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Alario: "Un gol a Boca queda marcado para siempre"

El N° 9 hizo anotaciones decisivas en su corta carrera en el conjunto millonario, pero aún no pudo marcarle al clásico rival; su presencia le aporta jerarquía al ataque millonario

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PARA LA NACION
Viernes 04 de marzo de 2016
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La embrionaria historia está escrita en borrador. Sólo lleva ocho meses de gestación. Pero su ficticio prólogo invita a imaginar que, con el paso del tiempo, el sano romance agregará nuevos capítulos para contar. A los 23 años, Lucas Alario ha destrozado la teoría de la adaptación que muchos utilizan a la hora de ponerse la camiseta de River y cumple a la perfección la misión para la cual Marcelo Gallardo lo pidió: hacer goles.

Con pinta de yerno perfecto para cualquier madre, el santafecino pasó de ser un ilustre delantero desconocido a un goleador querido y respetado. Desde su arribo al club, a mediados de 2015, rápidamente comenzó a agradecer la confianza del entrenador con goles (lleva 11 en 20 partidos). Sin embargo todavía tiene una pequeña cuenta que saldar: marcar en un superclásico. No es algo necesario para ganarse el cariño de la gente, pero hacer un gol el domingo potenciaría aun más el idilio. "Es especial convertir en un clásico. Un gol a Boca quedaría marcado para siempre, son goles que quedan en la historia; ojalá se dé y podamos ganar, que también va a ser muy importante para seguir levantando de cara de cara a lo que se viene en el semestre", dice ilusionado Alario, quien solo disputó un partido oficial ante los xeneizes (derrota 0-1 en el Monumental), ya que cuando fue el cruce por la Libertadores 2015 todavía vestía la camiseta de Colon.

La exigencia de marcar un gol en el superclásico viaja omnipresente desde la hinchada. Y en el ambiente futbolero que Boca haya cambiado de técnico a días del gran partido suena una rica tentación. Pero Alario, mesurado y con las expectativas polarizadas, acomoda sus ideas de otra manera en su cabeza y ve más allá del presente complicado de su rival. "Nosotros solo pensamos en lo nuestro, no nos tiene que importar como llega Boca. En los clásicos no importa cómo llega cada uno, si viene de perder o de ganar o si arrastra más desgaste o menos desgaste. Este tipo de partido se juega con la cabeza, no tanto con el físico. Es un partido aparte, donde todos van a dar el máximo para ganarlo", asegura Alario, quien el martes despertó preocupaciones al retirarse del entrenamiento con hielo en su rodilla derecha. Pero, según informaron desde el cuerpo técnico, esto lo hace habitualmente ya que tiene una vieja anomalía.

Foto: LA NACION

A pesar de que el equipo está aún en pleno proceso de reconstrucción y de "búsqueda", como describe Gallardo, el buen rendimiento que está teniendo Alario lo vuelven un oasis en medio del desierto futbolístico por el que transita River en el torneo Transición 2016. El muchacho de Tostado, Santa Fe, es una de las principales razones, o tal vez la principal, de que el equipo de Gallardo, a pesar de sus intermitencias, sea uno de los equipos más goleadores del torneo. "Cambiaría varios de los goles que hacemos por ganar partidos, que es lo que importa", dijo.

Sus tantos no sólo engrosan la estadística personal, sino que todos fueron determinantes para ganar partidos y campeonatos; como aquellos que hizo ante Guaraní de Paraguay y Tigres de México, en la semifinal y final de la Copa Libertadores 2015; o el que le marcó al Sanfrecce Hiroshima y llevó a River a jugar la final del Mundial de clubes ante Barcelona. "Es importante hacer goles que ayuden a triunfos, si convertís y el equipo pierde no sirve de nada", aclara Alario, que siempre que anotó goles su equipo no perdió.

Hoy es fácil reconocer su perspectiva: es un goleador confiable. Sobre todo, cuando al equipo no le sobran las luces. Como contra Independiente, cuando se encargó de mantener a River con vida en el Torneo, anotando el 1-0. "Se nos iba a hacer complicado si no ganábamos. Por suerte llegamos al clásico con otras expectativas", admite el delantero, quien en el presente torneo también le marcó a Quilmes (5 a 1) y a Rosario Central (3 a3).

El flaco Alario es un caso atípico dentro de un grupo de delanteros que habitan en el fútbol argentino. Si bien tiene el físico clásico de los nueve de área (alto y potente), también cuenta con virtudes técnicas que optimizan sus movimientos a la hora definir o transportar la pelota con los pies; además, es veloz y generoso. "En lo personal, las cosas me están saliendo muy bien y uno se pone contento. Pero esto es un equipo y lo importante es que nos vaya bien a todos", reflexiona Lucas Alario, el goleador que ahora sueña con ser el héroe en un superclásico.ß

ElIs fLa embrionaria historia está escrita en borrador. Sólo lleva ocho meses de gestación. Pero su ficticio prólogo invita a imaginar que, con el paso del tiempo, el sano romance agregará nuevos capítulos para contar. A los 23 años, Lucas Alario ha destrozado la teoría de la adaptación que muchos utilizan a la hora de ponerse la camiseta de River y cumple a la perfección la misión para la cual Marcelo Gallardo lo pidió: hacer goles.

Con pinta de yerno perfecto para cualquier madre, el santafesino pasó de ser un ilustre delantero desconocido a un goleador querido y respetado por los riverplatenses.

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