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Playboy, la criatura que muda su piel

La mítica y controvertida revista creada por Hugh Hefner deja de publicar desnudos. No es un triunfo del feminismo, explican, sino un cambio en el mercado: no puede competir con Internet. El plan es seguir haciendo buen periodismo

Conejitas en Londres: promotoras de la revista reciben el avión privado de Hefner
Conejitas en Londres: promotoras de la revista reciben el avión privado de Hefner.
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LA NACION
Domingo 06 de marzo de 2016
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NUEVA YORK

"Esta es la única imagen topless que podrá ver en esta revista", dice una propaganda de cerveza en la contratapa de la Playboy de este mes. Es un juego de palabras en inglés: top less también significa sin la tapa y lo que muestran es la foto de una botella ya abierta.

Es también el único intento de humor que se puede encontrar entre sus páginas. ¿Sexo? "No me horrorizaría de encontrarla en las manos de mis hijos. Y ellos ni siquiera se tomarían el trabajo de esconderla debajo del colchón en casa", resume una mamá de dos varones (¡en preescolar y primaria!).Acaba de salir a la venta la nueva edición de la revista del conejito, que con bombos y platillos se anunció que no llevará más sus célebres desnudos. Para muchos aquí, es como si McDonald's dejara de vender hamburguesas o Bob Dylan se pasara para siempre a la guitarra eléctrica. Las reacciones fueron de una melancolía más generalizada de lo que se podría suponer, aun para quienes uno no imaginaría ni remotamente fanáticos del producto original.

Mi amiga con la que estamos hojeando el número que recién llegó a los quioscos, por ejemplo, es el emblema de la corrección, vive en Park Avenue, sus hijos van al colegio de varones más exigente. Imaginé que iba a tener algún tipo de alegría políticamente correcta, después de todo estamos en la ciudad donde Gloria Steimen -quien en los 60 se hizo pasar por conejita para escribir denunciando la experiencia-, le dijo a High Hefner que "una mujer leyendo Playboy se siente como un judío leyendo un manual nazi". La polémica dura hasta nuestros días.

Recientemente, Jennifer Lena, socióloga y profesora de la Universidad de Columbia, declaró que el fenómeno Playboy era una forma de encasillar la sexualidad de las mujeres y un impedimento al progreso. Pero, en general, el sentimiento en la Gran Manzana en este comienzo de 2016 es que se trata de un símbolo más del fin de una era de cierta personalidad en el periodismo, aun para aquellos que no han comprado Playboy desde que Marilyn Monroe fue la chica del mes, hace 63 años.

Hasta para quienes jamás compraron la revista, el mero acto de pedírsela al quiosquero tenía algo de excitante y secreto como parte del imaginario popular. La experiencia ahora no podía ser más distinta. Al vendedor de mi esquina le pregunto dónde encontrarla, y su respuesta es muy elocuente del cambio: "Entre More y Bon Apetit", responde. More es la revista para señoras mayores, con temas que pueden ser Cómo mantener la piel fresca tras la menopausia. Bon Apetit es la Biblia gourmet. En los Estados Unidos se habla mucho del food porn, las fotos de comida retocadas para que sean exageradas como una fantasía inalcanzables. De hecho, cualquiera de las tortas de chocolate de cinco capas con extra crema de sus páginas resulta mucho más decadente y sensual que las chicas de la revista que finalmente me entregan.

"Hefner siempre tuvo un acercamiento al sexo y la desnudez bastante conservador", dice Carrie Pitzulo, que escribió un libro sobre la revista
"Hefner siempre tuvo un acercamiento al sexo y la desnudez bastante conservador", dice Carrie Pitzulo, que escribió un libro sobre la revista.

En la tapa de Playboy de marzo está Sarah McDaniel, una celebridad de Snapchat e Instagram. Pero como hay que explicarlo, no queda tan claro cuán célebre es. Tiene un ojo de cada color que la hace interesante. La chica del mes es Dree Hemingway, que tiene un apellido que la hace interesante. Ambas son flacas con cara de hambre y ojos tristes, y posan entre gruesas sábanas, tras una cortina de baño con mucho vapor o caminando entre pastizales en imágenes semiborrosas. Uno de los grandes problemas de Playboy era que las imágenes de mujeres con cuerpos pulposos editadas hasta sacar toda imperfección la hacían lucir muy pasada de moda, con una estética cuya fecha de vencimiento era de hace tiempo. Como contracara, las nuevas imágenes parecen de fotoperiodismo cotidiano, sin ningún retoque, pero al mismo tiempo sin ninguna magia ni promesa de escapismo. Íntimo, crudo y espontáneo, define la revista a su nuevo estilo visual. Si los hombres estarán dispuestos a pagar casi ocho dólares por ello en vez de entrar gratis, justamente, en Snapchat o Instagram para ver ese tipo exacto de fotos está por verse.

