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Cada vez más preocupada por una victoria del magnate, Europa pasó de la risa al temor

La retórica de Donald Trump la rechazan desde los conservadores hasta la izquierda radical

Lunes 29 de febrero de 2016
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MADRID.- Empezó como un chiste. La aventura presidencial de Donald Trump fascinó a los medios y a la opinión pública europea desde un principio, con la liviandad de lo inverosímil: un personaje de reality show, multimillonario megalómano, bocón, xenófobo militante que se propone dirigir el país más poderoso del mundo.

En las últimas semanas las risas cedieron a la preocupación. ¿Y si realmente gana? La inquietud permea a la prensa, a los analistas de política exterior, a los gobiernos, atrapados como pocas veces antes por el desenlace de unas primarias en Estados Unidos.

"Que gane Trump sería un mal negocio para Europa. La idea central de su política exterior es que él va a conseguir mejor rédito de los aliados de Estados Unidos. En su visión, eso significa que países como Alemania o Francia van a tener que pagar por la protección americana o sencillamente no deberían tener protección alguna", opina Jeremy Shapiro, investigador del think tank Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

En Bruselas se siguen al minuto los pasos del candidato republicano. Sus constantes diatribas contra los europeos encienden alarmas sobre la futura colaboración atlántica en conflictos como la guerra en Ucrania y la crisis de los refugiados o el éxito del ambicioso tratado comercial que la Unión Europea (UE) negocia con la administración Obama desde hace dos años.

Lo que consigue Trump en Europa parece único: se unen para rechazarlo desde el gobierno de Angela Merkel a los indignados de Podemos; de los conservadores británicos más reacios a la inmigración a los socialistas franceses.

Su imagen negativa es abrumadora en los principales países del continente. Una encuesta de la consultora SSI entre residentes del Reino Unido, Francia, Alemania y Holanda reveló que el 71% de quienes habían oído hablar de él tenían una opinión desfavorable. Pero, como sea, no hay quien se resista a hablar de él.

"Trump sintetiza la América que nos encanta odiar. Es el negativo de la imagen que los europeos tenemos de nosotros mismos. Un hombre que se muestra brutal, que adora el dinero y desprecia la cultura", sostiene la politóloga Cécile Naves, autora de La nueva cara de la derecha americana.

El histriónico magnate se esmeró en alimentar el disgusto de los europeos. Insultó a Merkel por su política sobre los refugiados. Indignó a los españoles al presentar un video de la valla fronteriza de Melilla como si se tratara de México. Desató un revuelo de película en Inglaterra cuando describió a Londres como una tierra indómita, tomada por radicales.

Aquella salida de tono forzó en enero un debate parlamentario en Westminster para discutir si se lo declaraba persona non grata y se le prohibía la entrada al Reino Unido. Hubo discursos incendiarios, en los que lo llamaron "bufón", "idiota", "racista". Hasta el excéntrico alcalde de Londres, Boris Johnson, el conservador más identificado con las políticas antieuropeístas y restrictivas de la inmigración, se enfrentó al candidato republicano: "La única razón por la que no voy a ciertas partes de Nueva York es por el riesgo real de encontrarme con Donald Trump".

"La sensación que transmite es que le irritan más los aliados de Estados Unidos que sus enemigos", añade Shapiro. La prueba notable es su inusual ping pong de halagos con el presidente ruso Vladimir Putin, bestia negra de las potencias europeas.

En un principio el ascenso de Trump se comparaba con personalidades desaforadas que ya tocaron poder a este lado del Atlántico. Silvio Berlusconi es el símil recurrente.

A medida que aventaja a sus rivales republicanos el debate dio un giro. ¿Agitará un triunfo de Trump el populismo xenófobo que acecha a países como Francia, Alemania, Holanda, Suecia, incluso Gran Bretaña, donde en cuatro meses se decidirá si rompe con la UE?

"Cualquiera, mínimamente intelectual, puede considerarlos (a Trump, Berlusconi o la francesa Marine Le Pen) unos bufones ricos -escribió el filósofo británico Julian Baggini-. Pero eso es no entender su carácter. Los paralelismos entre Estados Unidos y Europa en cuanto al populismo resultan tan llamativos que debemos tomarnos en serio la idea de que está ocurriendo algo muy importante en las democracias a ambos lados del Atlántico."

A este fenómeno posible lo bautizó el pensador esloveno Slavoj Zizek "la nueva era del apartheid": el riesgo de un club de países desarrollados que tratan de blindarse a sí mismos de los pobres devastados por la guerra y la pobreza.

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