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Sillón vacío: los líderes regionales, sin sucesores

Los presidentes del socialismo del siglo XXI construyen poder, pero no generan herederos

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LA NACION
Domingo 28 de febrero de 2016
Ilustración Ippoliti
Ilustración Ippoliti. Foto: Ippoliti
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"Los que dijeron sí, siga Evo. Los que dijeron no, no te vayas Evo. A esa conclusión llegué." Así bromeó el presidente boliviano sobre el referéndum que le cerró el camino a un cuarto gobierno, el domingo pasado, en una de las definiciones con que insinuó que no había perdido del todo, que continúa la lucha contra el capitalismo, el imperialismo y demás demonios conspirativos.

Lo que no dijo Evo Morales es si encarará la construcción de un nuevo liderazgo. Si apoyará una figura de recambio que le siga los pasos. Una persona a quien transferir el fervor popular, que sostenga su proyecto después de que los bolivianos manifestaron con el voto que su presidente deberá regresar al llano.

Pero no es el único. Duchos a la hora de construir poder, los presidentes del llamado socialismo del siglo XXI e ideologías afines no han dedicado un segundo a pensar en un sucesor.

Evo Morales, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua llevan varios mandatos al hilo y no se aventuran sucesores en las filas oficialistas. Aunque se distanciaron de las recetas económicas que hundieron a la economía venezolana, la política aún es la de concentrar y conservar el poder, con el ojo en el retrovisor por si alguien se acerca. Más que sucesión, reelección.

Y Cristina Kirchner, como es sabido, debió apelar a un candidato ajeno a su gusto en las elecciones del año pasado, Daniel Scioli. Después de la sucesión sui generis con Néstor y de la cómoda reelección de 2011, no emergió en el seno del gobierno una figura que le sumara votos al oficialismo. Tampoco se la buscó.

Como siempre, quien marcó el camino fue Hugo Chávez, el impulsor de la onda populista que tanto ruido hizo en América latina. No quería saber nada de sucesiones, y por eso incorporó en la Constitución la reelección indefinida. Sólo buscó reemplazo en el último suspiro, en diciembre de 2012, cuando designó a su entonces canciller, Nicolás Maduro, horas antes de viajar a La Habana, donde se sometería a una operación de cáncer con pocas chances de éxito.

"En Venezuela hubo un sucesor, pero no cumplió con la tarea que le dejó Chávez. Algunos dicen que Chávez se equivocó al nombrar a Maduro y llegan a plantear que la crisis total que vive Venezuela no se habría dado si Chávez no hubiera fallecido. Un craso error. En este caso se juntaron dos cosas. Chávez dejó maltrecha la revolución bolivariana y Maduro no pudo enderezarla", dijo a LA NACION el politólogo venezolano Carlos Romero.

Más allá del desempeño de Maduro en el gobierno, que bajo cualquier criterio fue malo, el caso es que Chávez no tenía el menor interés en ceder el poder ni a propios ni a extraños. Distinto fue el caso de Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil, por ejemplo, que sí se ocupó de buscar quien lo sucediera como candidato dentro de su partido cuando se cumplieran los dos mandatos que le permitía la Constitución. Y lo hizo en tiempo y forma, con Dilma Rousseff.

"Los gobiernos de izquierda han querido perpetuarse en el poder en vez de potenciar generaciones de recambio. De hecho, uno de los problemas históricos de América latina es que no se produce un recambio fácil en los líderes. En Chile, los ex presidentes Sebastián Piñera y Ricardo Lagos serán candidatos en 2017. En Perú, Keiko Fujimori, la hija del ex presidente Alberto Fujimori, tiene amplias chances de ganar", señaló el politólogo chileno Patricio Navia.

La falta de sucesión, dijo Navia, es un problema que acosa a todo tipo de liderazgos en América latina, desde las presidencias nacionales hasta los carteles de la droga y otros grupos criminales, donde la sucesión a menudo se resuelve por el siempre efectivo expediente de la violencia.

"La pregunta es por qué los líderes no privilegian figuras de recambio para que puedan seguir adelante con sus hojas de ruta -agregó-. Tal vez tenga que ver con el poder excesivo que tienen los presidentes. Mientras más concentrado está el poder en el rey, más difícil es que haya príncipes que adquieran experiencia y capacidad para poder reemplazarlo. Tal vez por eso los reyes no quieren ceder poder, para que no surjan líderes que los amenacen".

