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Marcelo Elizondo: "Venimos de años en que las cosas eran muy oscuras"

El director de DNI destaca la tendencia hacia la internacionalización de los negocios: en 1980 el mundo exportaba 17% de su producción; en 2015, 40%.

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LA NACION
Martes 08 de marzo de 2016
Marcelo Elizondo, director ejecutivo de Consultora DNI
Marcelo Elizondo, director ejecutivo de Consultora DNI. Foto: Archivo
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Acostumbrarse (¿o resignarse?) a que hacer las cosas de una determinada forma es la vía natural para resolver algo no significa que esa sea la mejor manera. Marcelo Elizondo cree que hay que "darle un tiempo de adaptación" al nuevo gobierno porque "venimos de muchos años en los que las cosas eran muy oscuras y poco previsibles". El director de la consultora DNI reflexiona: "A veces uno se acostumbra a que el mecanismo adecuado era el que había antes, cuando había que golpear una puerta, esperar a que te atiendan y te digan si o no. Ojalá que con una institucionalización mayor y una adaptación de las condiciones de trabajo a criterios que usan países vecinos se logre más previsibilidad. Lo más importante para operar en comercio internacional es tener simplicidad, baja aleatoriedad y acceso a recursos".

-¿Estamos en tiempo de ajuste?

-En tiempo de correcciones. La Argentina está corrigiendo varios asuntos, como las tarifas de los servicios. Hay un programa anunciado por el Gobierno para corregir el déficit de presupuesto que es gravoso. Hay una reforma de la política monetaria que tiende a ser bastante más contractiva. Todo dirigido hacia buenos resultados como son bajar la tasa de inflación y ordenar la macroeconomía, pero alguien tenía que hacerlo.

¿Qué impacto tienen las nuevas reglas de juego comerciales (como el reemplazo de las DJAI por licencias automáticas y no automáticas) y la política de reinserción internacional del país en los operadores locales?

-El comercio internacional tiene dos vías: emisivo y receptivo. En exportaciones, lo primero que hay hacer es ordenar los pilares básicos: tipo de cambio, eliminación de retenciones, ROE (Registro de Operaciones de Exportación) y todo tipo de autorizaciones exigidas para vender. Eso, por suerte, ya está en orden. Además hay una planificación de cierto ordenamiento de la tasa de inflación y el déficit de presupuesto con un plan interanual.

Pero hay cosas que no ocurren de un día para el otro. La Argentina tiene asignaturas pendientes desde hace muchos años. En primer lugar, mejorar la tasa de inversión del sector privado de modo de generar atributos competitivos que permitan insertarse en el mundo en base a valores, virtudes y calidades. La tasa de inversión en el sector privado en la Argentina no llega a 20 puntos del PBI, es la más baja de la región.

-¿Por qué no invierte el sector privado?

-Creo que la principal responsabilidad es de las políticas públicas. El sector privado no ha invertido por distintos motivos. En primer lugar, aun cuando se tomen decisiones racionales, si el ámbito en el que actúan es de alta inestabilidad, el resultado puede ser inadecuado. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es cambiar el marco de referencia. Siempre digo que hay cuatro valores centrales que tienen que darse en el ambiente de negocios: estabilidad, simplicidad, baja aleatoriedad y acceso a recursos.

-¿Acceso a recursos humanos capacitados, a recursos naturales e insumos o a recursos para una financiación adecuada?

-La historia reciente de la Argentina muestra tres grandes problemas en el acceso a recursos. El primero es el acceso a insumos y bienes de capital importados. Los límites a las importaciones afectaron mucho la tasa de inversión. El segundo es el acceso a financiamiento. Y el tercero, el acceso a recursos humanos calificados. Muchos de quienes podrían poner en marcha procesos de desarrollo de negocios con un objetivo de internacionalización no lo han hecho porque temen no encontrar recursos humanos calificados para mercados internacionales que son cada vez más exigentes. Eso también es una asignatura pendiente para la nueva administración, pero no quiero ser muy ansioso. Hay que admitir que hay una nueva agenda y que está muy bien enfocada, el tema es que hay muchos años de cosas pendientes.

-¿Cómo es la radiografía actual de las empresas que operan en comercio internacional en el país? ¿Cuál es la brecha entre lo que quisiéramos hacer y lo que podemos?

