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Estar prófugo: mucho dinero, contactos y firmes lealtades para no ser descubierto

Penalistas e investigadores judiciales y policiales coinciden en que ésas son las condiciones elementales para mantenerse fuera del alcance de las autoridades; en el país hay más de 1500 personas con deudas pendientes con la Justicia

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PARA LA NACION
Domingo 06 de marzo de 2016
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Contar con contactos aceitados y de "calidad" en la policía y en algunos sectores de la política. Moverse con mucho dinero en efectivo. Más de 100.000 pesos. Tejer lealtades sólidas que no sean seducidas por las recompensas. Cortar con los lazos de familiares y amigos. Y sobre todo tener mucha paciencia.

Abogados, policías e investigadores judiciales apuntan que ésas son las condiciones elementales para mantenerse prófugo en la Argentina, donde -según las estimaciones oficiales- hay más de 1500 personas que tienen deudas pendientes con la Justicia y deberían estar siendo buscadas por las fuerzas de seguridad.

La condición de estar "prófugo" se puso de relieve a partir de la trama que se entretejió el 27 de diciembre pasado, cuando los hermanos Martín y Christian Lanatta y Víctor Schillaci se fugaron de la prisión de máxima seguridad de General Alvear, y lograron huir durante 15 días hasta entregarse en Cayastá, Santa Fe, donde 800 efectivos de todas las fuerzas de seguridad seguían sus pasos.

El sujeto de estas historias reapareció con el caso de Ibar Esteban Pérez Corradi, acusado de ser el autor intelectual de los homicidios de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, y de mover el tráfico de efedrina. Pérez Corradi fue buscado en un country de Ciudad del Este, en Paraguay el 12 de enero pasado, pero se esfumó.

Por fuera de los casos emblemáticos, en la Argentina no hay estadísticas sobre cuántos prófugos hay actualmente. En el Ministerio de Justicia de la Nación calculan que podrían ser unos 1500. Pero no hay registros concretos ni actualizados en el Registro Nacional de Reincidencia y Estadística Criminal y Carcelaria, según averiguó este diario. El Ministerio de Seguridad de la Nación creó la semana pasada un área específica de búsqueda de personas con pedido de captura. Aún no se designó al director de ese organismo, pero buscan una persona con experiencia en las investigaciones. Uno de los nombres que más fuerte suenan es el del fiscal José María Campagnoli.

Hay personas buscadas cuyos nombres quedaron en el olvido. Hasta se sospecha que están muertas. Historias de una supuesta clandestinidad eterna, como la del narco colombiano Alejandro Montes de Oca, prófugo desde 2004. "El Químico" se transformó en un fantasma y fue uno de los hombres más buscados por la Policía Federal, la DEA, Interpol y la ex SIDE. Como nunca apareció el rastro del colombiano, que se encargó de montar cocinas de cocaína en el conurbano, se cree que murió. Pero sólo es una conjetura a modo de resignación de los investigadores.

Con Rodolfo Lohrmann ocurre algo similar. Desapareció de un día para el otro en 2003. Este hombre de 51 años, señalado como el líder de una peligrosa banda de secuestradores que operó en la Argentina, Paraguay y Brasil, nunca más llamó por teléfono a la casa de su madre, en Lima, partido de Zárate. Ni visitó a su hija adolescente en Grand Bourg, en Malvinas Argentinas. Sus cuentas de correo electrónico parecen no haber tenido movimientos. Algunos investigadores creen que falleció.

Poderosa protección

Un experimentado detective de la Policía Federal explicó a LA NACION que tener buenos contactos es una condición elemental para mantenerse prófugo. "Tienen que ser buenos, porque la persona que es buscada puede ser traicionada en cualquier momento. Debe tener protección de alguien más poderoso y contar con capacidad de daño para defenderse si intentan traicionarlo o entregarlo", relató.

