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Mayer también se entrena para afrontar responsabilidades

En poco tiempo, se convirtió en la mejor raqueta del equipo argentino, algo que le modificó su realidad; el psicólogo deportivo Juan José Grande lo acompaña en esta nueva etapa y explica cómo lo ayuda a cargar con la mayor exposición

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LA NACION
Miércoles 02 de marzo de 2016
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GDANSK, Polonia.- El agobio, de cualquier tipo, es enemigo íntimo de Leonardo Mayer. Sensible, genuino y esquivo a los micrófonos, el correntino tiene desde 2014 -año en el que ganó en Hamburgo su único título- una exposición que no planeaba. No porque no quisiera progresar en el deporte, sino porque se convirtió abruptamente en el líder del equipo nacional de Copa Davis, ganó el single más largo en la historia de la competencia y se transformó en el Nº 1 del país. Claro que de la mano de los buenos resultados dentro del court llegaron más responsabilidades. Comerciales, por ejemplo. Compromisos con su comunicación y los medios, también. Y no siempre se está preparado para la notoriedad. El Yacaré, al menos, no lo estaba, pero le puso el pecho a la situación. Buscó soluciones. Una de ellas fue sostenerse en Juan José Grande, un licenciado en psicología que domina el lenguaje de la alta competencia y que, entre otras acciones, lo ayudó a salir de la tormenta emocional que significaba vivir en el caos de Buenos Aires.

No empezó bien el año Mayer. Sólo tres victorias y cinco derrotas, incluidas las de la 1» rueda de Australia y una paliza contra Jo-Wilfried Tsonga en la 2» ronda de Buenos Aires. Pero aquí está Mayer, de nuevo con el traje de referente de un equipo que intentará superar la 1» rueda de la Copa Davis ante Polonia, sobre una superficie velocísima. "Acá, otra vez en la lucha de la Davis, que me consume energía y saca descanso, pero también me da confianza y buenas ondas, como el año pasado", cuenta Mayer a LA NACION, en un rincón del Ergo Arena. A pocos metros, pacientes y en segundo plano, Javier Fernández, uno de sus entrenadores junto con Leo Alonso, y Grande lo siguen con la mirada. El equipo de Mayer entiende que los aspectos técnicos y físicos se encuentran muy bien aceitados, pero que para seguir progresando tiene que hacer hincapié en el mental. Por ello, tanto en el ATP de Dubai como en esta serie de Copa Davis, su psicólogo viajó con él.

Por el poco tiempo que durante la temporada Mayer está en Buenos Aires, sumado a todo lo que debe hacer en esos momentos en el país, muchas veces les resulta difícil profundizar en temas que generan obstáculos y, así, quedan postergados. Viajando juntos, Grande y Mayer conviven y todo fluye de otra forma. "Mi tarea muchas veces es a través de Skype o por teléfono, no tengo muchas posibilidades de estar con él, ya que está poco tiempo en el país y tiene otras tareas: familiares, kinesiología, ejercicios físicos y de tenis. Éste es un año especial porque están los Juegos Olímpicos. Leo tiene un montón de obligaciones en este momento por ser el número uno del país que antes no existían. Eso pesa en la cabeza de un jugador. La posibilidad de poder comer juntos, intercambiar ideas, planificar cosas que tienen que ver con su situación emocional, es positivo. Hacerlo ahora, a principio de año, puede sumar. Por eso, el equipo decidió que yo viajara con él", detalla Grande.

Mayer, que ostenta un invicto de seis partidos de single en la Davis, reconoce que su vida pública se alteró bastante en los últimos años. "Hubo un cambio grande. Y eso hay que saber asimilarlo. Estamos trabajándolo. A veces es difícil pasar de que la exposición no te guste nada, a tenerla. Es un aprendizaje que me va a quedar para toda la vida", confiesa el número 41 del mundo. Y añade, con simplicidad: "A veces en el tenis no se ocupan mucho de la mente, porque todo es puro vértigo y rápido. Pero yo sí le doy interés. Era importante que (Grande) viniera; se habló dentro de mi equipo y me está dando una mano importante. Trabajamos en el día a día. Quiero dar otro paso en mi carrera y acomodarme de nuevo".

La profundidad del análisis que ambos hacen muchas veces depende del tiempo que tienen para juntarse y dialogar. "No es lo mismo saber que uno tiene una hora u hora y media, a saber que tenés una o dos semanas por delante. Los encuentros son más tranquilos, diferentes. Poder viajar con el jugador y convivir en el hábitat que tiene durante casi todo el tiempo y experimentar con la tensión de la competencia, es una herramienta muy importante para el profesional", explica Grande, que navegó y corrió regatas, además de trabajar con la primera de rugby de CUBA.

"Leo tuvo una evolución enorme y un proceso de maduración impresionante -afirma Grande-. Los tenistas son prematuros en un montón de cosas; ya a los 14 o 15 años tienen horarios, viajes y responsabilidades que muchos chicos de esa edad no tienen ni cerca. Poseen una madurez grande en unas cosas y en otras no, precisamente porque no tuvieron el tiempo para poder vivirlas o pensarlas. Leo va a cumplir 29 años (el 15 de mayo), emocionalmente es muy comprometido con lo que hace, pero tuvo una exposición que no fue pensada. Ser número uno del país era un anhelo que de repente se transformó en una realidad y supo manejarlo bien, pero siempre hay que seguir trabajando. La mente es compleja". Y vaya si lo es para un tenista, uno de los deportistas individuales con mayores embrollos. Mayer se sostiene en su grupo para seguir evolucionando y el equipo argentino hace lo propio con el Yacaré para intentar ganar en la fría y pintoresca Gdansk.

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