Grandes plumas

Playboy nunca fue puramente dedicada a las chicas desnudas, si bien muchas de ellas, de Marilyn a Farrah Fawcett o Cindy Crawford, se volvieron referencias inevitables en la cultura popular. La foto de la modelo Elaine Reynolds de octubre de 1959 aparecía, por ejemplo, en una escena famosa en La sociedad de los poetas muertos. Hasta una de las ejecutivas de Enron y Marge Simpson se lucieron en Playboy, como si ninguna figura femenina estuviera fuera del alcance de la revista. "La compro por los artículos, era un lugar común que se escuchaba. Seguramente muy pocos la compraban por los artículos en los 60. Pero después de mostrar las chicas desnudas, Playboy sí daba la posibilidad extraordinaria de encontrarse con algunas de las grandes plumas", subraya a La Nación revista Carrie Pitzulo, autora de Bachelors and Bunnies: the Sexual Politics of Playboy. Desde Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, hasta cuentos cortos de Margaret Atwood, pasando por entrevistas sesudas con Jimmy Carter o Martin Luther King Jr., Playboy frecuentemente estuvo en la avanzada. "Playboy fue la primera vez que algo pudo llamarse una revista literaria tanto como una revista para la masturbación", resumió Gay Talese, quien escribió sobre Playboy en su libro de 1981 sobre la revolución sexual, La mujer de tu prójimo.

Y en cuanto a autores, la nueva Playboy se tomó la herencia muy en serio. El flamante número tiene un largo ensayo sobre la sexualidad moderna a cargo de Bret Easton Ellis, el autor de American Psycho, que parece fundamental en cualquier publicación que pretenda ser urbana y sin miedo a escandalizar con la crudeza de las descripciones de los fenómenos de consumo. James Franco, el actor que además de espléndido es conocido por ser oficialmente el chico culto de la industria, tiene su columna. Y como nada es serio y masculino sin un escandinavo, está el escandinavo del momento, Karl Ove Knausgård, que en estos días publica en los Estudos Unidos el quinto volumen de su densa autobiografía Mi lucha y cuya especialidad es, según la revista, hacer "alto drama a partir de la banalidad de la existencia cotidiana". Pero también hay un artículo central de sexo sobre los dispositivos intrauterinos, y las entrevistas son con Rachel Maddow, la presentadora de televisión de causas progresistas, y a las protagonistas de la serie que explora el grotesco en el humor femenino, Broad City. No desentonarían en Jezebel, la mítica revista de feminismo radical y, de hecho, su ex secretaria general de redacción es una de las firmas de relieve.

¿Cómo se llegó hasta aquí? En una entrevista con The New York Times, que fue el medio que obtuvo la primicia del fin de los desnudos, los ejecutivos de Playboy reconocieron que la revista había caído presa del propio monstruo que Hugh Hefner, su fundador, ayudó a liberar más de medio siglo atrás: la demanda de material (pornográfico o semipornográfico según a quien se le pregunte), ahora en la era digital. "Hoy uno está a un clic de distancia de todo acto sexual imaginable", reconoció Scott Flanders, el director ejecutivo de Playboy. Poner chicas desnudas ya resultaba, entonces "muy passé en este momento".

"La decisión de Playboy de eliminar las chicas desnudas muestra cómo Internet acabó con las medias tintas -explica a La Nación revista Amanda Foreman, productora de la serie de la BBC El ascenso de la mujer, a punto de estrenarse-. No hay ninguna victoria feminista en esta movida, sólo la aceptación de que el mercado cambió y la supervivencia significa adaptarse a las nuevas realidades."

Foreman subraya que a la pornografía hardcore le está yendo muy bien, así como la explotación y esclavitud sexual. "Se puede hacer plata en lo que es barato, perverso y degradante para la mujer. Para todos los demás es muy difícil llegar a fin de mes. Es irónico, pero puede llegar un día en el que las Playboy a la vieja usanza representarán una era más gentil y menos misógina", concluye.

