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"Los hombres sienten más miedo que las mujeres"

Según el doctor Iván Izquierdo, eminente neurocientífico argentino residente en Brasil, el temor es vital para la persistencia de la especie

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LA NACION
Viernes 04 de marzo de 2016 • 10:52
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Aunque nos encantaría prescindir de él, el miedo es un insumo crítico para nuestra supervivencia.

"Si no fuera así, la primera vez que cruzáramos una calle nos atropellaría un colectivo -afirma el doctor Iván Izquierdo, científico argentino radicado en Brasil desde hace 40 años y pionero de los estudios en la biología de la memoria-. Aprendemos a mirar para el lado que debemos porque alguna vez alguien nos asustó o nos asustamos. Es un aprendizaje esencial para sobrevivir. Por eso se recuerda tan bien."

Iván Izquierdo
Iván Izquierdo.

Con casi ochenta años, Izquierdo es una figura de referencia en el escenario neurocientífico de América latina. Sus trabajos marcaron rumbos en el estudio de la formación, consolidación y evocación de los recuerdos. Recibido de médico en la Universidad de Buenos Aires y posdoctorado en la Universidad de California, actualmente es investigador del Centro de la Memoria de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul. Publicó más de 500 trabajos científicos, es autor de libros de divulgación (como El arte de olvidar y Somos nuestra memoria) e integra el comité editorial de numerosas publicaciones. Profesor visitante en universidades de Brasil, Chile, Canadá y Estados Unidos, recibió más de 50 premios y fue distinguido por el Institute of Scientific Knowledge (ISI) como el científico latinoamericano más citado entre 1995 y 2005. El 16 de este mes publicará en Physiological Reviews una amplia revisión sobre la memoria del miedo.

Iván Izquierdo
Iván Izquierdo.

-Doctor Izquierdo, ¿los recuerdos teñidos de miedo son más persistentes que los alegres?

-Sí, sin duda, muchísimo más. Nos acordamos más de las cosas malas, principalmente cuando son peligrosas. Las cosas alegres las podemos cambiar unas por otras, pero las peligrosas, no. Podemos intercambiar recuerdos felices de un casamiento por los de una fiesta, pero guardamos con mucho detalle los de cosas que nos asustan. Aquellas de las que, si no nos acordamos a la perfección, pueden literalmente causarnos la muerte. Las especies que no tienen miedo desaparecen, mueren, duran poco. Todos los predadores, por ejemplo, son animales que sienten miedo.

-Los neurocientíficos suelen advertir que recordar no es un hecho pasivo, sino una reconstrucción de los hechos. ¿Los recuerdos de situaciones atemorizantes, entonces, serían más fidedignos?

-Lo que todo el mundo acepta hoy día es que la memoria involucra en la mayoría de los casos una reconstrucción; es decir, no nos acordamos absolutamente de todos los detalles de un hecho, pero sí de los suficientes elementos que nos permiten después rellenarlos con detalles, como se hace con las letras hebreas, que tienen una señal y el lector las rellena con vocales para interpretar lo que esa letra quiere decir en determinado contexto. Es imposible acordarse literalmente de todo. Registramos suficientes señales como para juntarlas con las del momento y evocar ese hecho.

-¿El pavor es una emoción más intensa que otras?

-Es muy rápida y la más intensa. Podemos morir de un susto. Muchos infartos que ocurren en las primeras horas de la mañana se producen porque el individuo está soñando con algo terrible. Son esas famosas pesadillas que uno tiene a las cinco o seis de la mañana.

-¿Esa particularidad permite estudiar más claramente los mecanismos íntimos de la memoria?

-Claro, los analizamos básicamente en los circuitos del miedo. Buscamos alteraciones químicas que subyacen a la memoria en las células involucradas en el fabricar, guardar y evocar memorias de miedo.

-¿Hay individuos que tienen más miedo que otros?

-Sí, en general los hombres tienen más miedo que las mujeres. Sin ninguna duda.

-¿De verdad? En la vida social nos convencen de que es al revés...

-Pero desde el punto de vista del cuidado de la especie es perfectamente explicable. Las hembras son las que tienen que cuidar a los hijos contra viento y marea. Al macho no se le pide eso, es la perra la que cuida, la leona la que protege. Si uno tiene que tenerle miedo a un individuo de alguna especie es frecuentemente a la hembra más que al macho, porque está defendiendo algo más allá de su propia supervivencia. Está defendiendo sus hijos o los que puede llegar a tener.

-¿Además de los adquiridos, hay miedos innatos?

-Sí, los chicos les tienen miedo a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a los cambios bruscos de temperatura... Todo lo que es "de golpe" los asusta. Y eso es algo con lo cual nacemos, es una forma de protección muy natural. Pero la mayor parte de los que utilizamos en nuestra vida son los aprendidos. A los ruidos fuertes, por ejemplo, nos acostumbramos, aprendemos que son una constante del mundo moderno, cambian de significado.

-¿Así como uno adquiere miedos útiles para su supervivencia, también puede incorporar otros dañinos, como en el caso del stress postraumático?

-En eso trabajamos muchísimo, porque estudiamos una forma de extinguir ese miedo excesivo.

-¿Se pueden borrar los recuerdos atemorizantes?

-Borrar no, pero se puede evitar la evocación de esa respuesta fuera de lugar. Se hace con una técnica que inventó Pavlov a principios del siglo XX. Consiste en someter al individuo que ha sido asustado a estímulos semejantes a los que le provocaron el stress, pero sin el dolor o el miedo real. Conozco a un argentino que el 11 de septiembre iba a su escritorio, en las torres gemelas de Nueva York. Cuando estaba caminando, vio el ataque del primer avión y salió corriendo. Se olvidó literalmente hasta de su propio nombre durante algunas horas. Pero luego recuperó todo haciendo un tratamiento en el que, por ejemplo, se le mostraban fotos, lo hacían escuchar ruidos similares... todo en un ambiente controlado hasta lograr que fuera respondiendo cada vez menos.

Las primeras veces, el individuo tendrá una reacción de terror, se va a tomar del sillón, va a gritar... Pero cuando se da cuenta de que son sólo sonidos o imágenes, se va calmando y la reacción se le hace menos generalizada.

Esa mal llamada "extinción", porque no extingue la memoria, sino que inhibe la respuesta, ocurre en todos los animales, y el humano es uno de los que aprenden muy bien a hacerlo. Una respuesta exagerada a un miedo que no se justifica puede ser muy mala, puede causar daño.

Una psiquiatra norteamericana también descubrió que la presentación de una novedad acelera la extinción de un aprendizaje de miedo. Por ejemplo, llevar a los pacientes al baño de su consultorio o a otro en el que no habían estado antes. La clave es que esa circunstancia nueva hay que interpolarla en un momento bastante preciso, hasta dos horas antes y hasta una hora después, pero no más, de la exposición a la circunstancia que causa miedo. En ese momento preciso tiene un efecto poderosísimo.

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