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Escuelas rurales: el desafío de enseñar en zonas inhóspitas y sin recursos

Aislados en muchos casos, hay maestros que, de acuerdo a su orden de prioridades, reclaman desde hace años la construcción de caminos para poder llegar a la escuela y recibir a los alumnos; aún no han podido iniciar el ciclo lectivo

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LA NACION
Lunes 07 de marzo de 2016 • 10:45
Cecilia Funes, Alejandra Vivar, Mercedes Ragne, Claudia Aguirre y Fernando Cruz Cano, de visita en Buenos Aires por una capacitacón
Cecilia Funes, Alejandra Vivar, Mercedes Ragne, Claudia Aguirre y Fernando Cruz Cano, de visita en Buenos Aires por una capacitacón. Foto: LA NACION / Santiago Cichero / AFV
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En Salta también hubo acuerdo y la paritaria docente que logró cerrarse aseguró el inicio de clases en la provincia. Aunque para ser rigurosos, el lunes pasado hubo 13 chicos que deseaban reencontrarse en el aula con su maestro y no pudieron llegar a la escuela, una pequeña institución rural en una zona inhóspita denominada como clase B: sin caminos, en cerros pre-cordilleranos y pura tierra colorada.

"Llovió mucho y está todo anegado. Aún es imposible el reencuentro con mis niños. Es que estamos en una zona de montaña, aproximadamente a 3500 metros sobre el nivel del mar, y todas las lluvias que vienen desde el Sur o Este del país quedan en estos cerros pre-cordilleranos. Son dos ríos los que hay que atravesar en el camino y ahora con el gran caudal de agua es más peligroso", cuenta a LA NACION Fernando Cruz Cano, maestro y director de la escuela albergue Mujeres de Acero en la Gesta Güemesiana, en la localidad Los Cardones, Salta-. Para llegar a la escuela, Fernando divide su ruta en dos tramos: "hasta donde llega la moto", y "las siguientes cinco horas de caminata" por cerros altos y de huella angosta, tierra colorada, zonas de cornisas y dos ríos que cruzar (el Huasamallo y Los Cardones), lo que impide por estos días que Fernando pueda pararse frente a la clase y darle la bienvenida a sus alumnos. El ciclo lectivo 2016 para ellos aún no arrancó. Y como para justificar las faltas, Defensa Civil le dio a Fernando un certificado: "Zona intransitable".

No hay caminos, ni señal de celular, ni WiFi. Viven aisaldos, y como cada año que inicia, el pedido de este maestro -que desde hace 29 años dicta clases en zonas inhóspitas- se repite: "Llegar a un acuerdo paritario es justo, pero lo que más necesitamos nosotros es un camino para que nadie tenga que andar tanto tiempo a pie para llegar a sus casas, su trabajo o su escuela; para que mis alumnos puedan mostrarse ante otras comunidades; para que nuestros estudiantes no tengan que mojarse hasta la cintura al atravesar ríos. Es penoso, pero no es un impedimento para seguir enseñando, y como maestro creo en lo que me dijo hace poco Bernardo Blejmar [experto en educación, maestro y consultor] durante una capacitación en Buenos Aires: 'Si hay algo que podemos hacer es incidir de forma positiva con buenos actos'.Y eso intentamos todos los días".

Cecilia Funes, Alejandra Vivar, Mercedes Ragne, Claudia Aguirre y Fernando Cruz Cano, de visita en Buenos Aires por una capacitacón
Cecilia Funes, Alejandra Vivar, Mercedes Ragne, Claudia Aguirre y Fernando Cruz Cano, de visita en Buenos Aires por una capacitacón. Foto: LA NACION / Santiago Cichero / AFV

Capacitarse en vacaciones

Como el resto de los 22 directores y 18 supervisores de escuelas rurales que participaron de la última capacitación de verano del Programa Sembrador, organizado por la Fundación Bunge y Born y Pérez Companc, Fernando le restó días a sus vacaciones -y también a su esposa a la que sólo ve los fines de semana durante el año- para venir a capacitarse. Y al igual que sus colegas él cree que la posibilidad de compartir experiencias con otros, tener más elementos para organizar la escuela y adquirir nuevos recursos pedagógicos es algo enriquecedor. "La realidad de cada escuela es distinta, y todos tenemos nuestras preocupaciones, pero saber de qué manera enfrentan los demás sus obstáculos aporta nuevas ideas".

