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Del baile de River a los méritos del Mellizo

LA NACION
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Christian Leblebidjian
Lunes 07 de marzo de 2016
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Desde lo táctico y estratégico había dos dudas en la previa. ¿Por qué Gallardo se decidió por Domingo en lugar de Mayada? ¿Cuál iba a ser la posición de Lodeiro en Boca: extremo derecho o enganche? Pero la inclusión de otro volante central junto a Ponzio, lejos de centralizar el juego de River, lo terminó abriendo desde las intenciones de Nacho Fernández, por la derecha, y de Driussi, por la izquierda. ¿Qué sucedió? El tema no estaba en dónde arrancaban, sino en dónde terminaban. Así, el 4-1-3-2 del Muñeco doblegó durante la primera etapa en todas las líneas el 4-3-1-2 del Mellizo. ¿Por qué? Es que River lo bailó colectivamente en la primera etapa, le ganaba las bandas generando superioridad numérica de 3 vs. 2 en casi todos los avances. ¿Cómo? Con Mercado, Nacho Fernández y Mora sobre la derecha (contra Silva y Pablo Pérez), y con Vangioni, Ponzio y Driussi sobre la izquierda (contra Jara y Bentancur).

River lo doblegó por afuera. Haciendo hincapié en esa forma de atacar, llenó de centros el área de Boca. Porque desequilibraba por afuera y finalizaba por adentro, no sólo con Alario como posible receptor, sino también sumando al "ofensivo" opuesto (Mora o Fernández). Hasta Ponzio llegó al punto penal para impactar un balón bajado por Driussi ante un gran cambio de frente -de derecha a izquierda- de Mora. El especialista en materia de centros (Vangioni) confirmó su fina ejecución repetidas veces, aunque con triangulaciones llegaron todos los millonarios a zona de lanzadores. Por eso, en la más clara durante la primera etapa, el anticipo de Mora en el palo, vino con un centro de Driussi. Boca sufrió por los costados porque Lodeiro no retrocedió nunca y Palacios, incómodo con el perfil izquierdo, menos. Así, los mediocampistas "llegadores" de River tuvieron mucho peso en el juego, aunque situaciones de peligro real fueron pocas en relación con la posesión y el desequilibrio generado desde el círculo central hasta 3/4. Y hubo varios puntos altos: empezando por Mercado y Vangioni, siguiendo con Ponzio, Driussi y Mora.

El enroque de Guillermo. Barros Schelotto no hizo cambio de nombres en el entretiempo, pero sí enrocó a Palacios con Lodeiro. Así, con sus perfiles a favor del ataque, el primero generó un par de desbordes y faltas que (aunque no fueron aprovechadas por Boca) le dieron jugadas de tiros libres. Palacios tuvo mucho empuje, pero pecó de individualista, rematando las pocas pelotas que le llegaban en lugar de buscar al compañero mejor ubicado. Fue lógico que Boca no generara peligro desde los flojos rendimientos de Lodeiro y Tevez, bajos hasta para ejecutar las pelotas paradas.

El triple N° 9 vs. el orden defensivo colectivo. River, con los cambios de Pity Martínez y Alonso por Fernández y Driussi, modificó el 4-1-3-2 por el 4-3-3, con Ponzio (luego Lucho González), Domingo y Martínez; Mora, Alonso y Alario. Boca, cansado por el choque de entresemana ante Racing y una técnica imperfecta en ofensiva, se defendió más cerca de Orion en el segundo tiempo y tuvo de figura a Fernando Gago. River tuvo una chance clarísima con Alonso y Mora, pero el conjunto xeneize (colectivamente) defendió mejor. A diferencia de lo que hubiera sucedido en un contexto adverso del juego con Arruabarrena, el Mellizo no se puso colorado en pararse más atrás y apostar por el contraataque. El problema de Boca fue que tuvo muy poco la pelota: no bien la recuperaba, la perdía. Aunque no fue del todo eficaz, las intenciones defensivas de Barros Schelotto fueron más intensas. Dio ventajas igual, aunque en las divididas tuvo una presencia mayor en bloque.

El planteo de Gallardo mereció otro premio (River debió ganar), pero Barros Schelotto reaccionó a tiempo. Aunque Boca pudo perder igual (estuvo cerca), el DT respondió con decisiones en función de lo que le estaba pidiendo el partido.

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