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Los vaivenes de Angelici con los ídolos y el efecto Bombonera

Cómo fueron las fluctuantes decisiones del presidente de Boca a la hora de resolver contratos con los jugadores y los entrenadores

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LA NACION
Martes 01 de marzo de 2016
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La Bombonera habló". Con esas tres palabras, el presidente de Boca, Daniel Angelici, justificaba el 10 de diciembre de 2012 la no renovación de Julio César Falcioni como entrenador de Boca, apenas unos días después de anunciar que la continuidad del vínculo era un hecho, con fotos y sonrisas tras una reunión entre ambos en Puerto Madero. Sólo faltaba la firma. Pero claro, el sábado 8 hubo más que un partido en el estadio del club de la Ribera. Boca le ganó a Godoy Cruz 2-1, pero Julio César Falcioni perdió. De manera unánime, los fanáticos habían exigido la salida del DT (campeón invicto del Apertura 2011 y finalista de la Libertadores 2012) y el regreso de dos emblemas: Carlos Bianchi, el entrenador más ganador de la historia de la institución, y Juan Román Riquelme, el último gran ídolo del club.

"Hemos decidido de manera conjunta la no renovación del contrato por lo sucedido el sábado, que nos hizo reflexionar que iba a ser dificultoso trabajar con tanta presión", amplió entonces Angelici, poco antes de darle el gusto a los hinchas y de concretar los retornos del Virrey y del Nº 10, en contra de su voluntad.

Las idas y vueltas en las decisiones de peso comenzaron con aquel episodio, pero con el transcurso de los meses se fue convirtiendo en algo frecuente. En una marca registrada de esta dirigencia. Pegar volantazos de acuerdo a la temperatura que marque la variable Bombonera, con el riesgo de tomar resoluciones institucionales de acuerdo a la pasión y no desde su rol de dirigente.

Foto: LA NACION

Volvió a pasar con Juan Román Riquelme, cuando en junio de 2014 debió decidir la renovación del contrato. El hombre que en agosto de 2010 había renunciado a su cargo de tesorero de la gestión de Jorge Ameal por discrepancias en las condiciones de renovación del contrato del N° 10, tenía que definir qué hacer con el ídolo. Tras una novela que duró meses, y en la cual el desgaste y las declaraciones cruzadas entre ambas partes ocuparon horas de radio y TV y páginas de medios gráficos, no hubo acuerdo y Román emigró a la Paternal, donde transitó su último semestre como futbolista profesional en Argentinos.

Carlos Bianchi también fue víctima del cambio de opiniones. El romance entre el entrenador y los hinchas de Boca jamás se resquebrajó. Ni siquiera cuando los resultados no acompañaron al técnico en su tercera etapa como entrenador. Por una cláusula contractual, Angelici pudo haber anunciado la salida del DT a mediados de 2014. Sin embargo, prefirió evitar el costo político de un despedido. Y lo que vino después fue más desprolijo. Porque ese respaldo le duró un puñado de semanas. El presidente terminó echando al entrenador más ganador de la historia cuando apenas se habían disputado cuatro fechas del torneo Transición. Ni siquiera le permitió a Bianchi despedirse de local ante Vélez, quizás por miedo a otro "Bombonerazo". Entonces, al costo político le sumó la fuerte erosión económica que implicó pagarle al Virrey su correspondiente indemnización.

Como si no se hubiera aprendido nada de aquel error, un año y medio después la historia se repitió con Rodolfo Arruabarrena. El presidente lo despidió tras un muy mal arranque de temporada y a tres días de un choque trascendental ante Racing, por la Copa Libertadores. Con otro golpe fuerte a la economía xeneize: la desvinculación se produjo apenas dos meses después de haberle renovado por 18 meses y de haber utilizado esa continuidad como parte de su discurso de campaña, en busca de la lograda reelección. En ambos casos, el hecho de tomar decisiones tardías derivaron en gastos millonarios para la entidad de la Ribera.

La situación pudo haberse dado hace dos semanas, tras el 0-1 ante Atlético Tucumán. Pero entonces la Bombonera volvió a hablar y estuvo lejos de cuestionar al entrenador. Eso, y un par de oportunos viajes del presidente a Paraguay (por cuestiones de negocios personales) y a Suiza (por la elección del presidente de la FIFA) estiraron este final. Parece lejano, pero fue el propio Angelici quien afirmaba antes de la final de la Supercopa Argentina: "El Vasco seguirá en su cargo, cualquiera sea el resultado ante San Lorenzo". Pasaron apenas 20 días...

Este jueves, Boca tiene un compromiso muy importante por la Copa Libertadores. Será otra final ante Racing. Como consecuencia de la sanción de la Conmebol que recibió el club, tras el episodio del gas pimienta ante River en el duelo copero de mayo de 2015, ese encuentro será a puertas cerradas. Lo único cierto es que ya no estará Arruabarrena en el banco de suplentes.

Angelici, entonces, no podrá escuchar el veredicto del público, inmediatamente después de interrumpir el trabajo de otro entrenador del equipo. Pasado mañana, la Bombonera estará vacía y no tendrá la posibilidad de hablar. Boca necesitará un nuevo DT, pero el presidente no tendrá el eco de un estadio que se acostumbró a hablar (e influir) en las decisiones.

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