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Graciela Montaldo: "entre el cronista y el viajero se genera la escritura de Darío"

La crítica y profesora de Columbia participa del congreso por el centenario de la muerte del nicaragüense que comienza hoy

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LA NACION
Lunes 07 de marzo de 2016
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Cuando Graciela Montaldo publicó la antología Viajes de un cosmopolita extremo (Fondo de Cultura Económica), reveló dos mundos nuevos: el de las crónicas poco conocidas que Rubén Darío escribió en sus vueltas por el mundo y el de esos mismos lugares, que nos parecen diferentes en la mirada del poeta. En el estudio introductorio de ese volumen, ella observaba que, al margen de la corresponsalía para LA NACION, esas "peregrinaciones" formaban parte de una estrategia geopolítica de posicionamiento de la identidad hispánica.

Montaldo, profesora en la Universidad de Columbia, es una de las críticas que participarán del Congreso Internacional Rubén Darío, "La sutura de los mundos", que, con organización de la Untref, empieza hoy y se extiende hasta el jueves, donde se discutirá también, con la intervención, entre otros, de Sylvia Molloy, ese costado todavía un poco en sombras de la poética dariana.

-¿Qué tipo de viajero era Darío? ¿Podría comparárselo, por ejemplo, con Victoria Ocampo?

-No era propiamente un viajero. Darío era un nómada. Vive en diferentes países y escribe sobre ellos, pero no por propia voluntad. Escribe sobre los sitios que visita para su público. No escribe para sí o para sus pares, como Ocampo. Cuando escribe para LA NACION, por ejemplo, pone en diálogo sus temas europeos con los conocimientos y la experiencia del público argentino. Viaja por el mundo por diferentes motivos y escribe porque tiene compromisos laborales con la prensa. De modo que él es, antes que un viajero, un cronista. Es un cronista que viaja, y en esa intersección se genera su escritura.

-La antología que usted preparó para FCE lo muestra como un cronista de excepción, en el sentido más literal de la palabra. ¿La crónica encontró en él su fundación moderna?

-Darío es un intelectual y artista que tiene una tremenda percepción de lo que pasa a su alrededor. Tiene como radares que le permiten registrar lo que está por venir. Yo diría que en el fin de siglo se da esa conjunción muy especial entre un género, la crónica; una experiencia, la de lo moderno, y un proyecto estético-intelectual, el de Darío. Pero creo que también todo esto hay que verlo en el contexto de la aparición de los nuevos medios, del periodismo, que crea las verdaderas condiciones para que la crónica pueda desarrollarse. Lo particular de Darío es que se supo conectar con su presente, que hizo de necesidad virtud y que le sacó provecho hasta a lo desfavorable de tener que escribir una crónica semanal sobre "cualquier cosa". Realmente escribió sobre cualquier cosa, pero involucró lo mejor de su escritura al hacerlo. Ésa fue su novedad. Forzó la escritura literaria para acercarla a los públicos del diario sin renunciar a la voluntad estética. Registró la aparición de la cultura de masas y escribió prestándole mucha atención.

-En comparación con José Martí, parece que tenía menos interés en los asuntos específicamente políticos. ¿Por qué?

-Siempre depende de lo que entendamos por político. Martí tenía un claro proyecto político, personal, de independencia nacional en un contexto colonial. Darío no lo tenía: en el siglo de las naciones, él es una suerte de nómada que adopta como patria todo país que visita. De modo que su política no es territorial. Mucho menos una elección explícita. Sin duda, no tuvo la radicalidad de Martí. Pero es político su modo de escribir para la sociedad de masas, su reconocimiento de la aparición de las masas como actor principal de las sociedades modernas.

-Los prólogos de Darío a sus libros de poemas resultan más modernos que los poemas que preceden. ¿Es que la auténtica modernidad de Darío estaba más en la prosa que en la poesía?

-Ésa es una observación que pocos se atreverían a hacer. En la cuestión puntual de los prólogos, estoy de acuerdo. Sin embargo, creo que la modernidad no es una sola cosa ni se ejerce en todas las prácticas por igual. Darío es moderno aunque muchos de sus poemas no lo sean, porque hay que leerlo en el conjunto de su obra, como proyecto estético-intelectual. Su proyecto era moderno. En la época en que escribe, la prosa era, sin duda, lo más moderno, pero él elige la poesía, con la intención, también moderna, de no ser arrebatado por la contemporaneidad y trazar lazos con la tradición. Lo más moderno de Darío son los problemas que se plantea, por eso los puede definir tan bien en sus prólogos.

-¿Falta releer a Darío? Tal vez Juan José Saer y Aldo Oliva lo hicieron, cada uno a su modo.

-Darío es un clásico, es decir, es uno de esos escritores que interpelan el presente, pero lo hace por diferentes motivos. A veces no es la escritura en sí la que inspira, pero puede inspirar su proyecto. Creo que es una figura que estuvo tan conectada con su contemporaneidad, tan atravesado estuvo por sus tensiones, que puede ser periódicamente revisitado para explorar la forma en que resolvió los problemas con que la nueva realidad cultural lo desafiaba. Saer lo leía. Saer no se parece a Darío, pero lo deben haber intrigado los problemas formales que Darío se planteaba y su voluntad para resolverlos.

Congreso Internacional Rubén Darío, "La sutura de los mundos"

Desde hoy y hasta el 10 de marzo. Untref.edu.ar

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