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Se equivocan, desde Tevez hasta Angelici

Domingo 06 de marzo de 2016
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LA NACION
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Fue hace casi dos años. Ramón Díaz, uno de los grandes ídolos de la historia de River, apenas terminado un partido con Atlético de Rafaela en el Monumental, se despachó con una frase insólita: "Quiero agradecerle a toda la gente, principalmente a los Borrachos del Tablón, porque fueron ellos los que motivaron a todos". Acompañando con la mirada hacia el sector donde se suele ubicar la tristemente célebre barra brava millonaria. Un exabrupto, difundido en vivo por TV, que causó escozor en la dirigencia. La reprimenda interna fue inmediata, con advertencia incluida. De tal peso que Ramón ensayó una dificultosa disculpa en el siguiente contacto con los medios. Fue, curiosamente, su último torneo al frente de River. Con título incluido.

Horas antes de un nuevo superclásico, casual o causalmente, ya que la imagen corresponde a fines de 2015, es decir, hace más de dos meses, apareció una foto de Carlos Tevez brindando con líderes de La 12, Rafael Di Zeo y Mauro Martin, junto con algunos de sus lugartenientes. No es un improvisado el crack xeneize: sabe perfectamente los alcances que puede tener ésa y otras fotos. Y si no lo sabe, tiene gente detrás que debiera advertirlo. En rigor, no hay un ilícito en la acción en sí. Sí una decisión cuestionable. La misma que tuvo aquella vez Martín Palermo saludando a La 12 desde el medio de la cancha con los brazos en cruz, aludiendo a integrantes de la barra que estaban momentáneamente presos.

Hubiese sido pertinente, necesario, sobre todo en tiempos en los que se remarca en que "le entregó las llaves del club a Tevez" cuando volvió a mediados de 2015, que el presidente Daniel Angelici interviniera en el caso, personal y públicamente. Conducir un club como Boca no sólo implica manejar las finanzas, responder a los socios y tener un plantel competitivo y con aspiraciones, además de un cuerpo técnico idóneo: también cuidar su imagen. Sin soslayar, entre otras cosas, que durante su gestión se produjo el regreso al control de la barra de quienes estuvieron bajo causas judiciales y hasta entre rejas, como Di Zeo y Martin.

Lo único que escuchamos en estas horas fue al representante de Tevez, Adrián Ruocco, del que se menciona, "tiene el llavero del club" y al que se indica casi como "un dirigente imprevisto", por la injerencia que tiene en algunas decisiones de la entidad. Ruocco salió con mensajes subliminales insólitos: "Hay que acompañarlo (a Tevez) para que se quede, para que se sienta cómodo y no quiera irse en junio". O con un remate justificatorio llamativo: "Tevez no está sentado con Lanatta ni Schillaci".

Parafraseando a Guillermo Barros Schelotto cuando, todavía no era DT de Boca, y le habría preguntado por teléfono a Ruocco "¿En carácter de qué me estás llamando?", cabe plantearse: ¿A quién le habla Ruocco cuando dice que a Tevez hay que acompañarlo para que se quede? ¿A Angelici? ¿A Barros Schelotto? ¿Al plantel? ¿Al jefe de redacción de la revista 23, donde se publicó la foto en cuestión? ¿Acompañarlo a dónde, a los brindis con los Di Zeo y Martin?

Tevez eligió volver a Boca por su amor por el club y su gente, y lo hizo en un momento de esplendor en su carrera en Europa, desechando ofertas increíbles. Una decisión personal y para aplaudir desde el corazón. Pero hay límites que no debieran pasarse. Se equivoca Tevez. Se equivoca Ruocco en desviar el foco. Se equivoca Angelici como comandante del barco. Que no refrenda con hechos sus palabras: que el club está por encima de los nombres.

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