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Boca demostró que podía ser peor

LA NACION
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Cristian Grosso
Lunes 07 de marzo de 2016
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Jugar sin la pelota carga el músculo y atrofia la mente. Sin la pelota se corre más y se piensa peor. Sin la pelota el arco de River se vuelve una miniatura. El cero persigue a Boca y califica su identidad: un equipo que deambula sin un eje y que es incapaz de poner en apremios al oponente. Menos a River, desde hace tiempo en otra dimensión como expresión colectiva. El palo, un revolcón de Orion y la providencia salvaron a Boca, que entregó renovadas señales de involución. Una semana después, este conjunto es peor que el del Vasco Arruabarrena. Todavía no es el de Guillermo Barros Schelotto, simplemente se trata de un conjunto aturdido en su precipitada reconstrucción.

El empate apenas les alcanzó a los xeneizes para desactivar el ulular de las burlas. Después, sólo acumularon preocupaciones. Otro partido sin convertir. Es imposible imponer condiciones sin lucidez para llegar al gol. En nueve encuentros oficiales, apenas marcó cinco goles... y cuatro los gastó con Newell's. Tapizó el Monumental de volantes con manejo y casi nunca dispuso de la posesión. Ubicó a dos delanteros que prácticamente no transitaron el área. Tevez volvió a huir de esa zona a la que ya siente como un campo minado.

Si ansias de inmolación movilizan al Apache mientras arrastra su rodilla maltrecha, ya es momento de tomar una determinación de fondo. ¿Debe permanecer entre los titulares? Esta versión apagada no rescata a Boca ni intimida a nadie. La gestión Barros Schelotto exige autoridad; fue una de las razones para el desembarco de la leyenda. Lesionado, Daniel Osvaldo igualmente se puso en la formación de Arruabarrena que ganó en San Juan y agravó una fractura que lo mantiene inactivo. Mientras, Boca reclama alguien que al menos haga sombra alrededor del arquero rival.

A Gigliotti lo invitaron a irse después de errar un penal. A Calleri lo convencieron de que debía seguir el rastro de los dólares. Antes, Boca ya había repartido a Boselli, Viatri y Blandi. Osvaldo, aun cuando esté sano, todavía desconcierta. Palermo soportó burlas y demostró que no tenía los pies de mármol, por eso la opción de clavar su mitológica estatua en el área adversaria quizás infunda algo de temor.

Y como es el miedo el que invita al conservadurismo, intervienen algunos técnicos y buscan refugio en el orden. Mientras Gallardo descompuso el doble cinco -Lucho por Ponzio-, sumó presencia en el área -Alonso por Driussi- y apostó a la picante verticalidad de Martínez por Nacho Fernández, Guillermo hizo tres variantes para que todo continuase igual. Igual de mediocre. Por ahora, la crisis de Boca el Mellizo no la piensa calmar con dosis de atrevimiento.

Boca tendrá cuatro partidos para remendar un semestre en caída. Los de la Libertadores, con el ascenso a La Paz, la visita a Avellaneda y ante Bolívar y Cali en una Bombonera que sudará nervios. Del torneo local acaba de salir eyectado. La Sudamericana 2016 no la jugará por la paliza que se llevó de San Lorenzo y participar de la Libertadores 2017 hoy aparece en planes remotos. Nada desactiva una bomba estructural.

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