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Los sueños de las argentinas: a qué aspiran las mujeres

Viajar, estudiar, tener su casa, casarse, hacer deportes y tener un hijo son las principales metas, según un estudio de TNS Gallup Argentina; el 66% señala que las trabas que las frenan son económicas

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LA NACION
Jueves 10 de marzo de 2016
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Son hijas, madres, hermanas, amigas, esposas, empleadas, emprendedoras, profesionales, deportistas y tantas cosas más. Llenan vacíos. Empujan. Intentan. Se caen. Se levantan. No se conforman.

Las mujeres argentinas quieren ir detrás de sus sueños. Así lo sostiene una encuesta realizada por TNS Gallup Argentina en diciembre pasado que señala que seis de cada diez argentinas dicen tener aspiraciones pendientes, tendencia que se hace más fuerte en la clase media en todo el país.

Sin embargo, el dato positivo - que habla del deseo de seguir creciendo y reinventándose- es que el 74% cree que podrá realizarlos. En síntesis, las argentinas no pierden las esperanzas y la inmensa mayoría tiene fe en que logrará sus metas.

¿Qué desafíos quieren cumplir las mujeres de hoy? Viajar por el mundo (33%), estudiar (32%), tener o terminar su casa (8%), hacer deporte o danza (3%), tener un hijo (3%), tocar un instrumento (2%) o escribir un libro (1%), entre muchos otros.

El informe muestra que los impedimentos para la realización personal tienen que ver -en su mayor parte- con trabas económicas (66%), pero también por falta de tiempo (33%), principalmente entre las más jóvenes.

Mujeres fuertes

La misma consultora realizó en 2013 una investigación para conocer cómo definirían a la mujer los argentinos. Al pedir a la población adulta del país que definiera espontáneamente a la mujer con una sola palabra, "fuerte" apareció a la cabeza con el mayor número de menciones. Recién después aparecieron conceptos como "maternal", "bella", "compañera" y "trabajadora" que siempre identificaron más a lo femenino.

Otro dato interesante es el que aporta un relevamiento realizado por Avon en 2015, que señala que el 89% de las mujeres sostiene que sentirse más fuerte y confiada la inspira a ayudar a los demás.

En la Semana de la Mujer rescatamos historias de mujeres anónimas que contra todos los obstáculos, soñaron. Que no bajaron los brazos. Que lucharon por lo que querían.

Son testimonios de dolor, de frustración, de fracaso, pero también de resiliencia, de resurrección, de éxito. Que muestran que con amor y voluntad todo se puede. Voces que son fuente permanente de inspiración para todos los que todavía se animan a ir por más.

Bilma Acuña: salvar a ?los chicos del paco

Foto: Diego Spivacow / AFV

Son como fantasmas, nadie los ve. Comen de la basura. Andan deambulando, a los tumbos, como mutantes. En un horno de fuego que los va consumiendo de a poco. Así define Bilma Acuña a los chicos y jóvenes que caen bajo las garras del paco en Ciudad Oculta. "El paco los inhibe, les saca las fuerzas y eso los aísla de sus familias", dice esta mujer que vive hace 50 años en el barrio y conoce todos sus infiernos.

Vio la entrada de la droga con la llegada de la democracia, a familias enteras que se morían de sida, a los chicos que hoy se dan con pastillas y alcohol.

"Yo soy una sobreviviente, pero todos mis amigos están muertos. No hay nada mejor que la satisfacción de salvarle la vida a un pibe", agrega esta madre que atravesó el peor desgarro posible: perdió a dos hijos.

A David, de 16 años, lo mataron por ser testigo presencial de un homicidio perpetrado por un grupo de narcotraficantes. A los meses, su hija Sandra moría de sida a los 23.

"El chico que le disparó a David fue condenado, pero yo además me propuse que la suya no iba a ser una muerte más. Ahí me puse a trabajar con mucha fuerza en la lucha contra el paco", cuenta Bilma, sentada en la sede de la Red de Madres en Lucha Contra el Consumo de Paco desde donde junto a otras mujeres hicieron visible el gravísimo problema de la venta de drogas instalado en el corazón de las villas.

