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India: un tour al otro lado

Con un millón de habitantes, Dharavi es uno de los distritos más pobres y densamente poblados de Asia. Una agencia ofrece excursiones para recorrerlo

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PARA LA NACION
Domingo 13 de marzo de 2016
Foto: Reality Tours
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MUMBAI.- La mujer está vestida de negro. Camina por pasillos angostísimos, esquiva caños rotos y veredas húmedas y llega a su casa en esta parte del centro de la ciudad financiera más importante de la India.

Esta madre musulmana es parte del millón de personas que vive en Dharavi, un sitio que solía ser una aldea de pescadores hasta que se empezó a poblar, y a poblar, con migrantes de toda India, y a ser olvidado por el gobierno, hasta terminar siendo un slum, una villa.

En esta villa vive un millón de personas distribuidas en 1,7 kilómetros cuadrados. Dharavi tiene más habitantes que tres provincias argentinas juntas -Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego-. En la ciudad de Amsterdan viven menos personas -820 mil- y el espacio que tienen para habitar es diez veces mayor que todo Dharavi. Las comparaciones podrían seguir.

Foto: Reality Tours

Dharavi es conocida como el slum más grande de Asia. Tiene siete baños para un millones de personas, que se limpian tres veces por mes. Los puso el gobierno. En general los nenes chiquitos se hacen pis y caca encima, o en la calle, porque no llegan. Así viven.

Nanu, guía turístico de Reality Tours and Travel, dice que, en verdad, este no es el slum más grande de Asia, pero sí el más densamente poblado: tiene la mayor cantidad de habitantes por metro cuadrado.

Reality Tours fue creada en 2005 por un ciudadano de la India y otro de Inglaterra con el objetivo de mostrar el lado positivo de los slums y terminar con los estereotipos negativos sobre sus residentes, los de Dharavi en particular. El tour por Dharavi y el concepto de Reality Tours estuvo inspirado, originalmente, por el tour que se hace en las favelas de Brasil. El objetivo era sensibilizar a los turistas sobre la vida en las villas y, a su vez, conseguir dinero para los proyectos locales de la comunidad.

Dharavi está entre las dos líneas de tren más importantes de Mumbai, la del oeste y la central. Esos trenes transportan todos los días miles de personas de un lado a otro de la ciudad. En esos viajes, en los que cientos de ellos van parados, un promedio de dos mil personas mueren por año al caer a través de las puertas abiertas. Según publican los diarios europeos, los trenes en Mumbai llevan más de 7 millones de personas al día y se encuentran entre los más concurridos en el mundo. En hora pico más de 5 mil personas se pueden meter en vagones que tienen lugar para 1700.

Rápido, es tóxico

En Dharavi hay 27 templos hindúes, 11 mezquitas y seis iglesias. Dos décadas atrás, en este lugar casi no había conflicto entre hindúes y musulmanes a pesar de que vivía la misma cantidad de unos y de otros a una distancia muy cercana. Ahora, cada espacio, cada barrio dentro del slum, pertenece a algún grupo de inmigrantes o a alguna religión. Se dividen en zonas por comunidades: hay comunidad de musulmanes, de hindúes, de los que migraron del sur, de los primeros habitantes de Dharavi.

Foto: Reality Tours

Junaid maneja un auto que traslada turistas europeos y americanos a Dharavi. Antes vivía en el campo pero se fue a Mumbai en busca de trabajo, como tantos otros migrantes que hicieron de esa ciudad un gigante. Ahora es uno de dos millones de habitantes de las villas de Mumbai. Antes de entrar, frena el auto en un Costa Coffee Shop, cadena de café, el último lugar donde los turistas podrán ir al baño y tomar agua. Porque nada de eso les permitirán hacer adentro, durante las dos horas y media de caminata por esta realidad que sólo vieron en las películas.

"Hay 16 industrias legales en el slum", explica Nanu, el guía. Las otras -más de 300- son ilegales, contaminan y son tóxicas para el que trabaja en ellas. El hombre que los turistas ven quemando aluminio tiene una esperanza de vida de 55 años. Vive ahí porque llegó del sur para escaparse del trabajo esclavo del campo, y alquilar una pieza en Mumbai es de lo más difícil. Entonces termina viviendo en su lugar de trabajo, explotado en una industria ilegal, solo, descalzo, sucio. Cuidando las máquinas del patrón. No puede dejar el trabajo, porque queda -sin metáforas- en la calle.

"Rápido porque es tóxico", apura Nanu a los turistas.

