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Derrota aplastante para Sánchez, tras un debate que profundizó la grieta en España

El PP y Podemos votaron contra el líder del PSOE; mañana habrá otro intento

Jueves 03 de marzo de 2016
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MADRID.- Cada uno en su trinchera, disparando reproches, ironías hirientes e insultos, los líderes políticos españoles representaron ayer en el Congreso el drama de un acuerdo imposible. Más de nueve horas de debate concluyeron con una derrota aplastante para el proyecto presidencial de Pedro Sánchez.

El bloqueo político se perpetúa. Al postulante socialista lo apoyaron 130 diputados, 46 menos que el mínimo que necesitaba. Lo rechazaron 219 (más una abstención). Jamás un aspirante a encabezar el gobierno había salido de una sesión de investidura con tan pocos votos. Tendrá una segunda oportunidad mañana y si pierde quedará nulo el encargo que le hizo el rey Felipe VI hace un mes.

Segundo en las elecciones de diciembre, Sánchez obtuvo únicamente la confianza de su partido y la de Ciudadanos (C's), la formación liberal con la que pactó hace una semana un programa moderado de gestión. La insistente presión socialista sobre los indignados de Podemos para impulsar "un gobierno del cambio" resultó a todas luces estéril.

Su líder, Pablo Iglesias, debutó en el estrado del Congreso con un discurso incendiario en el que retrató a Sánchez como "un político que ha claudicado ante la oligarquía y los poderes fácticos". Incluso pareció romper los puentes para unirse al PSOE en el futuro. Fue cuando mencionó al ex presidente Felipe González como alguien "que tiene las manos manchadas con cal viva", en alusión a los crímenes del grupo parapolicial GAL, que en los años 80 secuestró, mató y enterró clandestinamente a miembros de ETA. "Su partido también es el partido del crimen de Estado", denunció.

La bancada socialista estalló en un coro de gritos. Sánchez le respondió que él se siente "orgulloso" de González. Acusó a Podemos de ser "la tabla de salvación del Partido Popular (PP)" y de defender a los etarras como "héroes de la paz".

Iglesias copó la escena, con su proverbial talento para escandalizar. Con España en vilo, lo más comentado en las redes sociales fue el beso en la boca que le dio en el centro del recinto al líder de la filial catalana de Podemos, Xavier Domènech, para felicitarlo por su discurso.

El debate cobraba ribetes tragicómicos. Los líderes pasaban del latigazo inclemente a jurar que tienen "la mano tendida" para llegar a acuerdos.

A su manera, el presidente en funciones y líder del PP, Mariano Rajoy, compitió en acidez con Iglesias. Dijo que Sánchez es "un bluf", "un miserable", el intérprete de "una farsa". Al pacto sellado con C's lo presentó como "un papel de muy limitada relevancia sin el menor sentido del ridículo". Repitió que el PP ganó las elecciones y que no facilitará ningún plan que borre su obra de gobierno.

Las réplicas de Sánchez a Rajoy no fueron tan incisivas como las que le dedicó Albert Rivera, el líder de C's, a quien el presidente consideraba hasta hace nada un aliado natural para sostenerse el poder. Rivera les pidió a los dirigentes del PP "coraje para prescindir de Rajoy". Y, mirando a la cara al presidente, recitó: "Usted no está en condiciones de liderar la nueva etapa política en España. La corrupción no es un tema menor. ¿Usted puede ser el azote contra la corrupción? No puede, porque no lo ha sido ni en su propia casa".

En ese punto, con el debate a medio camino, quedaba en evidencia no sólo el resultado de la votación, sino también la enorme fuerza del nudo que impide a España formar un gobierno estable. No se vislumbra cómo desatarlo.

El PSOE y C's suman poco. Pero Rajoy se quedó sin aliados con quienes negociar. Y la posibilidad de incluir a Iglesias en alguna ecuación se esfuman. Además de apuntar a las fibras más sensibles del socialismo, el fundador de Podemos se ensañó con Rivera. Lo emparentó con los "jefes de escuadra de la posguerra", le dijo "marioneta de los grandes empresarios" y lo acusó de "tener como única ideología la cercanía del poder". Todo dicho con "respeto, cariño y admiración", faltaba más.

Sánchez iba y venía del estrado para responder, sin olvidarse de golpear a izquierda y derecha. "Muchos ex votantes de mi partido votaron a Podemos porque pensaban que podían revitalizar a la izquierda, pero ahora no entienden que ellos voten en contra de nosotros para que el PP siga gobernando en funciones."

Si mañana Sánchez vuelve a perder la votación, el proceso volverá a cero. El reloj corre: quedan dos meses para encontrar una salida negociada. Las miradas volverán a apuntar al rey, que debe decidir si vuelve a encargar a alguien formar gobierno.

Pero alguien tendría que moverse de las posiciones irreductibles que plantearon ayer. En caso contrario, este Congreso será disuelto el 3 de mayo y habrá que repetir las elecciones generales el 26 de junio. Eso sí: sin ningún indicio de que los votantes vayan a resolver en las urnas el lío político en que España está metida.

Urdangarin exculpó a la infanta Cristina

Iñaki Urdangarin, cuñado del rey Felipe VI, desvinculó ayer a su esposa, la infanta Cristina, de los negocios investigados en el caso de corrupción por el que ambos están siendo juzgados y apuntó a la casa real española. Urdangarin aseguró que la institución estaba al tanto de las actividades del Instituto Nóos, una entidad a través de la cual el acusado presuntamente se habría embolsado más de seis millones de euros de dinero público junto con su entonces socio. Además exculpó a la infanta Cristina de cualquier posible irregularidad al asegurar que "no desarrollaba ninguna función" en Nóos.

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