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Un avance, pero no una panacea

PARA LA NACION
Lunes 29 de febrero de 2016
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Tanto en la Argentina como en el mundo, aproximadamente un tercio de la energía se utiliza en el transporte, que es responsable de una cuarta parte de los gases que producen el efecto invernadero. El transporte es además el sector de consumo que tiene el crecimiento más rápido.

Sin embargo, no toda la energía de los combustibles llega a las ruedas. Gran parte de ella se pierde en fricción y calor. Un vehículo convencional aprovecha menos del 20% de esta energía. Si a esto agregamos que un vehículo convencional típico pesa unas 20 veces más que las personas que transporta, la eficiencia del transporte de pasajeros (carga útil) es inferior al 1%. Así, la mayoría de la energía que se usa en transporte se pierde en calor y en mover los bloques de hierro que constituyen los vehículos.

Surge entonces a las claras la necesidad de hacer que nuestro transporte sea más eficiente y amigable con el medio ambiente. Indudablemente, los vehículos eléctricos son un avance, pero no una panacea. Si bien ellos no producen emisiones de gases de efecto invernadero, las usinas que generan la electricidad sí lo hacen. A nivel mundial, más del 66% de la electricidad proviene de la quema de combustible fósiles.

Hay muchas barreras por superar para llegar a un parque significativo de vehículos eléctricos. Además de su costo, que es considerablemente superior al de los convencionales, se necesita un desarrollo de la infraestructura eléctrica para alimentar estos vehículos. Pensemos que en la Argentina en los días de mayor calor la infraestructura eléctrica no se sostiene para abastecer el consumo actual, mucho menos si se incrementa por la carga de baterías de automóviles. En el mundo desarrollado el parque automotor eléctrico no llega al 1% del total.

Hay muchas otras cosas que se pueden hacer para movernos hacia un transporte más sustentable, entre ellas: la promoción del transporte público, el uso de bicicletas, el carpooling y el trabajo en casa.

Una idea que se aplica en varios países es dar prioridad y ventajas a los que usan medios de transporte más sustentables. Por ejemplo: liberar de peaje al transporte público y a los autos particulares con más de dos pasajeros, preferencia de espacio de estacionamiento a los vehículos utilizados para carpooling, promoción de esta modalidad en la administración pública y las empresas, espacio en los estacionamientos gratis o muy económico para los que usan bicicletas, trabajo desde casa al menos un día por semana. Otra medida necesaria sería hacer obligatorio el etiquetado en eficiencia de vehículos nuevos.

Otro enfoque importante es el diseño urbanístico favorable a la movilidad sustentable; es decir, que favorezca el acceso a los servicios sin necesidad de estar motorizado, a diferencia del modelo de ciudades dormitorio, alejadas de los centros de servicios, que hacen necesarios grandes viajes para ir al trabajo, llegar a las escuelas o comprar alimentos.

Hay mucho camino para recorrer, pero las ideas ya van despuntando en nuestro horizonte.

El autor es director de la carrera de Ingeniería en Energía de la Universidad Nacional de San Martín

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