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El intendente preso por matar a su mujer cree que se equivocaron de sospechoso

Según la defensa de Diego Lorenzetti, hay escuchas que ligan con el crimen a una persona que tiene un alias distinto de aquel con el que se conoce al jefe comunal

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LA NACION
Viernes 04 de marzo de 2016
Los tribunales de La Calera, escenario de una causa que tiene conmocionada a la pequeña localidad
Los tribunales de La Calera, escenario de una causa que tiene conmocionada a la pequeña localidad. Foto: Diego Lima
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LA CALERA, San Luis.- Casas bajas blancas, celestes y amarillas, una plaza, la iglesia, la municipalidad, una cantera y 600 habitantes. Ésa es la radiografía de esta localidad situada a 60 kilómetros de la capital puntana, que encierra, por estas horas, un misterio enorme que puso su nombre en boca de todo el país. Parece un pueblo demasiado chico como para contener los comentarios alrededor de la detención de su intendente, Diego Lorenzetti, acusado de haber mandado a matar a su mujer, Romina Aguilar.

Tres días después de su detención, Lorenzetti se prepara para contraatacar. Su abogado, Rafael Berruezo, planteó a LA NACION que la jueza Virginia Palacios actuó con los "elementos que tenía", pero advirtió que fueron "manipulados por un sector interesado que tomó datos de la realidad y los reordenó" en contra de su defendido.

El intendente ratifica, ahora desde la cárcel, que el crimen se relaciona con internas políticas y con una venganza por su "crecimiento" en ese ámbito y en el económico.

Unos audios, la declaración del brasileño Ediverto de Oliveira Pereyra (detenido el lunes como partícipe del crimen) y el pedido de 100.000 pesos a un amigo son las pruebas que la jueza usó para ordenar la detención. Un sobrenombre que aparece en la causa podría ser, según la defensa, la clave del "error".

Palacios dijo que los peritajes confirman una de las hipótesis que tenían desde el 2 de febrero, tres días después de que Romina fue asesinada de dos tiros de un arma calibre 45 en la puerta de su casa. Le dispararon dos hombres desde una moto negra de 110 cc, encontrada esta semana en un taller mecánico.

Lorenzetti declararía la próxima semana. Inés y Rolando, los hermanos de Romina, lo defendieron frente a LA NACION. "La Justicia plantó todo -dice ella en la municipalidad de La Calera, donde trabaja-. No quiero hablar más, tengo miedo de que ahora vengan por mí. Esto es una mafia muy grande, ésa es la triste realidad."

Oliveira Pereira, alias "el Brasileño", se entregó después del secuestro de la moto. Trabaja para el intendente desde hace un año y medio como jockey. Es señalado como uno de los sicarios; tiene un pedido de extradición por antecedentes penales en su país y también causas por robo en la Argentina.

Declaró que él fue a "robar", pero que su cómplice -que está prófugo- disparó porque le "había pagado Lorenzetti". La jueza insiste en que dirá el móvil del asesinato cuando dicte el procesamiento, pero fuentes de tribunales confiaron a LA NACION que el eje sería que la mujer iba a revelar la participación del intendente en actividades "turbias".

Lorenzetti admite haber pedido $ 100.000, pero para "comprar una casa". Llegó a La Calera desde Santa Fe hace 20 años; de origen humilde, empezó a trabajar para la cantera; después puso una metalúrgica y una fábrica de hielo. Ingresó en la política y en 2014, al ganar por dos votos la interna del peronismo, fue elegido.

En el pueblo la primera reacción ante el escándalo pasa por los gestos. Sonrisas irónicas y miradas cruzadas. Después llegan elogios hacia "el Diego" y, al rato, comentarios sobre su gusto por los caballos y la "timba" y sobre la existencia de "apuestas fuertes" (hasta $ 100.000 por carrera). La hipótesis de una deuda de juego y un "apriete" en la puerta de la municipalidad da vueltas.

El móvil pasional también está presente. De la causa surgiría que él tenía algún nivel de acercamiento con otra mujer, pero que la relación no habría avanzado.

Del horror a la sorpresa

Inés se había quedado a dormir el viernes 29 de enero en la casa de su hermana y su cuñado en el barrio Faecap, de San Luis. A las 6.10 oyó dos detonaciones. "Pensé que eran cohetes, hasta que escuché «la chica, la ambulancia» -relata a LA NACION-. Me levanté porque mi hermana ya había sacado la camioneta, vi la puerta del acompañante abierta; pensé que había pasado algo.«Vestite, que algo le pasa a Romina», me dijo Lorenzetti. Cuando salimos estaba muerta, a diez metros de la entrada principal."

Rolando, su cuñado, recuerda: "Ya nos habían contado de amenazas y de cuatro asaltos". Por eso el matrimonio y su hijo Hernán, de 16 años, pasaban mucho tiempo en un departamento, por "temor".

"Ni aunque lo prueben lo vamos a creer", insiste Inés. Romina y Lorenzetti llevaban 17 años juntos; ella fue mamá a los 16 y "ahora buscaban un bebé", según confirma la hermana. Les había dicho a su marido y a una vecina que estaba de tres meses; no está confirmado. El lunes siguiente a la muerte se iban a ir de vacaciones.

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