El tema se vuelve particularmente delicado con los caudillos mesiánicos del siglo XXI, que se sienten llamados a combatir de manera perpetua e ininterrumpida a "la derecha", el nombre genérico que se les asigna a los partidos rivales, cualquiera sea su ideología o plataforma.

Reforma

Correa promovió el cambio de la Constitución ecuatoriana en 2008 para conseguir la reelección, y una nueva reforma incorporó la reelección indefinida a fines del año pasado. Sólo que el propio Correa quedará sin chances de postularse, toda una novedad en la materia. Según una cláusula transitoria, la nueva norma no surtirá efecto en las elecciones de 2017. Más sorprendente todavía, fue el mismo Correa quien, después de dar señales ambiguas al respecto, y con los niveles de popularidad más bajos desde 2007, pidió ser excluido de la reelección.

"Mi plan es, al menos en lo inmediato, retirarme por lo menos un tiempo, y un buen tiempo, de la vida política (...) y venir a pasar unos años a Europa", dijo el presidente ecuatoriano durante una visita a París. Pero la oposición se muestra escéptica del retiro espiritual del mandatario, y advierte que, llegado el caso, una medida judicial podría volver a ponerlo en carrera.

Según sus críticos, la nueva Constitución no tiene nada de inocente. No sólo instaura el sistema de la reelección indefinida, en un abierto desafío a la alternancia democrática. La reforma también aumenta el poder del Estado en materias sensibles, como el rol de las fuerzas armadas y las comunicaciones.

"Algo se cuece, si no ¿por qué pone a los militares en la calle? ¿Por qué declara a la comunicación un servicio público?", reaccionó la ex diputada Martha Roldós.

En cuanto a Evo, el referéndum constitucional frustró el sueño de un cuarto mandato. Pero aun en la derrota aclaró expresamente que no perdió "una guerra", sino "una batalla".

"No creo que esté en los planes del gobierno la construcción de un sustituto del actual presidente. Tanto el presidente como sobre todo el vicepresidente y el grupo de decisión en el gobierno tienen una formación marxista-leninista que no alienta la alternancia. No hay formación de nuevos dirigentes, no hay estructuras de debate democrático que puedan permitir el surgimiento de figuras", dijo a LA NACION Víctor Hugo Cárdenas, vicepresidente de Bolivia entre 1993 y 1997.

Además de la ideología marxista que ostentan los allegados a Evo, entre ellos también asoma el materialismo. Pero no el materialismo dialéctico del que hablaba filosóficamente Marx. El materialismo a secas. "También está el interés corporativo -dijo Cárdenas-. Los cocaleros del Chapare de Cochabamba, los cooperativistas mineros, los transportistas y otros grupos de poder tienen alta influencia en la esfera del gobierno y les interesa la continuidad del presidente en ese cargo."

Ya lo dijo otro viejo dirigente boliviano, el ex presidente Carlos Mesa: "Presidente, lo que ha dicho el voto de los bolivianos es que no hay personas imprescindibles, sólo hay causas imprescindibles".

Macri y Parolin dialogaron sobre Venezuela

La situación de Venezuela fue uno de los temas regionales abordados en la reunión que el presidente Mauricio Macri, tuvo ayer con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, después de su audiencia con el Papa.

Antes de ser designado como segundo de Francisco, Parolin fue nuncio en Caracas, donde vivió cuatro años, entre 2009 y 2013. Parolin, que habla perfectamente español, no sólo conoce muy bien la situación de Venezuela, sino que vivió los últimos años en el poder de Hugo Chávez, que mantenía una relación muy conflictiva con la Iglesia católica.

En el marco de la reunión, en la que hubo muchas coincidencias, fuentes de la comitiva de Macri destacaron que Parolin elogió la posición clara del Gobierno en cuanto a Venezuela, muy distinta a la de la anterior administración. A la reunión asistieron también la canciller, Susana Malcorra; el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo, y el embajador argentino ante la Santa Sede, Rogelio Pfirter.

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