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Guillermo, el DT que pone en jaque la gobernabilidad de Tevez

LA NACION
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Cristian Grosso
Viernes 04 de marzo de 2016 • 22:50
Foto: AP
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No tiene sentido discutir quién es el 9 de Boca. Sencillamente porque Boca juega sin 9. Y no lo tendrá hasta que contrate a alguien para la temporada 2016/17. El último centroatacante auténtico se marchó con la desprolija transferencia de Jonathan Calleri. Chávez prefiere atropellar por las bandas. Osvaldo confía tanto en su sensibilidad que desciende para participar en los momentos previos al cañoneo. Boca no apostó por ningún juvenil, coherente con su política de arruinar proyectos.

Entonces aparece Tevez. Pero Tevez no quiere jugar de 9. Huye del puesto. Hay que remontar más de una década para descubrirlo como el voraz goleador del equipo olímpico de Bielsa que ganó el oro en Atenas. Bien de 9, asistido por afuera (Chelito Delgado y Rosales) y enriquecido por volantes interiores como D'Alessandro y Lucho González. Pasó el tiempo. Demasiado. Tevez reinventó su carrera, siempre con la complicidad popular porque la gente ve en él algo de superhéroe. En la selección no encuentra lugar como 9 porque Higuaín y Kun Agüero todavía conservan la jerarquía que reclama la élite. Ya no se atreve a discutirles el puesto porque pierde, entonces retrocede y sueña con un puesto que nadie le reserva. Difícil convivencia.

Pero como en Boca se mece en el confort de los indiscutidos, elige tomar las decisiones en el eje creativo antes que resolver en el área lo que piensan otros. El patrón del equipo también debe ser el cerebro para legitimar el liderazgo. Entonces se retrasa, el área es tierra de nadie y Boca agiganta su aridez goleadora. Pero llegó Guillermo y rápidamente aclaró que necesita a Tevez más arriba, al menos merodeando el arco rival. Podría haber esperado Barros Schelotto, pero desenfundó primero. Al santuario xeneize regresó otra leyenda y la gobernabilidad de Tevez por primera vez cruje. Boca reclama un plan, no salvatajes épicos. Dos mitos tras la pista de los goles. La resonancia del superclásico reclama coincidencias en el Olimpo xeneize.

cg/ae

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