Las industrias van desde cerámica, cueros, que después se convierten en carteras de primeras marcas, panadería, hasta reciclaje de cartón o plástico y textiles. Hay otras industrias más, un poco menos nocivas, al menos para ellos, aunque no para el ambiente. En unos fuentones tiñen la ropa, el agua azul corre por una canaleta improvisada, rota, que va a un canal que desemboca en el mar Arábigo.

A los habitantes de Dharavi no les gustó la película Slumdog Millionaire -o Quién quiere ser millonario-. El protagonista, según el guión, vive en Dharavi, pero la película no se filmó ahí, armaron un escenario ficticio para hacerla. No les gustó porque muestra lo peor de su realidad. Y a partir eso nace Reality Tours, a partir de la idea de querer mostrar lo bueno, que trabajan duro cada día, que aunque contaminen y para un occidental sean sucios, se esfuerzan por mejorar.

Nanu no se jacta de la pobreza que muestra, él vivía ahí y es profesor de pintura de los chicos que van a su taller. Viste un jean y una camisa con el logo de Reality. Es sencillo. Se ríe, dice mucho la palabra friends y corre cortinas para mostrar la gente trabajando en un cuartito, una industria legal, haciendo camisas. También corre otras cortinas, con industrias ilegales detrás. Invita a subir una escalera y ver una panorámica de Dharavi, más allá algunos edificios grandes de Mumbai, y el mar.

"¿Quién adivina adónde vamos ahora, qué es lo más aventurero que hay en Dharavi?", dice Nanu en inglés indio, y mira a los turistas. Nadie se anima a arriesgar. "¿Nadie? Bueno, son los callejones".

Los lleva, entonces, y les advierte que miren hacia arriba, porque hay chapas que cortan, y también hacia abajo, porque hay baches llenos de agua, flojos. En la entrada de cada casa se asoman niños que les sonríen a los turistas que miran para arriba, para abajo, para adelante. Miran las ojotas en los escalones que llevan a casas sin puertas, miran cómo la gente se descalza para entrar a su hogar.

El paseo alternativo se interna en el gigantesco slum, con su población ecléctica en precarias condiciones
El paseo alternativo se interna en el gigantesco slum, con su población ecléctica en precarias condiciones. Foto: Reality Tours

Impacto positivo

Hay diez mujeres sentadas en el piso. Con un caño corto de metal estiran un bollito con especias en un plato en el piso. Hacen una tortilla muy finita y la ponen en una estructura como de mimbre, al sol. Después lo empaquetan y venden. El producto final se llama pappadom. "Es un negocio cómodo porque salen de su casa y trabajan todas juntas, y chusmean", cuenta Nanu en inglés. Se ríen mucho. Una de ellas, la líder, lo pelea a Nanu en marathi -un idioma que los turistas no entienden, un idioma que hablan 73 millones de personas- y le pregunta por qué explica sólo cuestiones relacionada a las tortillas y no dice nada sobre ellas. Quiere comunicarse con los turistas y que sepan de su vida, pero le molesta hacerlo con un intermediario. Ella no sabe inglés, y los turistas no distinguen el marathi del hindi, dos de los treinta idiomas oficiales de este país con 1200 millones de habitantes.

Hay una montaña de basura llena de moscas, mosquitos y más. Hay ocho nenes arriba, uno tiene un bate, otro una pelota. Juegan al cricket. A unos metros, uno de los siete baños del slum. Otros nenes están volviendo bien vestidos y prolijos de la escuela. Sus madres, algunas musulmanas, otras hindúes, otras quizás jainistas, sostienen sus mochilas de series infantiles de occidente en sus hombros.

Cada uno de los nenes que cruzan los turistas sonríen y les gritan: hi, hi. Les gusta ver gente rara. Les llama la atención ese otro color.

Cuando llegan al corazón del slum, a la sede de actividades de Reality Tours and Travel en Dharavi, Nanu agradece: "porque ustedes están acá es que nosotros podemos hacer todo esto".

Hasta ahora, la organización impactó positivamente en las vidas de cerca de 6 mil jóvenes locales. En las paredes hay fotos: niños haciendo yoga, niños aprendiendo computación, inglés, niñas jugando al fútbol, niños en la academia de cricket. El 80% de todas las ganancias de los tours -sacando los impuestos- van directo a la ONG de Reality, explica un cartel. Su lema: Vea la verdadera India.

