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El boxeo olímpico no sabe adónde va

PARA LA NACION
Sábado 05 de marzo de 2016
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El disloque y el desprestigio que adosó la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) a este deporte en las últimas dos décadas se ven potenciados en estos momentos, seis meses antes del comienzo de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en un modo muy especial. La confusión, el asombro y la realidad se fusionan extrañamente.

El ingreso a la fiscalización y organización del pugilismo profesional que esta entidad, de potestad olímpica, asumió, previo a la competencia de Londres 2012, originó la culminación de las reglas universales del boxeo, donde las diferencias entre profesionales y amateurs eran claras y manifiestas. A partir de allí, se mezclaron los reglamentos, se modificaron los tiempos de los combates y se intentó monopolizar el manejo de los peleadores aficionados, "invitándolos" a firmar contratos de exclusividad (con AIBA) para poder llegar a los Juegos. Así de tirano y así de simple. Hoy por hoy, el deporte de los puños no tiene leyes y cada cual las interpreta a su manera.

"No habrá cabezales en los participantes de Río 2016 -excepto en las mujeres- y abrimos la chance a los profesionales, al igual que otras 27 disciplinas olímpicas que lo practican. ¿Por qué no en el boxeo?" Las declaraciones del chino Wu Ching-Kuo, formado dirigencialmente en disciplinas colombófilas y presidente de AIBA, abrió la puerta a un sinfín de llamativas opiniones populares. Manny Pacquiao, fomentando su candidatura al Senado filipino, el ucraniano Wladimir Klitschko y el serbio Marco Huck, se mostraron interesados en estas propuestas (aunque por supuesto que ninguno pelearía allí realmente si no hay millones en juego a la hora de la verdad), mientras que otros, como Floyd Mayweather y Lennox Lewis, desestimaron la idea por insólita y ridícula.

Las respuestas a este convite tuvieron una interpretación de los divos del cuadrilátero semejante a la aceptación o el rechazo de un día de picnic o una fiesta de caridad.

Más allá de todo esto, son reformas causantes de falta de equivalencias competitivas, desprotección y riesgo físico para los atletas en una disciplina que siempre estuvo en el ojo de la tormenta. Y por ignorancia o desinterés, a nadie parece importarle en lo más mínimo resguardar al púgil.

Ser profesional no implica imbatibilidad ante un amateur. Pero es una ventaja formativa -en el boxeo desarrollado- que no debe experimentarse en una competencia célebre como unos Juegos, con vida desde 1904.

El 16 de febrero de 2012 publicamos una nota titulada "Golpe a las reglas", sobre los cuestionables procedimientos de AIBA, que pueden someter a los Juegos Olímpicos a un desorden reglamentario sin precedente (http://www.lanacion.com.ar/1449174-golpe-a-las-reglas). Lo escribimos hace 4 años: no perdió ni actualidad ni vigencia.

Desde el jueves próximo, en el Salón Central de la Sociedad Rural de Palermo -donde el mítico negro americano Jack Johnson boxeó hace un siglo- comenzará la última competencia continental para los Juegos. Allí, la Argentina buscará proyectar a sus candidatos -aún no tiene clasificados- y se podrá palpar, entonces, a este sistema de una vez por todas.

A modo de feria persa, intentaremos pasar, ver, revolver y saber de qué se trata.

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