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Ferias itinerantes: vecinos buscan alimentos frescos y baratos

Los puestos van rotando en 60 parques y plazas de la Capital; muchos aprovechan las ventajas del comercio sin intermediarios

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PARA LA NACION
Domingo 06 de marzo de 2016
La feria itinerante en la plaza General Paz
La feria itinerante en la plaza General Paz. Foto: LA NACION / Maximiliano Amena
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Conseguir productos frescos y a buen precio es un combo difícil de resistir. Los vecinos cuentan con esa posibilidad en las 13 ferias itinerantes de abastecimiento barrial (FIAB) que dispone el gobierno porteño en más de 60 espacios verdes que van rotando por la ciudad.

Especialmente los fines de semana, pero también de martes a viernes, plazas y parques cambian su fisonomía. Se transforman en mercados al aire libre donde se pueden adquirir pescados, frutas y verduras fresquísimas, lácteos, productos de panadería, legumbres, carnes de cerdo y pollo, además de artículos de limpieza, perfumería, plantas y grandes ofertas de indumentaria.

La convocatoria es importante: entre 500 y 1000 vecinos se acercan a diario a estos mercados itinerantes [se puede consultar en http://www.buenosaires.gob.ar/ferias-y-mercados/ubicaciones] y los fines de semana el número se duplica. Las ferias están abiertas de martes a domingo, de 8 a 14.

"Vengo todos los viernes a comprar desde hace años. Acá puedo elegir la mercadería con mucha tranquilidad y con la confianza de que es todo fresco y exquisito", dice Susana, mientras llena su colorido carrito con una bolsa de pistachos y castañas de cajú.

En la plaza Marcos Sastre, mientras su hijo Elías juega con su perro, Manuel aprovecha para elegir el menú de la noche: "Conseguí una picada de fiambres a 20 pesos el cuarto de kilo y a 110 pesos el cordero, más barato que cualquier corte de carne de vaca", se jacta este flamante vecino de Villa Urquiza, que visita la feria por primera vez por consejo del portero de su edificio.

Aunque la modalidad data de 1990, no son pocos los visitantes que llegan a estos mercados a cielo abierto por recomendación de vecinos o amigos. Lo primero que llama la atención es el precio, además de la oferta y la calidad. "No conseguís en ningún lado estos tomates y zapallitos a 10 pesos el kilo, que además son riquísimos", asegura Carmen Sosa mientras muestra su compra. A su lado, asiente un grupo de vecinos que esperan su lugar en la fila.

Lunes por medio, el gobierno porteño se reúne con los feriantes para acordar un listado de precios sobre 30 productos básicos de la canasta familiar y así garantiza que los valores en los puntos móviles sean parejos y más baratos que los que ofrece un negocio a la calle.

Jorge atiende uno de los puestos blancos y amarillos, parapetado del sol del mediodía bajo un toldo que también protege del calor las bananas, ciruelas y lechugas que lucen relucientes y tentadoras. "Acá es todo fresco; cada madrugada vamos a La Matanza, a una feria donde venden directamente los productores. Y de ahí venimos al puesto, sin intermediarios", cuenta, al tiempo que despacha sin cesar remolachas, manzanas y paltas.

Los habitué conocen y compran con confianza. La Dirección de Ferias y Mercados controla, además de las habilitaciones, las condiciones de higiene de cada puesto. Las inspecciones son diarias y verifican, además del acuerdo de precios, que cada feriante porte una vestimenta adecuada: "Muchas veces los inspectores aparecen como simples clientes, controlando la limpieza y el trato con el cliente", dice Jorge con una sonrisa. Los permisos de habilitación deben renovarse anualmente, previa presentación de las obligaciones previsionales y fiscales correspondientes.

"La gran convocatoria que están teniendo las ferias va de la mano con la vuelta a las viejas costumbres, donde ir a la feria era salir de paseo, disfrutar de una actividad compartida o de un encuentro con gente", dijo a LA NACION el ministro de Ambiente y Espacio Público de la ciudad, Eduardo Macchiavelli.

El sol fuerte -y la falta de sombra- advierte que ya es mediodía. La plaza Alberti, en Saavedra, vive su hora de fama de los viernes. Las colas en los puestos son largas, pero la atención es rápida. Un rato después, mujeres y hombres se retiran con las bolsas y los carros rebosantes. Hasta la próxima semana, cuando el trajín se repita.

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