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Un Nº9 instalado en el círculo de los grandes

Alario logró la diferencia dentro de un contexto dubitativo global; es otra demostración de su capacidad, un acierto más de Gallardo

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PARA LA NACION
Martes 01 de marzo de 2016
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Pocos lo conocían, verdaderamente. Se presentó en el Monumental con cierto escepticismo: ¿quién es ese chico? Un delantero con argumentos sólidos, con buen físico, con gol. Pero tiempo al tiempo: Lucas Alario, cuando pisó Núñez por primera vez, era una promesa de Colón, simplemente. Pocos imaginaron lo que consiguió, tiempo después. Fundamental en la definición de la Copa Libertadores del año pasado, imprescindible en cada desafío local e internacional. Su figura, con el tiempo, se hace cada día más grande. Alario, el goleador de la noche, el del zurdazo determinante contra Independiente, es un acierto de Marcelo Gallardo. Uno más.

A los 23 años, Alario es parte del círculo de los grandes goleadores de los últimos años del elenco millonario. La llave de la fortaleza del sentimiento la consiguió, lógicamente, con la copa más maravillosa. Semanas, meses más tarde, ratificó su capacidad en el área rival. El gol, el que le permite a River mantenerse con esperanza en el juego local, es el tercero que convierte en el Torneo Transición. Los otros, en el 5-1 a Quilmes (la paliza del primer encuentro) y en el 3-3 con Rosario Central (el electrizante choque en Arroyito). Ya le había marcado a Independiente, en el verano, en una derrota por 3 a 2.

Siempre se siente cómodo. Con Mora crearon una sociedad de la armonía: uno por acá, otro por allá. El uruguayo, por las bandas, el hombre de la tapa, por el centro del área. Es generoso, es rápido, es efectivo: no suele fallar. Por eso recibe el reconocimiento del público, cuando acaba la función. Los alcanzapelotas le exigen una fotografía: es el último que abandona el campo de juego.

Foto: LA NACION

No siempre choca con el uruguayo Alonso: en el final del partido, River actuó con tres delanteros, cada uno por su destino. Sin enganche, con Mora más retrasado, con Alonso como clásico N° 9 pescador y con Alario, jugueteando por los costados, entrando y saliendo. Se siente cómodo en ese espacio: no es un clásico centro delantero. Es práctico: entiende el juego. "River me cambió la vida. Todavía no puedo creer todo lo que conseguí en tan poco tiempo", contó, tiempo atrás.

Gallardo lo vio. Pocos creyeron en su sabiduría, meses atrás. Hoy, es fácil reconocer su previsión, es un goleador confiable. Sobre todo, cuando al equipo no le sobran las luces. River combina buenos espectáculos con actuaciones grises, de vuelo bajo. Contra Independiente, era una de esas noches. Sólo salvada por el olfato y la capacidad de reacción. Gallardo no lo escondió, cuando se cerró el telón.

"En el segundo tiempo hicimos un buen partido. Controlamos un poco más la pelota, sobre todo, con Nacho Fernández. No habíamos tenido un buen comienzo. Necesitábamos ganar hoy, para seguir con posibilidades. Ya se vendrá Boca", comentó el DT, que sabe que el próximo domingo será el escalón decisivo para dar el gran salto. Boca no es, lógicamente, un rival más. Y Alario, el goleador de River, el que persigue la historia magnífica de los grandes artilleros, lo sabe bien. Va por todo. Lo aprendió apenas conoció el arco del Monumental.

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goles marcó Alario en 20 partidos, una marca muy buena para un joven que se presentó apenas meses atrás en Núñez.

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