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Apasionadas por la ciudad: mujeres que revalorizan el ambiente urbano

Una buzo, una recicladora, una fotógrafa amateur y una pintora mejoran Buenos Aires con su trabajo

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PARA LA NACION
Martes 08 de marzo de 2016
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Una buzo profesional que se sumerge y recorre la red pluvial de la Capital para liberarla de obstrucciones que puedan provocar inundaciones y trastornos. Una recuperadora urbana que, junto a otras mujeres, creó una cooperativa de recicladores y hoy retiran 22 toneladas de residuos por día de las calles porteñas, mejorando la higiene y disminuyendo la contaminación.

Una vecina que dedica horas de su vida a fotografiar edificios y portones de alto valor arquitectónico para difundir la riqueza patrimonial de Buenos Aires e invitar sutilmente a preservarla. Una pintora dedicada al arte callejero que, con sus murales, busca no sólo embellecer rincones deteriorados de la ciudad, sino también dialogar con la sociedad.

Son sólo cuatro de las muchas mujeres que, desde el anonimato, dirigen su trabajo o su hobby a revalorizar el ambiente urbano en el que los porteños desarrollan su vida.

En el Día Internacional de la Mujer, LA NACION quiso contar sus historias y cómo ellas aportan su grano de arena al cuidado y la mejora de la ciudad de todos.

En otro tiempo y en otro espacio, y a pequeña escala, el empuje de estas mujeres rinde homenaje a aquellas obreras de Estados Unidos y de Europa que, a fines del siglo XIX y principios del XX, se organizaron en defensa de sus derechos laborales y cívicos. Varias veces eligieron el 8 de marzo para realizar protestas callejeras. Fue en 1977 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó esa fecha como Día por los Derechos de la Mujer.

Carla Vidri: Impedir que se inunden las calles

Las jornadas laborales de Carla Vidri suelen comenzar en la oficina con vista privilegiada de la Dirección de Pluviales de la Ciudad. Funciona en los lagos de Palermo, entre patos y un sol que convierte el espejo de agua en un edén. Pero luego esta buzo, con importantes certificaciones internacionales, se sumerge en los desagües de toda la Capital y recorre bajo tierra "otra ciudad" que la mayoría de los habitantes desconoce. Vidri es la única mujer que realiza este trabajo impensado. "Todas las mañanas te levantás, te ponés un cuchillo entre los dientes y salís a recorrer la calle", dice la imponente morocha que trabaja en un equipo mayoritariamente masculino y que no duda en calzarse botas, el chaleco y casco para adentrarse en los conductos subterráneos y verificar que no haya nada que impida el drenaje del agua ante una tormenta. "Me apasiona mi trabajo, me gusta mirar a mi hijo a la noche y contarle lo que hicimos, lo que descubrimos", relata. Reconoce que todavía falta tomar mucha conciencia sobre el cuidado del ambiente e insiste en el rol de cada vecino, en su propia cuadra: "Tapaste tu sumidero hoy, llovió esta noche y chau, se inundó tu cuadra; no hay mucha vuelta que darle", simplifica.

Foto: LA NACION / Diego Spivacow/AFV

Ocupación: buzo profesional

Edad: 40 años

Marta Novo: Rastrear y difundir el patrimonio

Recorrer la ciudad, pasear y dejarse sorprender por su increíble arquitectura. Captar el patrimonio en un instante, detener el tiempo con un simple clic. En Marta Novo la pasión por la fotografía es difícil de rastrear, pero no hace tanto descubrió que lo que más le atrae es fotografiar puertas y rejas artesanales de ventanas: "Es la terminación de una casa, que puede determinar que sea bella o no tanto. Es como para las mujeres los aros, collares o las pulseras: nos terminan de vestir", explica. Y confiesa: "Las toco pensando qué manos se habrán aferrado a ellas en otro tiempo". Se entusiasma mientras imagina las historias de vida transcurridas tras esas ventanas que inmortaliza con su pequeña cámara o su celular. Luego, las comparte en Facebook para que otros descubran la riqueza patrimonial escondida en Buenos Aires. "Vivimos demasiado apurados y ofuscados. Tenemos tiempo, miremos a nuestro alrededor, descubramos el placer de mirar nuestra ciudad, que está ahí para que nosotros conozcamos su historia", reflexiona. Sorprendida por la majestuosidad de palacios exquisitamente conservados y el increíble abandono de tantos otros, vio cambiar vertiginosamente el paisaje porteño, no siempre para mejor: "Bienvenido lo moderno, pero no sacrifiquemos nuestro pasado", advierte.

Foto: LA NACION / Patricio Pidal/AFV

Ocupación: empleada administrativa

Edad: 52 años

Cristina Lescano: Reciclar para no contaminar

"Poné que tengo cincuenta..., sin cuenta", dice y suelta una carcajada. Cristina Lescano ríe con ganas, y la sensación de plenitud por el trabajo realizado es contagiosa. No siempre fue así. Esta incansable luchadora hoy es directora de la cooperativa de recicladores El Ceibo, pero su camino hasta allí incluyó hambre e incertidumbre. Los 80 llegaban a su fin y la encontraron con el secundario completo, pero sin trabajo, en una casa tomada y con enormes necesidades que satisfacer: "Me tocó salir a la calle con mi hijo y una enorme vergüenza a cuestas. Tuve que aprender a las apuradas el oficio del cirujeo", narra hoy sin pudor. Fueron 10 las mujeres que, junto a ella, reunieron fuerzas y salieron a buscar el pan con un oficio humilde. Y honorable. "Las mujeres somos las que logramos las cosas", confiesa. "Nos sacaban los carros, nos estafaban en los depósitos, no éramos bien vistos", rememora. Hoy ya no revuelven la basura y son 342 las personas que, bajo su dirección, separan los residuos de Palermo, Recoleta y Puerto Madero para trasladarlos a empresas que les dan tratamiento; recolectan 22 toneladas diarias. "La educación se hace hacia adentro y también hacia afuera, hay que educar a los que hacen", insiste.

Foto: Emiliano Lasalvia

Ocupación: recicladora urbana

Edad: 54 años

Carolina Favale: Embellecer por medio del arte

Pintar la ciudad como modo de intercambio, de conocimiento y encuentro con el otro. Eso es lo que motiva a Carolina Favale, joven artista callejera, en el momento de plasmar un mural sobre una pared u otro espacio a intervenir. Esta licenciada en Bellas Artes y artista free lance reparte su tiempo entre la docencia, las ilustraciones para libros infantiles y su mayor desafío y ocupación: el arte urbano o callejero. Para Carolina, pintar en la calle tiene que ver con el uso del espacio público; "es un medio", dice, y de hecho lo hace en función de cada lugar intervenido, cuidando el contexto y prestando atención a los detalles más sutiles, como puede ser el fluir del tránsito o el movimiento de los árboles de la cuadra, siempre con ánimo de mejorar el paisaje urbano. Explica que busca crear imágenes "que inviten a la contemplación, a profundizar en las relaciones humanas, que puedan aportar a transformar la realidad. Que el mensaje no sea agresivo, sino a favor de la introspección y el disfrute". La joven decidió lanzarse a compartir su arte con la sociedad ante la falta de propuestas en pintura fuera de los ámbitos de un museo o una galería, "algo que no sucede con la música o el teatro". Observadora de las conductas humanas, considera que el arte puede ayudar a mejorar la comunicación entre la gente.

Foto: LA NACION / Gza. Sofía Del Mónaco

Ocupación: artista callejera

Edad: 30 años

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