Este veterano investigador consideró que el dinero en efectivo no puede faltar para garantizar la clandestinidad. "Tiene que tener mucha plata. El claro ejemplo es lo que pasó con los hermanos Lanatta y Schillaci, que no tenían mucho dinero para moverse y terminaron siendo detenidos", recordó.

Carlos Varela, abogado de los miembros de la banda de Los Monos, explicó que para mantenerse prófugo hay que cumplir dos consignas: "Tener mucho dinero y dejar de lado los sentimientos. Hay que andar con un mínimo de 100.000 pesos en el bolsillo, por si ocurre algún imprevisto", deslizó. Los contratiempos pueden ser el encuentro con algún policía. La plata sirve para continuar en la misma condición. "Mucha gente que tiene pesados antecedentes y se cree muy inteligente cae porque lo vencen los sentimientos. Y a pesar del peligro de ser detenidos muchos dejan de lado cuestiones lógicas y llaman a un hijo o a la esposa, que generalmente tienen los teléfonos intervenidos", detalló Varela.

Pérez Corradi sí parece tener dinero para mantenerse prófugo. En estos casos, la recompensa que se ofrece pretende romper lealtades ficticias. Algunas fuentes creen que los 2.000.000 de pesos que el gobierno bonaerense ofrece por alguna información de este convicto sirven para tentar a alguien de su entorno secreto.

Carlos Broitman, uno de los abogados defensores de Pérez Corradi, que también tiene un pedido de extradición de los Estados Unidos, contó que a veces los prófugos para llamar a sus familiares y evitar ser localizados hacen "un cuádruple intercambio de comunicaciones". Por ejemplo, llaman a un teléfono de África que hace una conexión con Bulgaria, después con Croacia y recién por último a la Argentina", reveló el letrado.

Broitman relató que una vez hizo esa cuádruple comunicación con Manuel Kleiman, un cliente condenado en causas por narcotráfico, que declaró como arrepentido en varios expedientes en los que aportó datos claves para detener a sospechosos. Esa condición le generó amenazas de muerte de sus ex socios.

Ramón Machuca, alias Monchi, líder de la banda de Los Monos, es buscado desde 2013. Vive en la clandestinidad, pero cada tanto reaparece en la TV, a pesar de que figura entre los hombres perseguidos por Interpol. Los investigadores que fueron tras sus pasos hace un tiempo aseguran que se mueve entre Buenos Aires, Rosario y Córdoba. No lo podría hacer sin protección policial, creen en la justicia de Santa Fe.

Un ex integrante de la cúpula de la Policía Federal sostuvo que "hay que unificar y ampliar un equipo dedicado a buscar específicamente a los prófugos. Lo tiene la Interpol y se llama "Búsqueda de Fugitivos", pero se dedican sólo a perseguir los que tienen circular roja. El resto de delincuentes comunes con capturas son buscados según la repercusión mediática y otras prioridades".

Un experimentado detective sostuvo que "el prófugo que estuvo en la cárcel tiene una lista de amigos que se juramenta darle protección. Los prófugos por narcortráfico tienen recursos económicos y logísticos para mantenerse en la clandestinidad. Los protegen estudios jurídicos con contactos policías y en el poder político y judicial".

Cruzar la frontera, la salvación

Si el prófugo cruza la frontera, con Bolivia o Paraguay, cuenta un magistrado federal, "adquiere un pase de impunidad". Uno de los casos más emblemáticos y recientes vinculados al narcotráfico es el del empresario boliviano José Luis Sejas Rosales -detenido en Santa Cruz de la Sierra el miércoles pasado-, imputado en 11 causas por el contrabando de más de 500 kg de cocaína. El juez federal de Orán Raúl Reynoso está siendo investigado por favorecer al empresario narco a cambio de dinero. El juez federal Nº 1 de Salta Julio Bavio recuerda otro caso similar, que tiene como protagonista al narco boliviano José Lobito Iraola Silverman, prófugo desde 2012. La justicia y las fuerzas de seguridad de ese país nunca tuvieron intención de apresarlo y aún está en Bolivia .

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