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El mes del deseo por hacer y proyectar

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LA NACION
Domingo 06 de marzo de 2016
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Los antiguos romanos y los argentinos tenemos algo en común. Para los descendientes de Rómulo y Remo, hasta que Julio César impuso su calendario juliano en el 46 antes de Cristo, el año comenzaba en marzo. Nosotros nos regimos por el calendario gregoriano, que indica, claro, que enero es el primer mes del año. Pero siempre dispuestos a postergar lo inevitable, preferimos, por razones culturales, que no del almanaque, que el año realmente empiece ahora, en marzo, el lunes de todos los meses, el que tiene mala fama porque marca el fin del verano y del descanso, que preferiríamos eterno, pero el que también por algún designio divino nos influye de una energía -que no volveremos a tener en el año- para empezar a andar y a proyectar.

Es ahora cuando los gimnasios se llenan de voluntariosos inscriptos decididos a encarar de una buena vez la rutina de actividad física que les permita llegar en mejor forma al próximo verano. Es este el momento en que todo tipo de cursos -de fotografía, cocina, pintura u origami- se colma de ansiosos alumnos dispuestos, ahora sí, a dar vía libre a su vocación oculta. Es ya cuando el ansia de renovarse desborda las agendas de los decoradores y las inmobiliarias registran hasta 30 por ciento más operaciones que en otro mes del año. Como los romanos, en marzo queremos despojarnos de lo viejo. Para ellos, los idus eran los días de buenos augurios de cada mes, que en general caían los días 15, y en marzo, el más festivo de todos, hacían coincidir con él las Mamuralias, una antigua celebración que consagraba el chivo expiatorio. Consistía en llevar fuera del pueblo a un anciano vestido con pieles de animales y golpearlo, lo que simbolizaba la expulsión del viejo año. Entre nosotros, los idus de marzo, coincidiendo con el fin de las vacaciones, traen consigo un aumento de separaciones y divorcios: hasta 25 por ciento más que en otros meses.

Lo que sí es un invento nuestro es que el año termine hacia octubre o noviembre: lo que no se concrete hasta entonces, deberá esperar a marzo. Así que es este mes también cuando en las empresas terminan de aprobarse los presupuestos, se reanudan los proyectos postergados y se elaboran los planes para el año. La política vuelve asimismo a su apogeo: el Congreso reanuda sus sesiones, las paritarias alcanzan su punto culminante y, para los nuevos gobernantes, la luna de miel que el verano arropó se torna menguante.

Pasado marzo, la energía de renovación empezará a ceder a la rutina, los gimnasios recibirán a los mismos de siempre, y a los cursos y talleres varios asistirán los más persistentes. El resto se resignará al aplastante monstruo de la inercia mientras esperará a octubre para decir: "lo vemos en marzo".

Pero mientras dura, a celebrar como los romanos el deseo de hacer y proyectar. ¡Feliz año nuevo!

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