Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Un aperturista con la economía como deuda

SEGUIR
LA NACION
Domingo 28 de febrero de 2016
0

Valorado por sus logros diplomáticos y por la reinserción de Irán en el mundo, Rohani todavía tiene una deuda pendiente si quiere conquistar a los iraníes: encauzar la marcha de la economía.

Casi una década de sanciones internacionales por el programa nuclear dejaron un país estancado, y los iraníes desean más que nunca ver los cambios que prometió Rohani antes de ser presidente.

Durante su campaña electoral, en mayo de 2013, el entonces candidato apuntaló su discurso sobre dos pilares: la reinserción del país en el mundo y la mejora de las condiciones de vida. Se presentó como el representante "del gobierno de la prudencia y la esperanza".

En ese momento, en medio de una feroz crisis por la herencia del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad (2005-2013), la gente depositó su esperanza en este clérigo moderado y figura clave de la política local.

Rohani, de 67 años, no es ningún outsider. Su carrera política comenzó a mediados de la década del 60, cuando con sólo 17 años se convirtió en un activista en contra del sha Mohammed Reza Pahlevi, que gobernaba de forma dictatorial. El joven clérigo fue varias veces encarcelado antes de la revolución de 1979. Por recomendación de algunos clérigos, escapó del país y se refugió en Gran Bretaña, donde cursó un máster en Derecho Constitucional en la Universidad de Glasgow Caledonia.

Luego de la caída de la dinastía Pahlevi, Rohani volvió a Irán y ocupó diversos cargos. Fue vicepresidente del Parlamento y representante del líder supremo, Ali Khamenei, en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. También se convirtió en el primer jefe negociador nuclear en 2003, al año siguiente de que se descubriera el plan iraní. Fue en este período cuando recibió el apodo de "jeque diplomático".

Bajo su dirección en las conversaciones nucleares con Gran Bretaña, Francia y Alemania, Teherán aceptó una suspensión voluntaria del enriquecimiento de uranio que se prolongó hasta la llegada a la presidencia de Ahmadinejad, en 2005.

A diferencia de su predecesor, que negaba el Holocausto, Rohani siempre fue más moderado. Apoyó las manifestaciones que estallaron tras las elecciones de 2009 y criticó al gobierno por oponerse al derecho del pueblo a protestar pacíficamente. En el poder, se acercó a Estados Unidos y logró sellar un histórico pacto para levantar las sanciones de Occidente.

Le queda ahora cumplir su otra promesa de campaña: mejorar la situación económica. Si bien logró bajar la inflación, de 40 a 19%, el precio fue una recesión sin precedente y una caída del valor de la moneda (rial). El desempleo, que afecta al 10% de los iraníes, es su otra deuda.

El derrumbe del precio del petróleo complica la tarea del presidente, que necesita capitales para relanzar la economía. Pero más allá del contexto internacional, Rohani enfrentaba hasta ayer un enemigo interno: el Parlamento, dominado por los conservadores, que frenó varias de sus iniciativas. Ahora el panorama para los dos años que le quedan de gestión sería tras las elecciones de anteayer, en las que los conservadores perdieron terreno.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Las más leídas