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Cómo llamar a un taxi, la batalla que se acerca

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LA NACION
Domingo 13 de marzo de 2016
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A finales del siglo XV, el emperador Maximiliano I nombró a un noble lombardo como "Correo Mayor" del Sacro Imperio, y le encargó una completa reforma del precario servicio postal entre Francia y los Países Bajos. Inspirado en los mongoles, el noble diseñó un sistema regular de postas y relevos que revolucionó el envío de correspondencia entre los estados y personas particulares. El hombre encargado de la proeza se llamaba Francisco de Tassis o, en alemán, Franz von Taxis, y aunque hubo que esperar hasta 1904 para que Louis Renault colocara los primeros taxímetros en los novedosos vehículos que venían a reemplazar la tracción a sangre, a aquel noble lombardo le debe su nombre el servicio de transporte que en todo el mundo se conoce como "taxis".

El sistema evolucionó con las décadas, pero desde 2009 vive una revolución que podría cambiarlo para siempre. Ese año, en San Francisco, el canadiense Garrett Camp y el estadounidense Travis Kalanick crearon una aplicación para móviles que permite contactar a conductores particulares que ponen sus autos a disposición para trasladar pasajeros a cambio de una tarifa económica que se abona desde los mismos móviles. Considerada "la startup del año", se expandió velozmente a casi 70 países y hoy tiene un valor de mercado estimado en 60.000 millones de dólares. Se llama Uber y está literalmente cambiando la forma de llamar un taxi, ya que en unas 400 ciudades la gente dice ahora "voy a pedir un uber".

Esta revolución en el transporte urbano de pasajeros podría llegar este año a la Argentina, uno de los pocos países de la región donde aún no está presente. Pero aunque el sistema podría ser rápidamente adoptado por los usuarios, se espera que, tal como ocurrió en París o Madrid, entre otras grandes ciudades, estalle una dura batalla legal y política con los taxis tradicionales que ven amenazado su negocio: en Nueva York, el valor de una licencia para taxis se redujo de un millón a 750.000 dólares desde la llegada de Uber. Otros, en cambio, ven un beneficio para los choferes, que podrían trabajar independientemente, sin patrones ni costosas licencias, que en Buenos Aires hoy valen 40.000 dólares.

Hay un buen precedente. Hasta Uber, una de las mayores innovaciones en el transporte urbano de pasajeros ocurrió en 1928 en Buenos Aires, cuando nacieron los "taxis colectivos" para trasladar a varias personas a lo largo de un recorrido fijo y a un costo menor. A la larga acabarían con los tranvías, del mismo modo que los vehículos a motor acabaron con los carruajes tirados por caballos.

En definitiva, más tarde o más temprano el debate se instalará en las calles porteñas y de otras ciudades argentinas poniendo a prueba la apertura de la sociedad (ciudadanos, sindicatos, empresarios y políticos) a absorber los cambios que la era digital imprime irremediablemente en cada aspecto de la vida cotidiana.

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