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Entre el amor y el dinero

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PARA LA NACION
Viernes 04 de marzo de 2016
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La situación de los Jaguares puso al rugby profesional argentino en otra dimensión. Desde que tomó la determinación de que para ser Puma había que jugar en el Super Rugby, la UAR debió salir a competir con mercados más poderosos por sus propios jugadores. Hubo contramarchas, habrá más, pero hasta aquí logró compensar desventaja económica con amor por la camiseta.

Cuando la Argentina se automarginó de la profesionalización del rugby en 1995 no lo hizo sólo inspirada en principios, sino también atendiendo cuestiones prácticas. El ingreso en el mundo rentado 15 años más tarde costó que los Pumas se rezagaran respecto de las potencias, pero la espera sirvió para no repetir errores que a otros países les costaron; entre otros males, la primacía de las ligas locales por sobre los seleccionados nacionales y la desaparición de clubes tradicionales. La creación de los Jaguares llega en el momento justo, pero conjugar las realidades de una elite profesional y una base amateur, reservorio del gran caudal de jugadores pero también de los valores del rugby, es complejo.

La decisión de Daniel Hourcade de seguir al frente del seleccionado es un ejemplo de cómo, aun en un contexto profesional, puede reinar el espíritu amateur. El ofrecimiento de la Azzurra, no obstante, no deja de ser un jab de advertencia en la puja con el hiper profesionalismo europeo. Una fuente vinculada a la UAR le contó a LA NACION que la oferta era del triple de lo que cobra aquí, mientras que otra reconoció que era "muy superior". Ésta es la clase de competencia con la que empieza a lidiar el rugby argentino.

La UAR hizo un trabajo eficiente de repatriar jugadores. Juan Imhoff fue el único de los apuntados al que no logró convencer. La propuesta del Racing de París le resultó irrevocable y ésa será la única camiseta celeste y blanca que vestirá, al menos hasta que finalice su contrato. En general, con contratos inferiores a los de Europa aunque altos para la economía argentina, los Jaguares tienen el mejor plantel posible.

Otro fenómeno difícil de controlar es la emigración temprana de jugadores formados por la UAR. Con una base tan amplia y una elite tan estrecha, el exilio resulta inevitable. La partida de los aperturas Patricio Fernández y Sebastián Poet, por ejemplo, abrió un hueco difícil de llenar. Una lección por aprender en este nuevo rumbo, a mitad de camino entre el amor y el dinero.

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