Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

La sinfonía de Messi y Barcelona, cerca de superar la era de Pep

Viernes 04 de marzo de 2016
0

MADRID.- Nadie pierde con tanta hidalguía como el Rayo Vallecano. Ya sea de visitante o en su estadio de tres tribunas -tan proletario, tan Nacional B-, estos muchachos con camiseta de River salen a desplegar un fútbol asociativo, todo lo lírico que les sale; tienen prohibido especular; atacan sin importar que los contrarios jueguen para la historia.

Pudo ser un homenaje del destino que fuera justo el noble equipo de Vallecas el que enfrentara al Barça de Lionel Messi, Neymar y Luis Suárez la noche en que se proponía romper el récord español de partidos sin derrotas. Lo consiguió a gusto: estiró la racha invicta a 35, pulverizó el registro de Real Madrid modelo 88

89 y se puso a ocho de la marca mundial que estableció Juventus en 2012. Hace cinco meses que nadie le gana (29 victorias, 6 empates) y se amontonan los goles (107 desde entonces), en su enorme mayoría del trío sudamericano.

Anoche le tocó lucirse a un Messi con aires de solista. Otro hat-trick del rosarino desarboló a un rival atrapado entre el plan audaz de su técnico, Paco Jémez, y la torpeza de algunos de sus intérpretes. El arquero Juan Carlos regaló el primer gol a Rakitic. Dos defensores terminaron expulsados por un árbitro riguroso en exceso que no les perdonó faltas inconducentes. El Rayo es la respuesta viva a la vieja pregunta: ¿qué sería el Barça sin dinero ni estrellas? Pues, esto.

Messi desfilaba a velocidad de crucero mientras los locales se desfondaban con la presión alta, incluso cuando ya se habían quedado con nueve. Terminó 5-1 por piedad.

"El récord no me dice nada. Empezará a importarme cuando se traduzca en títulos", dijo el técnico de Barcelona, Luis Enrique, en su registro habitual, parco hasta en los días de fiesta

Este Barça demoledor -más vértigo que arte- desafía las estadísticas de la era dorada de Pep Guardiola, que en su mejor momento sostuvo el invicto 28 partidos. Luis Enrique enfila hacia la hazaña de superarlo también en campeonatos.

Ya celebró el triplete -Liga, Copa del Rey, Champions- el año pasado. Fue campeón del mundo antes de la Navidad. Y ahora cocina lo que nadie antes en Europa: repetir las tres coronas en años corridos.

Tiene el torneo local en el bolsillo, con ocho puntos de diferencia de Atlético de Madrid. Sevilla lo espera en la final de la Copa del Rey. Y va encaminado hacia el objetivo más complicado y sin precedente de defender el título en la Liga de Campeones.

La temporada pasada sobrevivió 33 partidos sin recibir goles y ganó 50 de los 60 partidos que disputó. Este año lleva 32 victorias, 7 empates y 2 derrotas (contra el Celta y el Sevilla). En los primeros 100 duelos de Luis Enrique como técnico , Barcelona ganó 80, empató 11 y perdió 9 encuentros, con 282 goles a favor y 72 en contra. La marca de Guardiola es 71-19-10 (242-76 en goles).

Si aquel Barça abrumaba con el dominio y la posesión de sus medios, éste mata con transiciones electrizantes y la eficacia sobrehumana de su delantera. En total, suman desde agosto 96 goles entre Luis Suárez (41), Leo Messi (33) y Neymar (23).

El argentino es uno de los hilos que conectan las dos etapas gloriosas del Barça en el siglo XXI. Cinco Balones de Oro, 26 títulos, máximo anotador en la historia del club (445 sin contar amistosos), el jugador con más tantos en clásicos con Real Madrid (21).

Anoche marcó el 2-0 después de coronar una coreografía de pases exquisita con Neymar. Para el 3-0 le bastó con un empujar una pelota suelta en el área chica. Descontó el Rayo a puro toque, pero enseguida Messi volvió a apagar la ilusión en Vallecas en un mano a mano sobre el arco del paredón. Lo aplaudían los vecinos amontonados en los balcones de los edificios que dan a la cancha. Se permitió cederle un penal a Suárez, que volvió a errar. Como si lo fácil fuera lo único imposible en este equipo.

El otro eje insustituible es Sergio Busquets, puro oficio, la bisagra que facilita el milagro. "Si pudiera reencarnarme en un jugador, sería Busquets", suele decir Luis Enrique. Ni Messi ni Neymar.

El "5" volvió a dar cátedra de ubicación, templanza y precisión contra el Rayo de Jémez, un guardiolista de alma que lo sueña en su equipo.

Hay que reconocerle a Jémez su valentía de tintes suicidas. "Vamos a jugar un fútbol espectacular", había advertido antes del partido. De a ratos lo cumplió. Lástima que cuente tanto el resultado. Era su octavo choque contra el Barcelona como técnico rayista: los perdió todos, sufrió 36 goles y sólo celebró -es un decir- 5.

En el estadio de Vallecas, contra el bueno de Jémez, el Tata Martino descubrió lo cruel que sería su experiencia en el Barça: ganó 4-0, pero lo bombardearon a críticas porque el Rayo lo había superado -¡ay!- en la posesión, 51% a 49%.

A Luis Enrique no lo auditan con esas variables. La persistencia en el triunfo hace aburrido cualquier debate ideológico.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas