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Un partido alineado contra otro desgarrado

PARA LA NACION
Jueves 03 de marzo de 2016
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Nueva York.-La noche más trascendente de las primarias terminó de cristalizar, con potente estridencia, la notable disparidad de fortuna entre los dos grandes partidos que se disputan la Casa Blanca.

La firme y al parecer inexorable unificación de la candidatura demócrata detrás de la figura de Hillary Clinton choca de frente con la rabiosa y creciente división intestina de los republicanos por el predominio de Donald Trump, que anteayer arrasó en lugares tan dispares como el Nordeste y el sur profundo.

Pero ahora que los partidos ya avizoran las elecciones de noviembre, tanto las ventajas de lograr consensos como los peligros que entraña el caos se hacen cada vez más evidentes.

"Si el Partido Republicano fuese un avión y uno estuviera mirando por una ventanilla, vería caer pedazos desprendidos de la aeronave y se preguntaría si lo que sigue no es la turbina o un ala", dice Tim Pawlenty, precandidato republicano a la presidencia en 2012.

Aunque anteayer haya logrado victorias contundentes en siete estados, Trump sigue enfrentando la ruidosa y persistente negativa de los líderes de su propio partido a agruparse en torno a su figura, con dirigentes que denuncian su lerdo rechazo al apoyo de los supremacistas blancos, funcionarios electos que desalientan a los votantes a apoyar a Trump, y una lista de republicanos históricos que declararon que de ser Trump el candidato, boicotearían la elección.

"Por razones de conciencia no podría votar a Trump bajo ninguna circunstancia", dice Black Lichty, un republicano de 33 años que trabajó en la administración de G. W. Bush y ahora vive en Atlanta.

"Si éste se convierte en el Partido Trump, vamos a perder muchos votos", agrega Lichty.

Desde la ruptura de 1964, cuando los conservadores tomaron el poder de manos de sus rivales moderados y nominaron a Barry M. Goldwater, de Arizona, ninguno de los grandes partidos ha enfrentado una crisis de identidad semejante.

"La historia se repite -dice el historiador Richard Norton Smith-. En ese entonces, el cambio del partido fue tan profundo y permanente como puede serlo en política, y en los hechos se convirtió en dos partidos distintos."

Y así como el éxito de Trump evidencia su fortaleza entre el electorado, el triunfo del senador Ted Cruz en Texas y Oklahoma puso de relieve aún más el dilema del partido: entre los republicanos, no hay consenso sobre quién sería el mejor rival frente a Trump, y probablemente ya no haya tiempo para que surja alguno.

Las fisuras culturales e ideológicas abiertas en el partido podrían tardar generaciones en cerrarse, según concuerdan dirigentes, historiadores y estrategas republicanos. Muchos de ellos también están convencidos de que la candidatura de Trump les aseguraría cuatro años más a los demócratas en la Casa Blanca.

"La candidatura de Donald Trump sería el mejor regalo que los republicanos le podrían hacer a Hillary Clinton", dijo ayer en una entrevista el ex gobernador de Louisiana Bobby Jindal.

Ahora los demócratas están listos para aprovechar una conjunción fortuita de fuerzas favorables: una economía en recuperación con bajo desempleo, un presidente demócrata con casi un 50% de aprobación y un proceso de elecciones internas relativamente aceitado que le permitirá a Clinton reunir a las distintas vertientes de su partido.

"Los demócratas hacen ruido, pero el partido está ampliamente unificado detrás de ciertos temas", dice David Axelrod, estratega demócrata. "Los republicanos están enfrentados en una guerra abierta, están desgarrados por la desconfianza, y es muy difícil de ver cómo harán para pegar todas las piezas de vuelta cuando esta pelea termine", agregó.

En una discusión sin precedente en la historia reciente, muchos republicanos de alto perfil dudan sobre cuán agresivamente apoyarían a Trump. Veladamente, lo que están diciendo es que tal vez necesiten perder para salvar al partido.

Traducción de Jaime Arambide

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