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Estalló la "guerra de San Genaro" en Nápoles

Un decreto le quitaría la gestión de las reliquias a la ciudad

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LA NACION
Lunes 07 de marzo de 2016
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ROMA.- "¡San Genaro es nuestro!"; "¡Fuera las manos del tesoro de San Genaro!"; "San Genaro no se toca", fueron los gritos que retumbaron este fin de semana en la plaza del Duomo de Nápoles, frente a la catedral de San Genaro, patrono de la ciudad de Maradona. Allí ha estallado la denominada "guerra de San Genaro".

La rebelión es para decirle no a un reciente decreto del Ministerio del Interior que marca un drástico cambio en la "gestión" de las reliquias y del millonario tesoro de San Genaro: éste pasaría de las manos "del pueblo" de Nápoles a las de la curia, algo que los napolitanos no piensan aceptar.

Con pañuelos blancos en la mano -que los fieles de la ciudad del Vesubio suelen agitar cuando se da el famoso milagro de la licuefacción de la sangre del santo, dos veces al año-, miles de personas se manifestaron el sábado frente a la catedral en contra del decreto en cuestión. Éste cayó como una bomba en una ciudad devota del obispo mártir del siglo IV, porque borró de un plumazo cuatro siglos de tradición.

Se remonta a 1601, en efecto, la creación de la denominada Deputazione della Real Cappella del Tesoro, un ente encargado de custodiar las reliquias de San Genaro y su inestimable patrimonio. Ésta fue fruto de una promesa que la aristocracia napolitana le hizo al santo en 1527: la construcción ex voto de una capilla dedicada a él para custodiar sus reliquias y dones, a cambio de su protección contra flagelos, pestes y guerras.

Se trata de un órgano históricamente laico, cuya misión es tutelar y alimentar el culto al santo patrono, compuesto por descendientes de las familias nobles de la ciudad y cuya naturaleza se volvería ahora "religiosa". El decreto, de hecho, permite que la curia, es decir, el cardenal Crescenzio Sepe, pueda elegir cuatro de sus 12 miembros, inaceptable para los napolitanos. El ente, presidido desde 1810 por el alcalde de Nápoles, perdería así su antigua laicidad y tradicional independencia del arzobispado.

"No vamos a aceptar una iniciativa que modifica de modo unilateral un organismo cívico que representa la historia y la tradición de Nápoles", dijo Riccardo Imperiali di Francavilla, abogado de la Deputazione.

Blancos de la protesta fueron dos personas: el ministro del Interior, Angelino Alfano, y el cardenal Sepe, arzobispo de Nápoles, considerado "cómplice" de la movida, según los manifestantes.

Con el nuevo decreto, Sepe adquiriría un poder que nunca tuvo -pero quiso- sobre todo ese dinero que, más allá de la devoción, representa el santo patrono de la ciudad.

Los pañuelos blancos, símbolo de la "guerra de San Genaro", fueron agitados incluso en la cancha, en un partido del Napoli, en el marco de una movilización que está cobrando fuerza y que hasta llegó al Parlamento. Pero el tiempo para luchar es poco, tan sólo hasta el 5 de abril. Luego, la Deputazione cambiará para siempre, todo un mal presagio para Nápoles.

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