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El fenómeno Simeone se fortalece con nuevos hitos

Con su tercera victoria seguida por liga española en el Bernabéu, el DT consolida el cambio de época en el derby de Madrid, al mando de un Atlético que no sufre complejo de inferioridad y que es la única amenaza para Barcelona

Domingo 28 de febrero de 2016
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MADRID.- El cuarto árbitro no podía atajarlo. Diego Simeone se metía al campo como si quisiera lanzarse a trabar esas últimas pelotas. Disparaba órdenes a los gritos mientras el Bernabéu era una postal de la desilusión, con miles de hinchas de Real Madrid que, sin esperar el final, huían silbando a su equipo de estrellas apagadas.

Ese fastidio colectivo en la tarde- noche madrileña retrataba mejor que cualquier jugada el legado de Simeone en Atlético: los perdedores de siempre ahora dominan a su vecino rico en el derby de la capital, lo doblegan psicológicamente, escriben una leyenda por capítulos.

"Tomamos con naturalidad ganar acá", dijo el director técnico argentino, ya con las pulsaciones en su sitio, cuando el 1-0 no tenía vuelta atrás. Por tercer año consecutivo se quedó con el clásico de liga en la casa de Real Madrid. Jamás había ocurrido.

Es un vuelco histórico. Atlético se pasó 14 años sin ganarle a su máximo rival antes de la llegada de Simeone. Ir al derby madrileño era como ver Titanic: uno podía entretenerse con el desarrollo, pero ya sabía cómo terminaba.

Se acabó. Simeone rompió el maleficio en 2013, en una definición de Copa del Rey en el Bernabéu. En cuatro años al mando del equipo se enfrentó 19 veces con Real Madrid: siete victorias, cinco empates y siete derrotas. Una de éstas -claro- es la espina que le dolerá siempre: la final europea de 2014 que se le escapó en el último segundo, con el cabezazo antológico de Sergio Ramos.

Pero en el camino lo sufrieron José Mourinho, Carlo Ancelotti, un poco el efímero Rafa Benítez (un duelo, empate) y ayer Zinedine Zidane, víctima impotente de una lección táctica en el primer desafío de alto vuelo que le tocaba como director técnico de primera división.

"Fuimos el Atlético de Madrid. No podría presentar mejor a mi equipo. Nosotros somos esto", sintetizó Simeone -de uniforme: saco, camisa y corbata negra- en la sala de prensa del Bernabéu.

"Esto" significa un equipo granítico, gremial, que prioriza el orden sobre la estética, virtud a la que apela apenas en ráfagas, como si pudiera gastarse.

El modelo es reconocible y perdurable. Con esas armas Simeone cosechó hace casi dos años la única liga del club desde que él mismo la ganó como jugador en 1996. Tiene una Copa del Rey (2013), una Supercopa de España (2015), una Liga Europa (2011

2012) y una Supercopa continental (2012). Superó ya el palmarés de su maestro, Luis Aragonés, a quien ahora acompaña en la cima de los máximos ídolos colchoneros.

Atlético le entregó las llaves del club. La última extensión de su contrato lo ata hasta 2020, aunque no dejan de circular rumores sobre su inminente partida a la Premier League, atraído por una supuesta oferta multimillonaria de Chelsea.

Él habla sólo del presente, toda una novedad en una institución que se había resignado a vivir de glorias pasadas. Se obsesiona con la regularidad. Con competir, sinónimo de dar la talla ante Barça y Real Madrid pese a las diferencias abismales de presupuesto.

Aprendió a manejar el ímpetu una vez que terminan los partidos. No se molesta en polemizar por el poco brillo del fútbol de su Atlético, la por momentos exasperante escasez de goles y las quejas de sus rivales por la rudeza de sus planteos.

Una solidez defensiva de escándalo disimula los altibajos. Este año sufrió apenas 11 goles en 26 partidos de liga española.

Su mantra es el "esfuerzo", el "compromiso", la "solidaridad" y otros términos afines que sintetizan el cholismo. Filosofía exitosa: hasta líderes políticos lo citan a diario como si fuera un gurú de autoayuda.

"Demostramos que el trabajo paga", celebró ayer. Desbordaba orgullo por el despliegue físico con que Atlético ahogó ayer a Real Madrid. Tenía algo de hazaña: venían de jugar el miércoles por la noche en Holanda un octavo de final de Liga de Campeones, regresaron a España el jueves y les pusieron nada menos que el clásico 48 horas después. Simeone ubicó en la cancha casi el mismo equipo (ocho de 11 jugadores).

Entre los titulares sorprendió la alineación de Augusto Fernández, 27 días luego de sufrir una lesión de ligamentos en la rodilla derecha, contra Barcelona. "El espíritu que contagia a los jugadores tiene efectos terapéuticos", bromeaba antes del partido el presidente de Atlético, Enrique Cerezo, sobre la increíble recuperación del volante argentino.

Y ahí sigue en la pelea. El Barça (hoy recibirá a Sevilla) de Lionel Messi parece inalcanzable, a 5 puntos y con un partido de menos, pero si alguien puede robarle el título es este Atlético. Y sigue vivo en Europa, a la espera de la revancha del octavo de final con PSV Eindhoven.

En definitiva, es eso lo que él vende: transformar lo extraordinario en costumbre.

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