"Las madres son las que llevamos esta lucha porque somos las que tuvimos a nuestros hijos nueve meses en la panza. Soñamos lo mejor para ellos. Nunca pensás que tu hijo se va a volver tu enemigo por culpa de una adicción. Y que va a ser autodestructivo. Pero acá los varones tienen que aprender a encontrar su identidad, a pertenecer a los grupos. O se suman o son unos cagones. Éste es un contexto muy difícil", cuenta Bilma, que habla desde sus entrañas, que llora, que se emociona.

Porque su ex marido consumía y la golpeaba, porque dos de sus hijos hoy le siguen dando batalla a las adicciones, porque todos los días atiende a madres desesperadas.

"Los chicos se meten en un tremendo vacío, en una soledad imposible. Entonces uno siente culpa por todo lo que hizo y todo lo que dejó de hacer. Estos son chicos esclavos del consumo, que lastiman a la gente que más quieren. Lo primero que hace el consumo es quebrar su voluntad. Y lo que tenemos que mostrarles es que la única alternativa no es la cárcel o el cementerio, sino que vale la pena vivir la vida."

Hoy, su pedido a las autoridades es un lugar de emergencia adonde los chicos puedan ir después de las cinco de la tarde, se les realice una evaluación y se los derive al lugar que corresponda. "Retrocedimos mucho porque la nueva ley de salud mental elimina la protección de persona que antes permitía a las madres ingresar a sus hijos a tratamiento en situaciones de crisis. Ahora depende de la voluntad de los chicos que no están en capacidad de decidir. Y hemos tenido muchas desgracias. Es un dolor, una lucha que estamos viviendo", concluye Bilma.

Organización: Red de Madres en Lucha Contra ?el Consumo de Paco

Contacto: (011) 4601-6283

Soledad Ciaramella: ser una mamá todoterreno

Foto: Santiago Cichero / AFV

Están tomando la merienda. Jazmín (3) pone cara de pícara y pide una medialuna más. Sería la tercera. Soledad Ciaramella (42), la mamá, hace la última concesión y le corta una puntita. Las dos son felices en el comedor de su casa en Vicente López. El cuadro lo completan Martín Peirotti (42) y Benjamín (4), sentados a la cabecera de la mesa.

Éstas son las batallas cotidianas de la maternidad que Soledad siempre había querido librar. Pero no tenía suerte. Seis años buscando hijos biológicos con su marido y nada. Tratamientos y nada.

"Pedime cualquier cosa menos que adopte un hijo porque no voy a poder querer como propio a un chico ajeno", había dicho Martín con demasiada convicción cuando se conocieron. Soledad lo intentó igual. Y Martín aceptó este nuevo desafío.

"Ya estábamos viviendo juntos hacía 10 años y sin estar casados yo iba a tener que adoptar como madre soltera. Entonces nos casamos", cuenta esta ingeniera química, que cambió su profesión por la que siempre quiso ejercer: la de mamá.

Cuando fueron a anotarse para adoptar la única restricción que pusieron era que el niño tuviera menos de cuatro años. Lo demás no les importaba. Cuando se acercaron al registro de Buenos Aires, directamente les hablaron del caso de Benjamín porque habían aceptado adoptar a chicos con alguna discapacidad. Tenía un año y dos meses, parálisis cerebral, era sordo y estaba en una familia de tránsito.

"El día que lo tuve en brazos supe que era nuestro hijo. Después nos enteramos de que tenía una hermana y también la quisimos. Benja llegó en octubre de 2012 para el Día de la Madre y Jazmín en abril de 2013, para mi cumpleaños", dice mientras Martín juega con Benja.

Su vida dio un vuelco. Hoy, Soledad se reparte entre las muchas terapias de Benja, que asiste al Instituto Federico Dominick, y el día a día de Jazmín que va a un jardín municipal de la zona.

"La gorda es compradora y supercariñosa. A Benja lo aman todas las maestras. Como no puede pedir, Benja está muy abierto a recibir amor. No sabemos si algún día va a hablar o caminar. Cuando llegó no te miraba a los ojos y ahora está mucho más conectado", dice Soledad, a la vez que persigue a Benja que se mueve como loco por la casa, gateando, subiendo la escalera.

Sus familias enseguida apoyaron la adopción y generaron un vínculo increíble con sus hijos, de los cuales ya tienen la sentencia plena de adopción.

