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La integración social concreta

Orlando J. Ferreres

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PARA LA NACION
Jueves 03 de marzo de 2016 • 00:31
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Como país tenemos que tener el objetivo de integrar las villas a las ciudades en la que están instaladas, que no haya división entre la villa y el barrio que la circunda. Es más, el principal objetivo de un gobierno sería en la actualidad proponerse integrarlas social y culturalmente, no solo urbanizarlas en el aspecto edilicio. Es fundamental poder alcanzar esta meta en estos próximos años y seguramente esto constituiría en un gran logro para cualquier gobierno. No hacer nada concreto en este aspecto es dejar el terreno libre para las mafias y para el narcotráfico, flagelos terribles que se adueñan de las villas.

Describo mi experiencia con la integración social de las villas al resto de la sociedad. A mediados de 2007 me encontré con Mario Roldán para almorzar en "Robertino", como lo hacíamos habitualmente. Mientras comíamos me contó varias anécdotas muy divertidas de su club preferido "El Globito" que, como todos saben, es Huracán. Casi al final del almuerzo me propuso que hiciera un aporte para el sostenimiento de un colegio en el que él y otras personas estaban involucrados.

-¿Podés aportar para una beca mensual para una alumna del Colegio del Buen Consejo? Es un Colegio de Barracas, a unas cuadras de la villa 21 que Bergoglio nos pidió que pusiéramos en marcha. Él era amigo del cardenal de Buenos Aires, luego papa Francisco. Me dijo también que el colegio tenía un 60 % de alumnas de la villa y 40 % del barrio de Barracas y que se integraban bien.

-Mario, yo ya aporto bastante para la Fundación Prosalud, de la que soy presidente, y los fondos que juntamos son para permitir la atención médica de chicos sin recursos económicos de la zona de Pilar. No voy a poder aportar para Barracas.

-Una beca para una chica de primer grado está en $ 90 por mes y así puede seguir estudiando. ¡Ella es de la villa 21!

Me mantuve firme y no aporté nada. Sin embargo, él me llamó varias veces más y también lo hicieron otras personas por el mismo tema, hasta que al fin les dije que sí. "Total es poco dinero", me conformé y también pensé "así me saco de encima estos pedidos".

Al cabo de un tiempo, casi a fin de año, me llamó una de las maestras del Colegio del Buen Consejo y me dijo:

-Orlando, usted aporta una beca para una alumna de la villa 21¿No quiere venir a conocerla?

- No gracias, tengo poco tiempo, no voy a poder, tengo muchas reuniones con directivos de empresas.

-Hágase un tiempo ¡son 10 minutos! Lo espero el viernes a las 11 de la mañana, Ah! Voy a invitar también al padre, a la madre y a los hermanitos de su becada para que lo conozcan.

- Bueno, no se…tengo que pensar que cambio…veo… muy difícil…

-¡Lo espero el viernes a las 11! Y cortó.

Ese viernes llegué al Colegio del Buen Consejo, en la calle Santa María del Buen Ayre, a la hora señalada. Fui rápido por la autopista, pase por Constitución y bajé en Iriarte, después de unas cuadras, estacioné y pregunte por la maestra. Ella enseguida vino y me dijo: ¡Lo están esperando! Y me introdujo en una salita donde estaba la familia de Maribel, mi becada. Me preguntaba cómo sería una familia de la villa, me la imaginaba muy distinta a lo que yo conocía.

Nos presentamos y después de hablar un poco del tiempo (es parte de toda conversación) les pregunté:

-¿Cómo llegaron a la villa? ¿Cómo fue que fueron a vivir ahí?

- Yo soy albañil y trabajaba bien desde que vine de Jujuy porque allá no había mucho trabajo. Había alquilado un departamento de 3 ambientes en Once, pero llegó la crisis de 2002 y no hubo más trabajo, no pude seguir pagando el alquiler y me tuve que ir con la familia. Entonces conseguí un lugar aquí en la villa y me hice un ambiente precario y ahí estamos con toda la familia. Es lo que nos pasó, caímos de clase media a clase baja, sin plata y a vivir en una villa.

Yo recordé mentalmente que Manuel Mora y Araujo, el sociólogo, me había dicho que cayó un 20% de personas de clase media a clase baja en esa crisis. Sentí un escalofrío, porque una cosa son las estadísticas y otra es encontrarse con una persona o una familia de carne y hueso que sufra eso.

Hablamos un poco más y le pedí a mi ahijada que estudie, que es la manera de poder mejorar en esta vida, en esta sociedad.

Nos fuimos despidiendo y cuando estábamos en el pasillo la mamá me dijo:

-¿Podrá pagar la escuela de Maribel hasta que termine el secundario?

-Sí… sí claro…sí, le contesté

-¡Prométamelo porque nosotros estamos condenados, pero ella puede salvarse!

No soy nada sentimental, no me gusta la gente que se emociona, pero no podía controlarme. Me despedí de ellos con un gran esfuerzo y lloré ocultamente en el patio del Jardín de infantes, en soledad. Pensaba, yo podría haber nacido en una villa tal como le había pasado a mi ahijada.

Ahora han pasado más de 10 años de aquel momento y yo me involucré mucho más en este colegio, que es prácticamente el único que integra chicas (y ahora también chicos) de la villa y de la clase media de Barracas. Va a tener unos 1800 alumnos en poco tiempo más. El ante año pasado, de 17 chicas que terminaron el secundario, 15 fueron a la universidad y dos a estudiar enfermería profesional al Hospital Británico que queda en la zona.

Recuerdo también una conferencia de Mora y Araujo donde dijo que el dinero mejor aplicado para acción social es el que se usa para educar a los chicos de la villa y permitirles que lleguen a la universidad. Era lo que estábamos haciendo.

Las villas deben integrarse en la ciudad al resto de la población, es la solución para terminar con la pobreza tan extrema y la marginalidad, de la que tanto se habla. Lucho para que eso concretamente ocurra. Reconozco que hay muchos caminos para concretar esta acción social, pero hay que tener claro que el objetivo es sacar pobres de su pobreza e integrarlos a la sociedad.

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