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En el banquillo, la infanta defendió a Urdangarin

"Confío plenamente en mi marido", dijo Cristina, la primera integrante de la Casa Real que enfrenta la cárcel por cargos de fraude

Viernes 04 de marzo de 2016
Cristina de Borbón, ayer, ante un tribunal de Mallorca
Cristina de Borbón, ayer, ante un tribunal de Mallorca. Foto: Reuters / Enrique Calvo
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MADRID.- La infanta Cristina se acomodó en la silla con las piernas juntas y apoyó los brazos en una mesa para armar de Ikea. La apariencia mundana del banquillo de los acusados potenciaba el impacto simbólico de la imagen: la soledad de la hermana del rey Felipe VI en su cita amarga con la justicia.

Jamás otra integrante de una familia real europea había tenido que pasar por ese trance en un juicio por corrupción. A ella le tocó declarar anoche en Palma de Mallorca después de escuchar cómo despellejaban durante tres días de audiencias a su esposo, Iñaki Urdangarin, acusado de ocho delitos, por los que el fiscal pide 19 años de cárcel.

"Confío plenamente en mi marido; estoy convencida de su inocencia y de que siempre ha estado bien asesorado", dijo la infanta, de 50 años, juzgada como partícipe necesaria de dos delitos de fraude fiscal por los que podría ser condenada a un máximo de ocho años.

No quiso dejar dudas de que seguía al lado de Urdangarin. Hasta que pronunció esa frase había argumentado que ella desconocía por completo lo que su esposo hacía en la sociedad Aizoon, cuya propiedad compartían al 50% y que según la investigación se usó para evadir impuestos y blanquear capitales.

"Teníamos un reparto de las tareas familiares -relató-. Él se encargaba de las gestiones económicas de la familia y yo intentaba coordinar la agenda, cuadrar las cosas, así como también la representación de la Casa Real que debía atender."

No corrió riesgos. Sólo aceptó responder a su abogado durante 20 minutos. Usó frases cortas, bien estudiadas. Por momentos le temblaba la voz. Primero tuvo que escuchar durante 45 minutos -firme, casi sin parpadear- la batería de preguntas que tenía preparada la querellante Virginia López Negrete, representante del sindicato Manos Limpias. El fiscal, la Hacienda Pública y las demás partes piden exculparla.

La tesis de la acusadora es que la hermana del rey liquidaba gastos personales -de fiestas familiares a viajes de turismo y clases de baile- como si fueran de Aizoon para pagar menos impuestos. Además, que esa empresa se usó para blanquear fondos millonarios que Urdangarin obtenía por los contratos públicos que ganaba el Instituto Noos, una entidad supuestamente benéfica.

Cristina nunca había explicado con claridad por qué se inscribió como titular de esa firma. Su defensa se basó en demostrar que lo había hecho sólo como "gesto de confianza" con su esposo. "Él era administrador y tomaba las decisiones. La empresa se creó para canalizar los ingresos profesionales de mi marido. Me pidió formar parte de la sociedad y yo lo acepté", recitó. Aclaró que se había asesorado con funcionarios de la Casa Real y que le habían dado la aprobación para que lo hiciera.

Dijo que no tenía conocimientos fiscales. Negó haber usado jamás una tarjeta Visa de Aizoon con la que se hicieron compras -cortes de pelo, libros infantiles, ropa femenina- que después se pasaron como gastos de la sociedad. "La tarjeta la custodiaba mi marido. Yo no tenía ni el plástico ni el pin." Se despegó también de la contratación de empleados de la empresa matrimonial. Urdangarin había admitido que tenían trabajadores ficticios para obtener beneficios fiscales. "Nunca supe nada sobre ese tema", dijo. Negó de manera tajante haber pagado en negro al personal doméstico de su casa, pese a las pruebas reveladas durante la instrucción.

Desmintió, por último, las acusaciones de que tenía cuentas en paraísos fiscales. "Jamás. Ahora sí tengo una cuenta en Suiza, pero porque resido allí", dijo. Se mudó a Ginebra hace tres años, para huir del escándalo que minó el prestigio de la corona y precipitó la abdicación de su padre, Juan Carlos I.

Antes de irse, volvió a mostrar una mueca de incomodidad cuando uno de los abogados la trató de alteza real, como si la reverencia no encajara con el sitio en que estaba.

La defensa espera que el argumento rinda. Urdangarin había declarado antes en el mismo sentido: se hizo cargo de las decisiones de Aizoon. Salpicó a la Casa Real, al decir que consultaba con la institución todas sus decisiones económicas, pero fue explícito al desligar a Juan Carlos I: "El rey nunca intervino en mis negocios".

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