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El cardenal Pell, "zar" de las finanzas del Vaticano, contra la pared en Roma

El ex arzobispo de Melbourne y Sydney no es acusado de haber abusado de niños sino no haber hecho nada en contra de los abusadores.

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LA NACION
Miércoles 02 de marzo de 2016 • 16:28
El cardenal Pell está acusado de no hacer nada ante casos de pederastia
El cardenal Pell está acusado de no hacer nada ante casos de pederastia. Foto: Elisabetta Piqué

ROMA.- El Hotel Quirinale, de la Via Nazionale, no es un lugar ideal para quedarse en estos días en Roma. Desde el domingo pasado está más custodiado que nunca, con un patrullero de los carabinieri en su frente. Y desde las 20 horas hasta las 3 de la madrugada su puerta principal es un enjambre de camarógrafos, fotografos, cronistas.

En el Hotel Quriniale, un clásico 4 estrellas, a través de una videoconferencia con Australia que arranca a las 10 de la noche y se prolonga hasta las 2 de la mañana -cuya última audiencia será hoy-, está siendo interrogado por la «Royal Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse», el cardenal australiano George Pell, "superministro" de Finanzas del Vaticano.

Pell, que fue arzobispo de Melbourne y Sydney, no está acusado de haber abusado de niños, sino no haber hecho nada en contra de los abusadores. Ballarat, su ciudad natal, donde como sacerdote fue consultor episocopal, fue escenario de centenares de casos de abusos sexuales de menores entre las décadas de 1960 y 1980, algo que provocó allí una ola de suicidios entre las víctimas.

La audiencia en la que interrogan a Pell, algo inédito -que repercute negativamente en el Vaticano-, tiene lugar en el Salón Verdi. Para acceder hasta allí, luego de haber obtenido una acreditación de la Royal Commission y ser identificado, hay que sortear dos controles de seguridad muy rigurosos, con detectores de metales.

En el hotel no sólo hay agentes de la policía italiana, vestidos de civil, pero con sus distintivos y armas a la vista, sino también gendarmes del Vaticano, de traje azul. Adentro del Salón Verdi -donde está prohibido sacar fotos y grabar audio o video-, al fondo hay una pantalla gigante por la que, a la hora de la videoconferencia con Australia, puede verse a la aguerrida fiscal Gail Furness poner contra las cuerdas, con sus preguntas, al cardenal Pell.

El prelado, denominado "the rugbier" o "the ranger" por su altura y físico robusto, vestido de clergy man -sin ningún rojo cardenalicio encima-, suele llegar acompañado por su secretario privado. Y se sienta en la parte de la izquierda de la sala al fondo, en un escritorio ante el cual tiene una cámarita que lo filma y detrás, un televisor en cuya pantalla ve a la fiscal Furness y al Presidente de la comisión real investigadora.

En las primeras cuatro filas de las sillas reservadas para el público, se sientan familiares de las víctimas de abusos, así como los denominados "sobrevivientes", unas quince personas en total que pudieron viajar desde Australia para estar presentes gracias a un sistema de crowdfunding. Algunos visten remeras coloradas con leyendas que dicen: "No more silence (no más silencio)", en su parte delantera y en su parte trasera: "Some won't remember, some wont' forget" (algunos no recordarán, algunos no olvidarán"). Otros, remeras que tienen impresa la foto enorme de un niño sonriente: son ellos mismos a la edad en la que sufrieron el abuso. Sus rostros hablan de vidas destrozadas.

La prensa acreditada -la mayoría australiana, pero también del resto del mundo, como La Nación-, puede sentarse en filas de la parte trasera de la Sala Verdi, donde también pueden verse varios sacerdotes, muchos australianos, que vienen para apoyar a Pell.

Según las reglas de la comisión real investigativa, la prensa no puede entrevistar a los familiares de las víctimas y sobrevivientes en el lobby del hotel o en los pasillos. Por eso, antes del inicio de la audiencia, a las 22, o cuando hay un intervalo cerca de la medianoche, es el momento de salir afuera, a las frías temperaturas de la noche romana, para hablar con ellos.

Durante la audiencia del lunes por la noche, al reiterar una y otra vez que nunca supo que el sacerdote Gerald Risdale, un abusador serial de niños -condenado a prisión por 138 delitos, por daños a 53 víctimas-, hacía lo que hacía, Pell tuvo un intercambio con la fiscal que cayó como una bomba en el auditorio. "Es una historia triste, que no tenía mucho interés para mí", dijo Pell. "¿Qué no era de mucho interés para usted, cardenal?", le preguntó la abogada. "El sufrimiento por supuesto era real y lamento mucho eso, pero no tenía ningún motivo para detener mi atención en las maldades de Risdale", contestó.

A la medianoche, en el intervalo del interrogatorio, afuera del Hotel Qurinale, delante de la entrada, reina indignación entre las víctimas. "Es increíble que haya podido decir que no estaba interesado en oír hablar de los crímenes de mi tío", dice David Risdale, sobrino del cura abusador serial, de 49 años, que sufrío abusos de parte de su propio familiar directo entre los 11 a los 15 años. "Estamos hablando de líderes morales de ciudades y pueblos, y me parece notable que no tuvieran interés en semejantes comportamientos", agrega.

"Pell se encuentra en el rincón, entre la espada y la pared", dice a La Nación Stephen Woods, otra víctima, que destaca que Pell cometió un error al no viajar a Australia para declarar allí por tercera vez ante la comisión investigativa, alegando que no podía viajar por motivos de salud. "Al haberse quedado en Roma, ya no es una historia australiana, es un a historia mundial. Ahora todo el mundo, la prensa mundial aquí presente, se está enterando de que no hizo nada para defender a los niños. Pell está arrinconado esta vez.

¿Por qué cuando estuvo en el poder en Melbourne, como arzobispo, no mandó ni a un pedófilo a la policía, habiendo recibido denuncias todo el tiempo?", pregunta. Steven cuenta que no sólo él, sino también sus dos hermanos, fueron abusados durante años por tres distintos sacerdotes de Ballarat, entre los cuales Risdale. "Queremos que el Papa intervenga y que le diga a Pell que sea más honesto, que diga lo que pasó. Sabemos que hubo documentos que desaparecieron de Ballarat y llegaron al Vaticano. Somos decenas de miles las víctimas en Australia y llamamos al Papa a intervenir para que el cardenal Pell de un testimonio más creíble de los que estamos viendo", clama.

¿Cree que el cardenal está mintiendo ante la comisión? "No sé si está mintiendo, lo que queremos es la verdad".

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