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Un equipo olímpico muy especial

El COI confirmó que entre 5 y 10 atletas refugiados competirán en Río bajo la bandera de los cinco anillos

Viernes 04 de marzo de 2016
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En el campo de refugiados de Elaionas, en Grecia, viven más de 700 familias. Muchos son afganos. Algunos, sirios. Todos buscan un horizonte mejor, lejos de la guerra que los desterró. El futuro está a 20 minutos de distancia, en el centro de Atenas. Desde allí la mayoría se sube a un tren para seguir su travesía por Europa; su peregrinaje por refugio, casa, trabajo. Paz.

El lugar es nuevo y cómodo, ya que cuenta hasta con wi-fi. Hay médicos y voluntarios que amenizan la espera y prestan sus oídos para escuchar miles de sueños. También hay deporte: allí, en el Babel de refugiados viven el básquet y también el fútbol. A las costas griegas llegan profesionales y albañiles; profesores, maestros de escuela y hasta deportistas de alto rendimiento. Todos, forzados a vivir en la pobreza. A dormirse con el recuerdo del ruido de las bombas.

A la vera del río Tarach, en Kenia, la situación es parecida. El campo de refugiados de Kakuma funciona desde hace 25 años y les da sombra y comida a 185.650 refugiados. En Kakuma, como en Elaionas, huyen de la guerra. Hay hombres y mujeres de Sudán, Somalia y Etiopía. También de Eritrea, Uganda y Burundi. Si la vida les daba una oportunidad, tal vez podrían haber sido grandes velocistas. Émulos de Kenenisa Bekele, el etíope que corre más rápido que nadie los 5 mil y 10 mil metros. Pero su carrera no es por el oro ni la fama. Es por la supervivencia.

Foto: LA NACION

Cuando el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, visitó el lugar, quedó impactado. Jugó al fútbol. Escuchó anécdotas. Se reunió con una familia yemení y se enteró de que entre los inquilinos ocasionales del campo había taekwondistas, luchadores. Deportistas que bien podrían clasificarse para los Juegos Olímpicos. Atletas sin bandera que buscan un futuro. "Acepto la iniciativa del Comité Griego: la llama olímpica pasará por primera vez por el centro de recepción de refugiados de Elaionas", dijo Bach entonces. Y subió la apuesta: "No tienen equipo ni bandera que los represente. Tampoco un himno. Los atletas refugiados serán bienvenidos por el Comité Olímpico, bajo la bandera y el himno olímpicos. Serán aceptados en la villa junto al resto de los atletas y hospedados allí. Así, queremos que la atención del mundo se centre sobre ellos", prometió Bach.

La última reunión de comité ejecutivo del COI, celebrada en Lausana (Suiza), estampó sobre el papel la propuesta de Bach y confirmó el equipo olímpico de refugiados. La representación -que podría estar integrada por entre 5 y 10 atletas- contará con un jefe técnico designado por el COI, que también les proveerá entrenadores, médicos y hasta la indumentaria. La delegación marchará en la ceremonia inaugural antes de Brasil, el país organizador. Solidaridad Olímpica, el brazo comunitario del COI, pagará los pasajes de los deportistas y continuará con el apoyo aún después de la cita de Río de Janeiro. En este sentido, el presidente Bach ya había creado un fondo de emergencia de US$ 2 millones para aquellos comités olímpicos nacionales que necesitaran ayuda por la crisis de los migrantes. Hasta el mes pasado, más de 15 comités habían solicitado fondos, y el monto comprometido llegaba hasta 1,4 milones de dólares.

Los comités olímpicos nacionales, además, tuvieron otra tarea durante estos meses: identificar a los atletas refugiados que pudiesen calificar para las competencias. El COI informó que ya cuenta con 43 deportistas en condiciones de integrar la delegación. Esos candidatos, independientemente de su selección para el equipo olímpico, ya reciben ayuda económica para poder competir en sus respectivas disciplinas.

El COI también informó que la delegación del equipo de refugiados se conocerá luego de la próxima reunión de su comité ejecutivo, en junio próximo. "Los criterios de selección incluyen nivel deportivo, identificación oficial como refugiado por parte de la ONU, y su situación personal".

Bach no fue a Takuma, el campo de refugiados de Kenia. Pero hasta allí se desplazó Pere Miro, un director general del COI. El jefe de misión del equipo olímpico keniata, Stephen Arap Soi, acompañó a Miro en su visita. La noticia, reflejada en las páginas del Daily Nation de Kenia, era que 16 de esos hombres y mujeres sin futuro, pero con talento para el deporte, habían sido preseleccionados para integrar el equipo olímpico de refugiados que participará en los Juegos de Río. El presidente del comité de Kenia, Kipchoge Keino, quien también integró la misión, confirmó que entre 3 y 6 de esos atletas quedarán en la delegación final. "La selección es muy competitiva. Se elegirá al mismo número de hombres que de mujeres", indicó. La condición para participar es que no hayan participado en ninguna competencia internacional luego de haber sido expulsados de sus países de origen. "Tenemos que hacer lo posible para asegurar que los atletas que pasen por este campo reciban el apoyo necesario para nutrir su talento y participar en competencias internacionales", prometió Miro.

Luol Deng, alero de Miami Heat, en la NBA, fue uno de los cientos de miles de refugiados que pasó por la arena de Kakuma. A los cinco años, debió dejar su casa en Sudán del Sur entre balas y gritos. El campo hospedó a Deng y a su familia antes de emigrar a Egipto y de allí a Londres. El resto es historia: se transformó en una estrella del básquetbol y firmó contratos multimillonarios. Cualquiera de los miles que duermen, comen y sueñan en un campo de refugiados podría ser como él. Así en Kakuma como en Elaionas. En Kenia, Grecia y media Europa. Para estos deportistas sin suerte, los Juegos Olímpicos representan la oportunidad de su vida. De otra vida.

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