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Medicina tradicional: cuando la farmacia está en el huerto

Antropólogas del Conicet y de la Universidad de Lodz, Polonia, mostraron que en el norte de Misiones las familias conservan sus plantas medicinales en los espacios peridomésticos, eje de un importante circuito que va del campo a la ciudad y viceversa

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LA NACION
Lunes 29 de febrero de 2016 • 17:18
Señoras intercambiando plantas de alfalfa
Señoras intercambiando plantas de alfalfa.
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Así como aquellos forzados al exilio se llevan fotos, libros y objetos personales que de alguna manera los unen al mundo que dejan atrás, cuando los pobladores del norte de Misiones se trasladan del campo a la ciudad se llevan consigo un repertorio de plantas medicinales.

"Las huertas familiares, aún en el contexto urbano, contribuyen al mantenimiento de las tradiciones, al intercambio de saberes y al fortalecimiento de vínculos sociales en las situaciones de cambios y migraciones, además de estimular la organización y el ordenamiento del espacio peridoméstico", afirman Norma Hilgert, que con Violeta Furlán y Maria Lelia Pochettino, etnobiólogas y antropólogas del Conicet, y Monika Kujawska, de la Universidad de Lodz, Polonia, acaban de publicar un trabajo en Pharmaceutical Biology en el que analizan el rol de los espacios que rodean las viviendas en Misiones.

"En este lugar en el que hay tantas culturas y la gente se mueve tanto, es como si conservaran una dosis homeopática de la chacra", explica Hilgert.

Oriunda de Santa Fe, doctorada en etnobiología en la Universidad Nacional de Salta y actualmente residente en Iguazú, donde trabaja en el

Instituto de Biología Subtropical (IBS), Hilgert dice que el trabajo partió del interés por saber cuál es el uso de los espacios verdes en las propiedades familiares de la ciudad.

"Taníamos algunas hipótesis, pero cuando empezamos con el relevamiento preliminar, Violeta llegó a la oficina diciendo «Nada de esto cierra»", recuerda Hilgert.

Furlán, que basó en esta investigación su tesis de doctorado, hizo un relevamiento de todos los barrios y, a través de unas 400 entrevistas (el 10% de los hogares, según el último censo de Iguazú), determinó que en los barrios donde las propiedades tienen 450 metros cuadrados o más es probable encontrar un espacio verde productivo.

A la luz del día

"Había muy poca información -cuenta Furlán-, de modo que hicimos un primer paneo y continuamos con algunas personas que eran las que más variedad de especies tenían. Una superficie de alrededor de 400 metros cuadrados sería lo que acá llamamos «chacra» y en Buenos Aires se conoce como «quinta»."

En general, los encargados de transformar ese espacio verde en una huerta son mujeres, jubilados o personas sin hijos.

Las tres especies relevadas por Furlán, Hilgert, Pochettino y Kujawska son la manzanilla, la menta y el aloe vera, que tienen una historia de uso desde la época de la conquista y para los pobladores de la región son muy importantes. También estudiaron la presencia de algunas otras, como la guayaba, utilizada para contrarrestrar la diarrea, y el kaa're, la misma que en el centro del país se conoce como paico y se usa como digestivo, incluso en niños. Esta última fue motivo de una gran discusión porque desde la medicina académica es considerada tóxica.

El tránsito de plantas medicinales en el ámbito estudiado va del campo a la ciudad y de la ciudad al campo. Un ejemplo es, precisamente, el aloe, que llegó desde África, primero a los ámbitos urbanos y después, a entornos rurales.

"Encontramos que cuando las familias se mudan se llevan parte de sus plantas curativas o vuelven al campo, y buscan entre sus familiares y amigos semillas o plantines -dice Furlán-. Los resultados de este trabajo pusieron en evidencia el invisible, pero enorme e importantísimo circuito de plantas medicinales existente entre el campo y la ciudad, que además de enriquecer los huertos, fortalece los vínculos locales y, en particular, la soberanía familiar."

De acuerdo con esta investigación, que continúa una línea de trabajo interdisciplinaria iniciada hace 10 años en la zona y que analiza diferentes aspectos de la diversidad biológica y cultural, teniendo en cuenta el estrecho vínculo entre la población local y el entorno que habita, "tanto en el campo como en las ciudades hay un repertorio compartido de plantas que la gente usa en curaciones caseras, y que están disponibles principalmente en las huertas y los patios cercanos a las casas".

Esos espacios verdes aportan plantas para infusiones, condimentos y algo de comida. Pero el "botiquín de la naturaleza" no sólo incluye vegetales tradicionales, sino también otras conocidas por la radio, la TV o traídas de Brasil o Paraguay que llegan a la ciudad, y de allí van al campo pasando por zonas periurbanas.

"Encontramos más de 500, de tres grupos culturales distintos -precisa Hilgert-, que pueden usar una misma planta para enfermedades distintas. Es como la comida: una familia puede usar el repollo para hacer chucrut y otra lo hace en ensalada."

Los remedios no sólo se plantan; a veces, crecen espontáneamente, especialmente en el norte de Misiones, una región muy próxima a un parque nacional.

"Entre estos pobladores, la medicina alopática está tan incorporada como la tradicional -destaca Hilgert-. Hay dolencias que se curan con plantas, otras que se curan con el curandero y otras en el hospital. Nosotros somos los que hacemos la división, para ellos no son opuestas. Es bien importante que los agentes sanitarios tengan clara esa visión y no censuren estos usos, sino que más bien los supervisen. El problema del uso de plantas medicinales aparece cuando hay erosión en el conocimiento, que es lo que ocurre cuando esas prácticas deben ocultarse. Es importante que su uso se pueda hacer a la luz del día, y que se pueda conversar y discutir con los médicos."

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