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Mariela Dabbah: la argentina que hizo que en todo el mundo, los martes, las mujeres usen zapatos rojos

Quién es la creadora del Red Shoe Movement, que nació en Nueva York y en casi cuatro años contagió a 145 países, con la consigna de usar zapatos rojos los martes para apoyar el desarrollo profesional y las mismas oportunidades para todas las mujeres en el mercado laboral

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LA NACION
Martes 08 de marzo de 2016 • 10:21
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En el 2012, Mariela Dabbah, una argentina radicada en Nueva York, decidió lanzar una iniciativa algo disparatada para acompañar el lanzamiento de su libro, Poder de Mujer. Como evidencia de su compromiso con la igualdad de género en el ámbito laboral en la Gran Manzana, proponía que cada martes las mujeres fueran a trabajar con zapatos rojos. Sería una señal visible para mostrar su apoyo al desarrollo a la carrera de otras mujeres y la igualdad de oportunidades. Pero no pasó mucho hasta que la iniciativa se convirtió en The Red Shoe Movement, al que se han sumado miles de mujeres en todo el mundo. Hoy tienen representantes del movimiento en 145 países. E incluso muchos hombres se han sumado a la iniciativa y cada martes eligen una corbata roja de su guardarropas para dejar en claro que ellos también apoyan el crecimiento laboral de las mujeres.

En ese camino, Dabbah, que hace pocos días estuvo de visita en la Argentina, se convirtió en una de las diez autoras de habla hispana que más libros venden en los Estados Unidos. Acaba de lanzar, junto a Posibl, una plataforma de contenidos que conecta a emprendedores, influencers, marcas y organizaciones, una miniserie documental #RedShoesTuesday, que se difundirá en esa página.

- ¿Por qué hay que usar zapatos rojos los martes?

-Hace tres años, el Red Shoe Movement lanzó la campaña de concientización #RedShoeTuesday (Martes de zapatos rojos), para ayudar a acelerar la representación de mujeres en puestos de toma de decisión. Es una invitación a que todos usemos zapatos y corbatas rojas para trabajar los martes en demostración de apoyo al crecimiento profesional femenino. Es una idea simple: teniendo un recordatorio visual semanal se mantiene activa la conversación de los beneficios de tener mayor diversidad en niveles jerárquicos. Se continúa explorando cómo ir ajustando la cultura en las organizaciones y fuera de ellas para que se aprovechen los estilos de liderazgo complementarios de la mujer y del hombre.

-¿Qué repercusión ha tenido hasta ahora?

-Ya tenemos entusiastas en 145 países que no sólo usan corbatas y zapatos rojos los martes sino que siguen nuestros principios y los enseñan a sus colegas, clientes y socios. En América latina, por ejemplo, cuando lanzamos el movimiento, se sumó el grupo de empleadas de Dell y ellas compartieron la información con sus socios en Intel y Microsoft de la región. La idea es que se llegue al punto de no retorno, a partir del cual sea normal tener una real diversidad, incluida la de género, en puestos de toma de decisión. El Red Shoe Movement es una compañía de desarrollo profesional y liderazgo enfocada en mujeres con una metodología propia de automotivación y apoyo mutuo. Está potenciada por un movimiento de mujeres que se apoya mutuamente para el crecimiento profesional.

- ¿Cómo fue tu primer día con zapatos rojos, y cómo se produjo el efecto contagio en tu entorno?

- La primera vez que me puse zapatos rojos fue durante la gira de medios para presentar el libro que le dio nacimiento al movimiento y a mi compañía de capacitación, Poder de Mujer (Penguin, 2012). Un libro que invita a la mujer a explorar su propia definición de éxito para poder llegar tan lejos como quiera. Fue impresionante porque no sólo yo me sentí súper poderosa, sino que a todos lados a donde iba la respuesta era: "¡Me tengo que comprar un par de zapatos rojos!" Y los hombres decían "Me tengo que comprar una corbata roja". Y en muy poco tiempo, ya no pude usar zapatos de otro color ni para aparecer en los medios ni para reunirme con colegas o potenciales clientes. ¡Porque ellos se ponían zapatos y corbatas rojas para recibirme! Hoy el contagio se produce porque gracias a la colaboración de madrinas y padrinos de todo el mundo regalamos el icónico dije del Red Shoes Movement, que planta la semilla del autoempoderamiento en las mujeres.

- ¿El mundo empresarial sigue siendo un planeta de hombres?

-Los puestos ejecutivos de las grandes corporaciones siguen siendo ocupados mayormente por hombres. Si bien hay desde hace varias décadas en Estados Unidos y Europa iniciativas de diversidad e inclusión, que más recientemente están aterrizando en América latina y la Argentina. la aguja se mueve muy lentamente a esos niveles. Hay menos de 3% mujeres CEO de las compañías en las Fortune 500 y sólo un 26% son vicepresidentes o gerentes senior.