Si esto significa que Playboy está a salvo de la ira de ciertos sectores del feminismo es otra de las cosas que está por verse. Depende mucho de cuánto se considere que Playboy (y no las otras publicaciones más agresivas que originó según se puede argumentar) fue uno de los villanos de la revolución sexual.

"Playboy va a tener que cambiar su título, su corazón y sus células grises para poder expresar la humanidad completa de hombres y mujeres", sostuvo Steimen frente a las novedades.

Pero aun mirando para atrás, otros insisten en que no hay que demonizar sin más a la publicación en cuanto al progreso de las mujeres. "Ideológicamente el hedonismo central al estilo de vida Playboy no hubiera sido posible sin mujeres libres para vivir y amar como quisieran", escribió Pitzulo en el Journal of the History of Sexuality. Para la columnista de The Guardian, Clem Bastow, en síntesis: "el feminismo y la liberación femenina fueron buenos para la marca Playboy".

Pitzulo va más allá en su defensa de la revista. "La decisión de Playboy a primera vista es shockeante, pero si uno toma en cuenta la historia de la revista es más comprensible. A pesar de su reputación personal, Hugh Hefner siempre tuvo un acercamiento al sexo y la desnudez en Playboy bastante conservador. Quería retratar a la chica de al lado, buena y repetable, pero que le gustaba el sexo. Siempre intentó mantener a la revista atada a esta idea. A comienzos de los 70, cuando el porno se volvió mainstream en los Estados Unidos y Playboy encontró legítima competencia en Penthouse y Hustler, se vio forzado a poner fotos más explícitas, pero Hefner impidió llegar a los extremos de las otras publicaciones. Insistía en que se mantuviese la reputación de ser la revista de sexo con clase."

Lo primero que se volvió con clase, o más bien con mucha clase en esta nueva era fue, curiosamente, la edición online de Playboy. Al eliminar los desnudos en la versión digital, Playboy.com se volvió safe for work, es decir que la página no podía traer problemas de ser vista en una computadora pública en el trabajo. La movida comenzó en agosto de 2014 y fue una jugada maestra. Según datos de la compañía, las visitas aumentaron 400 por ciento. Al mismo tiempo, la edad promedio de los visitantes bajó de 47 a 30 años, un grupo demográfico mucho más deseable para los anunciantes.

En cuanto a la revista impresa, una edición de la Playboy estadounidense de noviembre de 1972 llegó a vender siete millones de copias. La circulación promedio en 1975 era de unos 5,6 millones. Antes de los cambios, en los Estados Unidos Playboy había pasado a vender 800.000 ejemplares, lo cual significa una pérdida anual de tres millones de dólares.

Según trascendió, Hefner no se opuso a la eliminación de las chicas desnudas en el intento de salvataje de la revista -aunque si intentó mantener la sección de chistes de salón, pero en una era políticamente correcta siempre iban a tener los días contados-. "Tan sorprendente como puede resultar, y aunque parezca el fin de una era, la decisión del fin del desnudo de hecho se nutre de la historia de la revista. No van a convertirse en algo porno radical para competir con el status quo de 2016. En vez de eso, van a intentar resaltar lo que la hizo una revista respetable y con influencia en la década del 60: la palabra impresa, no las fotos", sostiene Pitzulo.

Y si nada de esto funciona, siempre se puede volver atrás. Así ocurrió con las famosas chicas en topless de la página tres del tabloide británico The Sun, que desaparecieron por un tiempo con gran triunfalismo en ciertas filas feministas que le habían declarado una guerra sin cuartel, sólo para volver. "En lo que Rupert Murdoch lidera el camino, Hugh Hefner sigue", se burlaba la prensa británica, en referencia a los dueños de los medios, ambos conocidos como viejos zorros o visionarios según a quién se le pregunte (y además con experiencia: Murdoch tiene 84 y Hefner cumple 90 en abril próximo).

Pero si la novedad de las chicas retratadas de manera más pudorosa se mantiene y hay lectores a los que no les convence para nada la nueva estética de la revista, tampoco es para desesperar. Según se informó hasta ahora, las ediciónes internacionales mantendrán a las chicas sin ropa y sin mayores cambios.

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