajear al poderoso con las fotos de una orgía en la que participó. Cárdenas recurre a su gran amigo, el intachable y conservador abogado Luciano Casabellas (el segundo marido engañado bajo el signo de Lesbos), pero no podrán evitar que las fotos finalmente salgan a la luz y estalle el escándalo.

Como si fuera poco, al día siguiente de la publicación el director del semanario aparece brutalmente asesinado en el marginal barrio limeño de Cinco Esquinas -de allí el título de la novela, en contraposición al distinguido barrio de Miraflores- y las sospechas recaen en Cárdenas.

Pero irrumpen dos pintorescos personajes de los bajos fondos: un ex cómico televisivo caído en desgracia que oficiará de cabeza de turco y la Retaquita, una reportera de baja extracción, fiel discípula de Garro, que se transformará en la verdadera heroína de la historia al asumir con integridad el oficio para hacer pública la verdad a cualquier precio.

Hasta ahí, una obra de matriz policial -en la línea de ¿Quién mató a Palomino Molero? o Lituma en los Andes- que podría considerarse una novela menor, pero la trama va un paso más allá en dirección política hacia la denuncia de crímenes, corruptelas y negociados del régimen de Fujimori, porque quien está detrás de las pesquisas de la Retaquita es el oscuro Doctor, amo y señor del Perú, verdadero poder en las sombras del régimen. Trasunto demasiado evidente de un personaje real que en la actualidad purga varias condenas y aguarda otras tantas sentencias: Vladimiro Montesinos, alias Rasputín, el funesto ex jefe de los Servicios Secretos de Alberto Fujimori.

Esto invita a pensar en un doble ajuste de cuentas del Nobel peruano como motivación implícita de su nueva novela. Porque Vargas Llosa mete el dedo en la llaga, y con toda malicia, en el nefasto panorama que dejó tras de sí aquel candidato de origen nipón que echó por tierra sus efímeros sueños presidenciales al derrotarlo en la segunda vuelta electoral de 1990.

Y aunque bucear en las intenciones o motivaciones de un autor de ficción puede resultar a veces una empresa arriesgada, éstos son los dos temas centrales que flotan en la superficie textual de Cinco esquinas.

Cinco esquinas Mario Vargas Llosa Alfaguara

Foto: LA NACION
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