De lunes a viernes, Fernando vive en la escuela. Todos los días, de 7 a 21, el maestro cumple varios roles: da clases a los chicos, los atiende en sus necesidades cotidianas como lo haría un padre, almuerza y cena con ellos, organiza juegos, actividades deportivas y les lee un cuento antes de ir a dormir. Pero hay algo que a Fernando le preocupa, y trabaja duro para que todo el grupo tenga su autoestima bien alta. "A veces me dicen: 'Maestro, yo no quiero hablar porque me da vergüenza, yo no sé'. Y ellos sí saben, sí que tienen capacidad para comunicarse, aprender y relacionarse con otros fuera de su comunidad. Pero necesitan más confianza en sí mismos".

Más tarde, a partir de las 22 y hasta la 1, Fernando aprovecha su tiempo libre para "hacer otro tipo de documentación de la escuela, cuestiones más administrativas pero también importantes, como tener al día todos los requisitos para recibir de parte del gobierno provincial las bonificaciones correspondientes por distintas "líneas": de personal único, de combustible, y hasta de movilidad, y no es una ironía. "Como no podemos ir a ningún lado porque no tenemos caminos aprovecho esa plata para comprarle zapatillas y calzado a los alumnos. Hasta la supervisora de la zona me increpa: 'Fernando cuándo van a hacer los caminos porque yo quiero conocer la escuela'".

De 4 a 15 años, todos en el aula

Alejandra Vivar es directora de la Escuela Monte Dinero, la más austral del continente, que inauguró hace apenas un año a 120 kilómetros de Río Gallegos. De modalidad plurigrado (el 40 % de las escuelas rurales presenta este formato) Alejandra es "personal único" y dicta clases a seis alumnos, todos hijos de empleados que trabajan en una estancia. "En el plurigrado hay que aprender a la par del otro, en la diversidad. Y eso tiene sus cosas buenas y malas. Es muy lindo ver cómo aprende el más pequeño del más grande, pero siempre estoy sintiendo que le dedico más a unos que a otros. Y que eso no es justo. Seis chicos pueden parecer muy poco, pero cuando las edades van de los 4 a los 15 años y además de enseñarles también hay otras cuestiones, como atenderlos si están enfermos, es difícil -confiesa-. Yo era maestra en Río Gallegos, y mi familia apostaba a que no duraba más de 15 días en el campo, y creo que fue la mejor decisión de mi vida".

Según el último reporte educativo de la Fundación Bunge y Born, los alumnos del sector rural representan, aproximadamente, el 11 por ciento de los alumnos del sistema educativo total pero, en total de escuelas primarias del país, más del 40 % son rurales. La explicación es que hay muchas escuelas pero con muy baja matrícula, incluso con un solo alumno. Por ejemplo, mientras que en el sector urbano, de 1° a 6° grado, hay en promedio 202 alumnos por institución, en el ámbito rural esta proporción disminuye el 75 %, y es de sólo 50 alumnos.