"Lo que Benja nos enseña todos los días es que nada es imposible. Uno cree que como padre tiene un montón de cosas para mostrarles, pero son ellos los que nos enseñan sobre esfuerzo y superación. Yo lo amo así como es y no le cambiaría nada. No sería más feliz si mi hijo no tuviera los problemas de salud que tiene", dice Soledad entre lágrimas.

Jazmín, que está a upa, la mira preocupada y la abraza fuerte. "Cuando Jazmín sale corriendo del colegio y me grita «mamá» es increíble", resume Soledad.

Liliana Cabrera: publicar sus libros desde la cárcel

Foto: Fabián Marelli

"No hay rejas que impidan que mi mente sea libre", "No hay requisas que vean mi alma", dicen unos carteles pegados en un placard del espacio que la organización Yo no fui tiene en el Mercado Solidario de Bonpland.

Allí, precisamente, Liliana Cabrera (35) está dictando un taller de poesía abierto a la comunidad. Lo mismo hace los martes en la Unidad 31 de Ezeiza (de madres) y los jueves, en la Unidad 4 (máxima seguridad), también de Ezeiza, de la mano de Yo no fui.

"El primer taller que conocí cuando estuve detenida fue el de poesía y fue por los comentarios de otras compañeras. Más allá de poder escribir podías hablar con las chicas de afuera y ya el trato era diferente al que recibíamos adentro, era como una conversación de amigas", dice esta joven que durante los ocho años que estuvo privada de su libertad pudo encontrar su propia voz. Salió en 2013.

"La poesía fue como abrir una ventana a mí misma. Gracias a ella pude llegar a tantos lugares, publicar, conseguir un permiso para ingresar una computadora y una impresora en la cárcel. Para mí lo importante es que mis compañeras -porque estoy afuera. pero siempre van a seguir siendo mis compañeras- vean que si yo pude, ellas también pueden", dice Liliana, que un mes después de haber salido en libertad volvió a Ezeiza con cuadernos, lapiceras, versos y nuevas propuestas para escribir desde el alma.

De sus días adentro lo que más recuerda es la impotencia de sentir que el tiempo no era suyo. "Todo fue más fácil cuando lo acepté y decidí que yo quería hacer algo con ese tiempo libre. Me inscribí en todos los talleres que pude e hice tres materias del CBC para Derecho", agrega Liliana.

Iba a hacer valer su tiempo. Quería mostrar sus poemas al mundo. Con la ayuda de Yo no fui publicó tres libros con su propia editorial cartonera, Bancame y punto, la primera en una cárcel de mujeres.

"A la cárcel la conocí por dentro y por fuera. Cuando voy a la 31 les doy el taller a mis ex compañeras. En general las mujeres escriben sobre la pérdida de la libertad y el dolor que les genera la lejanía de sus hijos", explica esta joven que hoy vive sola en San Cristóbal y que trabaja dando los talleres para Yo no fui y Arbusta.

La libertad es un capítulo nuevo en su vida. La discriminación. Encontrar trabajo. Empezar a disfrutar de una caminata por la ciudad, una tarde de sol, una buena comida. "Cuando salí fue difícil. Desde el Estado no había nada, un Patronato de Liberados que no existe. Te piden antecedentes para cualquier trabajo. Las personas que terminan en la cárcel son las mismas que se mueren en los barrios. Son las que no tienen oportunidades", dice.

Para ella la cárcel es la muerte en vida. Y ella quiere vivir. Seguir escribiendo. Ayudando a sus compañeras. "Cuando me fui del penal sentí que dejaba parte de mi familia y el taller es una oportunidad de volver a verlas. Cuando voy son los días más felices de mi semana. Muy loco, ¿no?", se pregunta.

Cómo se ven las madres

Según una encuesta realizada en septiembre de 2015 por Voices! para la Fundación UADE, seis de cada diez madres consideran que están haciendo de manera excelente o muy buena su tarea, mientras que quienes así piensan de los hombres bajan a 4 de cada 10.

Cuando se les pregunta a las mujeres qué valores quieren inculcar a sus hijos, los buenos modales (80%) aparecen en primer lugar, seguidos por la tolerancia (53%), la responsabilidad (49%), los buenos hábitos de salud como alimentación y actividad física (37%), y la obediencia (34%).

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