-La foto que tenemos de 2015 (es posible que este año ese escenario cambie por las modificaciones macroeconómicas) muestra que en la Argentina hay muchos que exportan muy poco, y pocos que exportan mucho. Hay alrededor de 7000 firmas que exportan regularmente -históricamente ese número fue de casi 14.000-. Según la OMC, la Argentina es junto con Paraguay el país de la región con menos proporción de empresas exportadoras.

Apenas 15 empresas venden al exterior más de US$1000 millones por año; entre 80 y 90 firmas, más de US$100 millones, y luego hay un conjunto enorme de empresas que exportan poco. En el país, 50 empresas explican más de un tercio del total de las exportaciones. Las ventas están concentradas en un puñado de firmas. Esto tendió a corregirse después de la gran devaluación de 2002, cuando hubo una enorme cantidad de pymes que empezó a exportar, pero en los últimos años muchos dejaron de hacerlo por problemas de costos y de pérdida de competitividad. Esas dificultades lesionan la competitividad sistémica y están vinculadas con las bajas tasas de inversión, con las dificultades para hacer planes a mediano y largo plazo.

-¿Es viable cambiar ese modelo?

-Hay que hacerlo. La tendencia es hacia la internacionalización de los negocios. En 1980 el mundo exportaba el 17% de lo que producía; el año pasado, el 40%. Es necesario exportar e importar. Argentina tiene una economía más internacional de lo creemos. Hay 500 grandes empresas que explican algo más de la mitad del PBI, y de ellas, dos tercios son extranjeras operando aquí, por lo que hay flujos de capitales, importación de bienes, insumos y conocimiento. Es necesario exportar e importar más. La Argentina es el quinto principal exportador de la región cuando supo ser el tercero. En los últimos años nos superaron países como Chile, con una economía mucho más chica que la nuestra. Tenemos que tener más exportadores y que exporten mayores volúmenes.

Como la Argentina es un país de pymes probablemente deba encontrar un modelo de promoción y desarrollo equivalente al que pusieron en marcha otros países que insertaron su economía en el mundo a través de pymes. Italia e Irlanda son dos buenos ejemplos. En ese sentido una opción son los modelos de consorcios y asociaciones virtuosas que permiten generar escala y volumen. Modelos vinculados con la especialización y la calidad -y no con los menores costos, porque nunca podremos competir en ese tema con países asiáticos-, son los que nos permitirían mejorar la plataforma de exportaciones. Pero eso requiere de cambios en las políticas públicas, en el mecanismo de incentivos, en las negociaciones internacionales. Es una carga muy gravosa tener empresas que pagan aranceles para entrar en mercados en los que tus competidores no pagan nada. Las firmas chilenas acceden a 62 mercados y a más de 4000 millones de consumidores sin pagar aranceles gracias a los acuerdos comerciales; las argentinas, a 11 mercados de menos de 500 millones de consumidores.

Eso también influye para que una empresa tome la decisión estratégica de salir al mundo o se retraiga, decida mantener su negocio chiquito y en vez de planificar una inserción internacional haga lobby ante el gobierno para que mantenga barreras que la protejan de la competencia con productos importados. No es un tema ideológico, es acompañar la tendencia mundial. Los países que lo están haciendo han tenido grandes progresos económicos, políticos, y sociales. La tasa de desempleo en los países más abiertos de Latinoamérica como Chile o Perú es más baja que la de sitios más cerrados, como la Argentina.

-¿Qué pasa si un país decide no sumarse a la tendencia?

-Se pierde de mejorar la calidad de sus productos y del empleo, y de recibir inversión, entre muchas cosas.

Por supuesto que acompañarla tampoco es gratis, genera costos como cualquier decisión, pero los beneficios son mayores. La Argentina está a tiempo de corregir el rumbo de aislamiento que tuvo en los últimos años y que generó un saldo negativo. El mundo cambia de manera tan vertiginosa que todo lo que parece lejano se acerca rápidamente, y los procesos de cambios vertiginosos son incómodos. Uno está acostumbrado al statu quo y someterse a cambios genera incomodidades. Además, en muchos casos, aun cuando decidieras adaptarte al cambio el proceso de adaptación es más lento que la evolución tecnológica que ocurre a nivel mundial. De todas formas, el cambio ocurre.

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