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Guido Pella: "Pensaba que ser inteligente me iba a perjudicar en el tenis"

Ascendió 152 puestos en un año y a los 25 debutará en laCopa Davis; la ayuda que recibe del biólogo molecular Bachrach

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LA NACION
Jueves 03 de marzo de 2016
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SOPOT, Polonia.- Los polacos aseguran que Sopot es el hermano menor, el más rebelde de la Triciudad, el área urbana que completan Gdansk y Gdynia. Es el centro turístico más famoso del país. Por las playas, por la sala de conciertos que recibe los festivales estivales y por el muelle de madera, el más largo (650m) de Europa. Claro que esos circuitos y parques contiguos al mar Báltico, en esta helada época del año, lucen semivacíos. Algún que otro turista y un puñado de escolares divirtiéndose en una pista de patinaje sobre hielo al aire libre. El frío, de verdad, lastima. "En Bahía Blanca, donde yo nací, jugué con mucho frío y viento, pero no sé si con tanto", dice Guido Pella, sin sacar las manos de los bolsillos de un camperón que lo protege durante la producción fotográfica de LA NACION, en las escalinatas del hotel Sofitel, a poca distancia del club donde Rafael Nadal ganó en 2004 el primero de sus 67 títulos y donde descansa el equipo argentino de Copa Davis que desde mañana se medirá con Polonia, por la 1a rueda.

Hace exactamente una temporada, el zurdo hincha de Olimpo se encontraba en el puesto 194 del ranking mundial. Hoy, a los 25 años, saborea la etapa más valiosa de su carrera, desde el súper meritorio escalón 42°. Después de haber "subestimado" el tenis, perdido la motivación y analizado retirarse, Pella halló herramientas para volver a empezar, para salir a flote y disfrutar. Y vaya si lo hizo.

Tras haber terminado 2015 con otro impulso, tomó una decisión trascendente para un tenista que añora seguir evolucionando: contratar a un coach con capacidad comprobada. Sumó a Gustavo Marcaccio, el entrenador de Juan Mónaco cuando el tandilense alcanzó el top 10. Pella es una persona perspicaz, interesada en el funcionamiento de la sociedad, la tecnología, los medios, etc. Tiene una "cabeza abierta", por decirlo de alguna forma. Y esa característica también lo ayudó a superar la depresión.

Foto: LA NACION

"Durante mucho tiempo de mi vida pensaba que ser inteligente y ver las cosas de otra manera me iba a perjudicar en el tenis. Porque la realidad indica que en este deporte, cuanto más pensás, es peor. Si uno piensa en cómo funcionan los puntos, los match-points, los breaks, te volvés loco. La esencia del tenis es tratar de estar concentrado con el punto que vas a jugar. Este tiempo, sobre todo en el último año, sentí que ser así podía ser bueno, que lo podía usar para mejorar y es lo que estoy intentando. Uno puede mejorar teniendo muchas cosas en la cabeza, pero sabiendo dónde ubicarlas mejor", explica quien, luego de haber representado a la Argentina en los Juegos Odesur, en un Sudamericano y en un Mundial Sub16, debutará en la Copa Davis, el desafío mayor.

-¿Qué te llevó a perder el estímulo por el tenis?

-Es que uno se entrena buscando los resultados y nunca sabe si van a llegar. Eso es lo que me pasó durante mucho tiempo. Soy un jugador que no se conforma con nada, lo que es bueno y malo. Cuando gané mi primer challenger, a la otra semana quería ganar dos, después tres y así. Era siempre una bola gigante de nieve y no me dejaba ser feliz. Ahora sigo pensando exactamente lo mismo, pero mi enfoque está en otro lado y me está permitiendo disfrutar más. La exigencia está, pero ahora sé que tengo un buen ranking y quiero estabilizarme. Antes me hubiera bajoneado por perder la final del ATP de Río (ante Pablo Cuevas, pocos días antes de viajar a esta ciudad). Me dio bronca, sí, pero lo asumí de otra manera.

-Estás consultando a Estanislao Bachrach, el biólogo molecular y bestseller de las neurociencias. ¿Cómo llegó a tu vida?

-Desde antes que terminara 2015 sabía que necesitaba un cambio, algo grande, porque en caso contrario me estancaría. En ese momento no tenía los medios económicos como para asumirlo, pero me la jugué, dije que todo lo que iba a ganar en la primera parte de este año lo iba a invertir. Sumé a Cachito (Marcaccio), que me pidió que probara con un amigo de él. A Estanislao lo conocía de nombre, pero no sabía cómo trabajaba. Desde que no tuve buena experiencia con un psicólogo, me cerré y dudé. Pero Estani tiene un enfoque distinto, porque no es psicólogo, es biólogo. Lo que me dijo y, creo que fue la clave, es que el cerebro se puede entrenar. Hicimos muchos trabajos, pero lo que él quiere es que yo esté en el presente, que no me vaya ni al pasado ni al futuro. Eso se aplica a cuando uno está dentro de la cancha y tenés momentos límites, que por lo general la mente tiende a irse y desesperarse. Hacemos actividades, meditación, tratando de respirar y conocerme. Tengo la facilidad para darme cuenta rápido si algo funciona y así me empecé a sentir cómodo. Son herramientas.

-Sos impulsivo y no tenés filtro. ¿Es bueno o malo?

-Sigo siendo igual. Por ahí tengo arranques de calentura. Lo que aprendí es a manejarlo un poco y saber en qué momento se puede hacer cada cosa y no tirar todo a lengua suelta. Hoy canalizo mis enojos de otra manera y me permite estar como en un estado zombie, por decirlo de una manera. Marcaccio me organizó muchas cosas. Hasta el año pasado yo me tenía que encargar de pasajes, reservas de hotel, transporte, y con esas cosas en la cabeza es más difícil. Jugaba una final de challenger y sabía que tenía que cambiar el pasaje, porque podía perderlo y me desenfocaba. Obviamente Cachito me ayudó un montón en la parte de tenis, pero también en el orden periférico.

-Naciste en la misma ciudad que Manu Ginóbili, todo un ejemplo de superación. ¿Lo tenés como referente?

-Puf?, ¡obvio! Lo que hizo Manu, de jugársela yendo a Italia, sin saber cómo le iría aun con las grandes condiciones que tenía, no lo hacen muchos. ¿Cuántos talentosos quedaron en el camino? Muchos. Lo de él es muy valorable. La gente ve el producto final, al crack que ganó anillos de la NBA, pero no ve el que muchas veces lloró porque no podía llevarse a la mujer de viaje ya que no tenía un peso. Esa es la parte que valoro, porque también lo viví. Lo mismo con Rodrigo (Palacio), con quien tengo muy buena relación. Ellos tienen grandes carreras porque se esforzaron. Pero hay un exitismo que es difícil de manejar. Con Rodrigo hablé un montonazo de eso: es más, después del Mundial de Brasil, yo había dejado de jugar y estaba en Bahía, fui a su casa a charlar un rato y me sorprendió con la tranquilidad que me habló del gol que falló en la final. Le pregunté: "¿Qué te pasó con el famoso Era por abajo?". Y él lo tomó con tranquilidad. Nos puede pasar a todos, también en la Davis. Hay errores que uno puede cometer, porque es humano y en ese momento él la vio por ahí y hay que ver el contexto de una final del mundo. "Fue un error, ¿viste? Son cosas que en el deporte pasan", me dijo y con esa respuesta, tan madura, me di cuenta por qué hicieron grandes carreras. Es así. Hay que ver todo. Pienso lo mismo.

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