Por limpia, una villa se convierte en la última gran atracción turística

MAWLYNNONG (EFE).- Un pueblo remoto del noreste de la India, uno de los países más contaminados del mundo, atrae diariamente a centenares de turistas, no porque cuente con importantes monumentos históricos ni una destacable cultura gastronómica, sino, simplemente, por estar limpio.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Delhi es la capital con el ambiente más sucio del mundo y 13 de las 20 ciudades más contaminadas se encuentran en la India, cuyo problema con la suciedad es tal que el primer ministro, Narendra Modi, ha tenido que poner en marcha una campaña nacional de limpieza masiva.

En contrapunto, el pueblo de Mawlynnong, con sus impolutos caminos, coloridos jardines y apenas un centenar de viviendas, está tan limpio que ha sido apodado como El Jardín del Mismo Dios, tal como indica el orgulloso cartel que da la bienvenida al lugar.

La explanada en la que se ubica la señal está desierta cuando el sol comienza a elevarse, el silencio roto únicamente por el murmullo ocasional de las mujeres que parten a trabajar el campo.

En cuestión de un par de horas, no obstante, el lugar estará abarrotado de autobuses, todoterrenos de compañías turísticas y puestos de papas fritas, bebidas y recuerdos.

Todos quieren ver con sus propios ojos la localidad que folletos turísticos y documentos gubernamentales describen como la aldea más limpia de Asia, título otorgado por la revista Discover India en 2003.

Paraíso improbable

La locura turística se desató apenas un año después del reconocimiento, con la construcción de la ruta que da acceso al pueblo, según explicó a EFE el guía Philip Carton Khongliang. "Antes nadie lo visitaba", afirmó el joven.

Sin embargo, el amor por la limpieza ya corría por las venas de los lugareños hace "tres o cuatro generaciones", cuando los mayores de Mawlynnong comenzaron a esforzarse en mantener sus casas limpias.

Los esfuerzos se extendieron más tarde a los alrededores y el pueblo acabó por convertirse en un lugar especialmente "respetuoso con el medioambiente".

Según una nota explicativa en la casa de huéspedes comunitaria que los vecinos han construido ante la creciente afluencia de visitantes, la transformación de la localidad en un lugar turístico se inició gracias al impulso de un modesto proyecto personal promovido por un profesor local y un clérigo.

La casa, gestionada por Khongliang, conforma, junto a un puñado de viviendas particulares, la oferta hotelera de este improbable paraíso turístico.

En los últimos dos años, el proceso de adaptación del pueblo a su nuevo estatus ha hecho que se pavimenten los caminos y que se incorporen tramos iluminados con energía solar al alumbrado público.

No obstante, los lugareños, que también reciclan religiosamente los desperdicios, no están dispuestos a comprometer la limpieza de sus tierras a causa del turismo.

Las normas son claras y han de ser respetadas, desde la regla básica que prohíbe estrictamente tirar basura hasta las más elaboradas que limitan el uso de las papeleras a cáscaras de frutas y envoltorios de pequeños refrigerios.

Normas claras

Todas ellas aparecen perfectamente enumeradas en un enorme cartel a la entrada del pueblo, en el que se advierte, además, que los infractores serán castigados con multas o entregados a la Policía en los casos más serios.

Khongliang dice que los vecinos actúan como una suerte de "policía moral", aconsejando a los turistas cómo mantener la limpieza, y asegura que sólo si "no prestan atención" se convoca una reunión del dorbar, el órgano de administración local, para decidir la multa.

Para evitar tentaciones, los caminos están plagados de tachos hechos con los mismos cestos de bambú que las tribus locales utilizan para transportar leña.

Pocas horas después de salir el sol, decenas de vehículos se amontonan en los alrededores y gran número de turistas pasean entre la casas de bambú y madera ensimismados con la limpieza del lugar.

Como si se tratase de un museo al aire libre, algunos se aventuran en los jardines para retratar las flores con sus cámaras de última generación. Los niños, impasibles ante la curiosa mirada de los visitantes, juegan a hacer rodar sus aros con un palo.

El gobernador de Meghalaya, estado al que pertenece Mawlynnong, escribió a Modi el pasado octubre para contarle la historia del insólito pueblo limpio. "Todo esto nos infunde confianza en que nuestro país se volverá limpio a través de los esfuerzos de los conciudadanos", aseveró entonces el primer ministro en su programa de radio mensual. ß Noemí Jabois

Datos útiles

Reality Tours and Travel: la excursión de dos horas y media a pie por las calles y callejones de Dharavi cuesta 4500 rupias indias, que equivalen a 1026.19 pesos argentinos. Para más información, visitar www.realitytoursandtravel.com y buscar la pestaña que dice Tours, de la que se desprende la opción Slum Tours. La mejor forma de contratar el paseo es online, por teléfono o por mail a info@realitytoursandtravel.com

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