De visita en Buenos Aires para la misma capacitación, María Cecilia Funes "Tachi", es supervisora de 16 escuelas rurales, en Tupungato, Mendoza. Su vocación, dice, "es más bien genética". Sus padres fueron fundadores de la Asociación de Maestros Rurales Argentinos, y desde hace treinta años ella también enseña en medio del campo. Desde que tiene recuerdo, cuando empezó, en 1987, la perspectiva de la situación no ha cambiado mucho. "Me inquieta que el federalismo siempre estuvo y sigue estando acá nomás, a un par de cuadras -dice durante la entrevista en un edificio histórico del microcentro porteño- Todo se centra en Buenos Aires, y yo creo que los gobiernos deben trabajar de una vez por todas para que los chicos cuando crecen no quieran irse de su tierra. Que tengan las mismas oportunidades que en la ciudad, que el campo les de trabajo, les permita progresar y desarrollarse, que amen su lugar y no quieran irse. Pero sucede todo lo contrario, y en tanto la educación rural siga siendo considerada una "modalidad" no vamos a tener éxito".

Claudia Aguirre es chaqueña, y de su experiencia en Buenos Aires lo que más desafiante fue el viaje en avión, por primera vez en su vida. "Bajé con mi bolso, mi porta termo y no sabía para donde ir. Estaban todos tan apurados que no me daba tiempo a preguntarle a alguien dónde tenía que retirar mi valija -cuenta sonriente- Creo que nunca presté tanto atención en mi vida como en ese aeropuerto. No tenía idea para dónde ir".

Salir de la zona de confort

Claudia es directora, desde 2012, de la escuela Ejército de los Andes, en Pampa del Indio, Chaco, y aunque es de modalidad plurigrado hay 14 docentes y 120 alumnos. "Hace algunos años quise salir de mi zona de confort y me fui a una escuela más alejada, no tan aislada como la de Fernando [se ríe], pero de todas formas era algo a lo que yo no estaba acostumbrada. Y fue difícil. Las situaciones familiares y los contextos sociales son complejos. Había muchas madres que mandaban a sus hijos con los hermanitos chiquitos porque no tenían con quién dejarlos. 'De oyente', me decían. Y uno tiene que poder atender todas esas situaciones, enfrentarse con la desigualdad y el aislamiento, la falta de recursos materiales, humanos y entre tanta carencia hay que recordar que uno está allí también para cumplir con una función pedagógica".

Lo que describe Claudia son condiciones habituales de muchos establecimientos. De acuerdo con el último relevamiento de datos del Programa Sembrador, se presentan carencias de recursos materiales en términos de infraestructura, ya que una parte significativa no tiene electricidad, gas o agua potable; escasa dotación de recursos didácticos; problemas de transporte y reducido acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones. Sobre los recursos humanos sobresalen problemas como el aislamiento y la alta carga de trabajo docente, que debe desempeñarse en múltiples tareas.

Mercedes Edith Ragne es supervisora en la localidad de Laborde, Córdoba. "Fui docente, directora y ahora atiendo a unas cincuenta escuelas. Tengo tres escuelas con un solo alumno, lugares donde hay población golondrina y que luchamos para que no cierren. Trabajar en la ruralidad exige un gran compromiso, y no todos los que aceptan están preparados. Es difícil, y nuestra misión como supervisores es poder armar equipos que funcionen. Estos encuentros, como el del Programa Sembrador, son riqueza pura. Aunque cueste creerlo, hay gente que aún es muy celosa de su información y de su conocimiento, y la mejor forma de avanzar es democratizar el saber. Más que ayuda, necesitamos inclusión al sistema".

El mapa de la educación rural

Números que expresan la realidad de aprender de lejos

15.000 Escuelas

Es la cantidad de establecimientos rurales que funcionan en todo el país. En el Nordeste y en el Noroeste, del total de colegios, un 70% es rural, y en Cuyo, un 54%

40% Primarias

Es el porcentaje del total de establecimientos de nivel inicial rurales que hay en el país

40% Plurigrado

Esa es la cifra de establecimientos educativos rurales que albergan alumnos de grados distintos agrupados en una misma clase

61% Residen en el campo

Según información proporcionada por la Fundación Bunge y Born, a través de su Programa Sembrador, éste es el porcentaje de familias que viven dispersas en zonas rurales, cuyos hijos asisten a las escuelas

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