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Lamentos, River se reprocha no haber ganado y Boca su pobre presente

El 0-0 los retrató con diferentes limitaciones; el equipo de Gallardo no supo reflejar su mejor juego y mayor cantidad de situaciones de gol; el de Barros Schelotto estuvo desdibujado, impreciso, sin otro plan que aguantar; siguen lejos en sus zonas

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LA NACION
Lunes 07 de marzo de 2016
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Hacía más de 10 años que un un superclásico no terminaba 0-0 en el Monumental. Aquella vez, en una tarde tan soleada y agradable como la de ayer, se presenció uno de los River-Boca más insulso que se recuerde, con "Mostaza" Merlo y "Coco" Basile en los bancos, ambos tan amigos que se sospechaba que ese clima apacible se había inoculado en los jugadores. No fue el caso de este 0-0, que no tuvo pinta de armisticio, sino que expuso las diferentes limitaciones de los dos. En River, la impericia para resolver un partido que le fue mayormente favorable. En Boca, su sombrío estado futbolístico, con jugadores con una imprecisión que parecía que tomaban contacto con una pelota después de meses. Las posiciones los castigan por igual a ambos: pasó otro fin de semana en el que Boca vio cómo el líder Lanús se le escapó un poco más (ocho puntos) y en el que River no recortó distancias (seis unidades) con Rosario Central.

Había dicho Gallardo que era una final, seguramente para invocar el espíritu de aquellos partidos decisivos que River ganó por las copas continentales. Pero por el torneo local, ni aun siendo superior a este desdibujado Boca pudo anotarse un triunfo que se demora.

River tuvo vigor, cohesión, mejores individualidades, más ambición, las situaciones más claras. Jugó y corrió con el campo metido en la cabeza. Todo un síntoma: Domingo le tiró un caño a Gago para armar un avance y obligó a que Pérez le cometiera una infracción de amonestación. Boca sobrevivió más allá de los límites de la cancha, con Insaurralde reventando la pelota a la estratósfera, Tevez sin ver el arco y Bentancur haciendo blanco en la platea.

Un lamento grande le quedó a River por no haber sabido llevar al resultado su mejor rendimiento frente a este Boca que sólo tiene de nuevo al director técnico, pero los problemas y deficiencias persisten. A los mellizos los fueron a buscar para arreglar algo que todavía sigue descompuesto. Tuvieron el coraje para poner la cara en dos clásicos, cada uno precedido por apenas una práctica, y seguramente ya se dieron cuenta de que les espera un arduo trabajo para sacar al equipo de este prolongado letargo.

Fue una tarde de oportunidades desaprovechadas para River. En el Monumental se pudo haber escuchado el glorioso "Alooooonso..." de hace décadas, pero el uruguayo le erró a la pelota en una definición frente al arco. Y Mora, que supo ser verdugo puntual de Boca, tampoco estuvo fino cuando quedó mano a mano con Orion, si bien estaba un poco sesgado. En las tribunas quedó atragantado el "¡uruguayo, uruguayo!".

River abrió bien el campo para perforar por las gelatinosas bandas de Boca, pero le faltaron serenidad y justeza dentro del área. Seguramente también talento, pero esa fue una carencia mucho más evidente en este rústico y destartalado Boca. Los dos mostraron ímpetu, mucho más coordinado el de River. Boca no tuvo más plan que aguantar y mitigar daños con la supremacía que River estableció en el medio campo por despliegue y distribución de la pelota a lo ancho. Del famoso precepto futbolístico "ser ancho para ser profundo", River cumplió con el primero y quedó en deuda con el segundo. Llegó más con cambios de frente que con pases filtrados, esos que podrían haber ejecutado los ausentes y lesionados D'Alessandro y Pisculichi. Por características, esa misión recayó en "Nacho" Fernández, pero el ex Gimnasia no aportó la pausa o ese pase extra que limpia un avance.

Ni con el refresco de "Lucho" González, "Pity" Martínez y Alonso pudo River encontrar lo que le faltaba. Las variantes de Boca fueron para oxigenarse, no para incorparar ideas.

River y sus hinchas se quedaron con las ganas. El Monumental se vació rápido, tras un aplauso de reconocimiento al equipo desprovisto del festejo y la euforia que sólo hubiera sido posible con los tres puntos en el bolsillo. Este Boca era una oferta inmejorable, una pobre oposición, apenas sostenida por el oficio de Orion y Cata Díaz en los momentos más críticos. Y cuando los recursos humanos no bastaban, surgió un poste para repeler una definición de Mora. Este Boca fue un peor rival que el que eliminó por las copas. Pero con Gallardo no lo puede vencer cuando la competencia es doméstica: van dos empates y dos derrotas. El Muñeco dijo que era una final, y no es consuelo suficiente saber que pudo y debió ganarla.

River no confirmó en el arco los merecimientos

1 El dueño del juego

Aunque la formación original sugería que River iba a tomar recaudos, el desempeño colectivo millonario fue muy superior a un descolorido Boca. Sólo el palo, algún desajuste en la definición y una aparición de Orion privaron a los locales de una justa victoria.

2 Sin rastro de goles

Boca acentuó su atribulado presente. Si en algún momento creyó que el superclásico podía ser su trampolín anímico, poco hizo por ganarlo. Sin manejo ni creatividad, la falta de peso ofensivo lo mantuvo muy lejos de los dominios de Barovero.

3 Bien para Loustau

El arbitraje de Loustau recibió un aprobado. En un partido sin brillo, no se involucró en ninguna jugada polémica. Amonestó correctamente a cuatro de River y otros cuatro de Boca. Le faltó mostrarle la amarilla a Tevez por una falta desde atrás.

4 La punta sigue lejos

Después de la victoria de Lanús, el empate en el Monumental dejó a Boca muy retrasado en su zona: 8 puntos parecen una diferencia indescontable. Para River el 0-0 también supo a poco, pero la igualdad de Central le permitió seguir a 6 de la cima.

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