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Todo dado para una campaña de demolición

PARA LA NACION
Miércoles 02 de marzo de 2016
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NUEVA YORK.-El "supermartes" fue una bisagra en las primarias de Estados Unidos que parece haber encaminado la pelea por la Casa Blanca hacia una elección entre dos extremos: Donald Trump, un outsider con escasísima preparación para la presidencia, y Hillary Clinton, ícono del establishment y la candidata más preparada para gobernar el país.

Esa contienda, ya palpable, es acorde con el inusual momento político que atraviesa Estados Unidos, y promete ser agria y dura como pocas.

Aunque aún falta distribuir la mayoría de los delegados que elegirán a los candidatos en las convenciones partidarias de julio, Trump y Clinton han logrado erigirse como claros favoritos para convertirse en los abanderados de republicanos y demócratas, respectivamente.

"Si ésa es nuestra elección general, no será bonito y rápidamente se desintegrará en ataques personales", anticipó a LA NACION Julian E. Zelizer, profesor de la Universidad Princeton.

Trump, un candidato sin ningún apego por la consistencia, la verdad o los modales políticos, que ha hecho de la burla su principal arma para atacar rivales, de-sataría agresiones a "rienda suelta, usando cada escándalo potencial y cada acusación existente" contra Clinton, anticipó Zelizer. "Clinton respondería de la misma manera", completó.

Tienen algo en común: son los candidatos con mayor imagen negativa en carrera, un dato propicio para una estrategia que los lleve a defenestrarse el uno al otro.

Para Clinton, la interna ha quedado ya casi saldada. De hecho, ha comenzado a atacar más a Trump, y a prestarle menos atención a su rival en las primarias, el senador socialista Bernie Sanders. Clinton navega sin muchos sobresaltos hacia la nominación demócrata.

Para los republicanos, nada ha sido como se preveía. Jeb Bush, el favorito de todos en los papeles para competir contra Clinton, ni siquiera llegó al "supermartes" y sucumbió a manos de Trump, el candidato que mejor leyó la cancha, y que parece a prueba de todo.

El único capaz de descarrilarlo es Marco Rubio. Aún puede hacerlo, pero debe sí o sí ganar en Florida en la primaria del próximo 15 de marzo. Una derrota en su estado natal sería un golpe letal a sus aspiraciones, y le daría a Trump un impulso ya irremontable.

Es el escenario más temido por el ala tradicional del Partido Republicano, y un desenlace de campaña impensado hace sólo unos meses, que promete llevar a una de las elecciones más duras en la historia del país.

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