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Tevez: del ídolo perfecto en 2015 a un año lleno de complicaciones

El delantero pasó de tener una influencia formidable para el bicampeonato de Boca a jugar lesionado y sin posición fija; se alejó del gol y se acercó a los problemas; Ruocco, su representante, pide cuidarlo para que no se vaya

Sábado 05 de marzo de 2016
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Carlos Tevez había dejado los millones de euros y el prestigio europeo por una camiseta azul y oro; la de su querido Boca. Viajó desde Turín, donde había hechizado a los hinchas de Juventus, para que el pueblo xeneize lo arropara como el ídolo que siempre fue. Hubo conexión instantánea. El idilio se tradujo en la cancha: Carlitos, que llegó con las baterías sulfatadas, se regeneró gracias al cariño de su pueblo. Le bastaba con mantener el rendimiento que traía desde Italia. Se transformó, al instante, en el jugador franquicia y revulsivo para un equipo que, guiado por él en la cancha y el Vasco Arruabarrena fuera de ella, alzó la Copa Argentina y se quedó con el título en el torneo de 30 equipos. Todo un regreso con gloria.

Pero llegaron el receso y las largas vacaciones. Tras ellas, la primera pretemporada en dos años. Sin embargo, en los partidos de verano, Tevez ya no fue el mismo. Al ídolo de Fuerte Apache le faltó una velocidad y le sobró ímpetu. Nunca jugó con la frescura que lo había hecho en la temporada pasada. Se lo notó triste, apesadumbrado. Como aquella noche inicial del torneo de Transición ante Temperley en la que admitió su baja forma. Hasta asumió su incomodidad dentro de la cancha.

Tevez es tan importante para Boca que su declive coincidió con la depresión del equipo. La derrota contra Atlético Tucumán (0-1), en la Bombonera, generó una ola de rumores que involucraron a él y a su entorno. Desde problemas familiares hasta influencia de su representante (Adrián Ruocco) en la elección de los refuerzos. Incluso se mencionó a Ruocco como uno de los impulsores de Jorge Sampaoli como sucesor de Arruabarrena.

El propio Tevez debió salir a escena para apoyar al Vasco antes de su salida, que días más tarde se transformó en un hecho cuando Boca perdió con Racing (0-1) en Avellaneda. El que se vio en Avellaneda fue el peor Tevez desde el regreso. Sin posición fija ni GPS adentro de la cancha, su inmensa jerarquía para jugar al fútbol se diluyó en la marea gris de su equipo.

Carlitos tampoco tuvo paz en la previa del superclásico, el partido más importante de todos. Una foto suya de fines del año pasado con los líderes de La 12 (ver aparte) encendió la polémica. Ruocco habló para desviar el foco de la atención. En todo este juego, el N° 10 es la víctima: jugó lesionado (un pequeño esguince que le generaba acumulación de líquido). Ruocco hasta amenazó con la salida del Apache. "Hay que acompañarlo para que se quede, para que se sienta cómodo y no quiera irse en junio", dijo el representante en La Red. Y sobre la foto en la que aparece junto a los líderes de la barra brava del club, Ruocco explicó: "No tiene ningún vínculo con la barra. Fuimos a cenar con mucha gente y nos sacamos muchas fotos. Tevez no está sentado con Lanatta ni con Schillaci", matizó, comparando a los barras con los ex prófugos del Triple Crimen de General Rodríguez. Por último, el agente desligó al futbolista de la salida del Arruabarrena: "Si hubiera querido que el técnico se fuera, hubiese dejado de jugar uno o dos partidos".

Valorado hasta por el presidente de su rival de siempre, Rodolfo D'Onofrio, el presente de Tevez es sinónimo del presente de Boca. Si el equipo hubiese ganado todo lo que jugó, Tevez tal vez sería el gran protagonista. Las luminarias estarían posadas sobre el crack que siempre fue y sigue siendo. Se hablaría de sus goles, sus gambetas. Y su sentimiento por Boca. Casualmente, el amor de Tevez por los colores es lo único que no está en discusión. Hoy se evalúa todo el resto. Hasta su posición en el campo de juego. Si tiene que mantenerse en el área o salir de ella. Tevez, como Boca, está inmerso en un mar de complicaciones. Justo antes del superclásico.

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