-¿Qué resignan las mujeres que llegan a puestos ejecutivos?

-Lo mismo que los hombres que llegan a puestos ejecutivos, deben evaluar la etapa de la vida en la que están y elegir sus prioridades. El problema que más afecta a la mujer y sus oportunidades de crecimiento es la doble carga de trabajar a tiempo completo y ser la responsable de la familia. Para que esto cambie, hay que renegociar los roles en casa. Nadie puede hacer todo al mismo tiempo. Necesitamos aliados y delegar responsabilidades de las que no hace falta que nos ocupemos. Hace poco una ejecutiva me dijo: "Yo ya era banquera y mi esposo se seguía quejando que no le planchaba bien los cuellos de las camisas. Ese fue el momento en que decidí "tercerizar" el planchado. Ahora las mando a la tintorería." A esa mujer le tomó muchos años darse ese permiso, pero son esas pequeñas decisiones las que van liberando su tiempo y su energía para enfocarse en sus objetivos profesionales.

-¿Para llegar, esas mujeres terminan asumiendo un estilo masculino?

-Existe una cultura organizacional que premia, a menudo de manera inadvertida, conductas masculinas. Y tiene lógica porque estas organizaciones fueron creadas hace muchos años para una fuerza laboral principalmente masculina. Por ejemplo, la competitividad, o estar disponible 24 horas, siete días a la semana. Vestirse de una cierta manera. Lo que debemos ir logrando juntos es una mayor aceptación de estilos de comunicación y liderazgo diversos para mejorar la competitividad y sustentabilidad a largo plazo de cada organización. Es ahí que la mujer con su estilo empático, habilidad de generar consenso, estilo de liderazgo cooperador, dotes de controlar procesos, capacidad de medir riesgos tomando en cuenta a todos los stakeholders (aliados estratégicos) aporta un enorme beneficio que se pierde cuando se masculiniza.

-¿Qué hace a una mujer exitosa?

-Una mujer exitosa tiene bien alineados sus intereses y motivaciones con lo que hace en la vida profesional. Es mucho más fácil crecer cuando estás en un campo que te da satisfacción. Las mujeres exitosas encontraron una salida que les funciona a ellas. No copian el modelo de nadie. Inventan el propio. Y saben decir "no" a todo lo que no es su prioridad en ese momento.

-¿Cuánto de todo ese éxito se trabaja en pos de una imagen hacia los otros y no de una autopercepción satisfactoria?

-Si sos exitosa sólo para afuera, probablemente seas muy infeliz. En mi libro ofrezco un proceso de exploración que es mucho más rico si lo hacés con un grupo de mujeres. La idea es que encuentres esa definición propia que te aleje de predeterminaciones que te llegaron de tus ancestros y que sin darte cuenta se han convertido en la banda sonora de tu vida. Cosas como que tenés que trabajar duro y ya te reconocerán tus méritos sin que hagas nada al respecto. O que sos la que siempre debe estar en función de apoyo y no de ser vista. Una vez que descubrís a dónde te gustaría llegar, quién te gustaría ser, lo bueno es que encuentres los recursos y las personas que te ayuden a cumplir tus metas, allí es donde el Red Shoe Movement juega un rol importante.

-¿Las mujeres saben negociar en la casa y no en el trabajo? ¿Por qué?

-No se dan cuenta de que eso que hacen en casa se llama "negociación". Que cuando le dicen al hijo: "sólo podés usar tu smartphone si primero hacés la tarea", o al marido: "yo visto a los chicos a la mañana, pero a vos te toca acostarlos esta noche" están negociando. Y como resultado no transfieren esas destrezas al trabajo y pierden esa ventaja que les da su gran experiencia en negociar.

-¿Cuáles son las ventajas innatas del ser mujer que fuimos mutilando en pos de una igualdad de género?

- Cuando la mujer se masculiniza deja de aprovechar sus enormes ventajas innatas. Su capacidad de escuchar, de ponerse en el lugar del otro, de medir los riesgos antes de saltar al vacío, de establecer y mantener relaciones y aprovecharlas para lograr resultados positivos para todas las partes involucradas. De generar ideas innovadoras usando la perspectiva de la mujer, es decir de la persona responsable por el 80% de las compras en un hogar. Por eso, lo importante es buscar la equidad de género respetando el estilo personal y las características de cada individuo y cada género. Es en la complementariedad de los estilos en donde está el verdadero beneficio para la sustentabilidad de la organización y la sociedad.

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